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¿Piensan los medievalistas la historia que escriben?*

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

        El título del libro, editado por la Universidad de Extremadura, promete más de lo que aporta pero es valioso y necesario.

Se trata de las actas del I Encuentro Internacional de Jóvenes Medievalistas celebrado en Cáceres (octubre de 2012). Su temática reflexiva es, como sabemos, poco habitual entre historiadores, y menos de manera continuada y explícita, de ahí el mérito del libro y de su coordinador. Más todavía si tenemos en cuenta lo que Historia a Debate llamamos el “retorno del positivismo” entre los historiadores jóvenes, a lo que no es ajena la desafección de los historiadores mayores (no sólo en España) hacia la revolución historiográfica del siglo XX: fruto de reflexiones anti-positivistas sobre el método, la historiografía y la teoría, hoy es común oír entre colegas que esto “no sirve para nada”.

        La obra empieza bien, actualizando por parte de Luis Vicente Clemente, la vieja interdisciplinariedad entre historia y antropología (“etnografía”, dice) e historia y geografía (edafología, sistemas de información geográfica), siempre sobre una base empírica, como en el resto de las aportaciones al libro. Los trabajos más abstractos de tipo conceptual y filosóficos, despegados del oficio, no suelen ser eficaces para la orientación de nuestras investigaciones.

        El resto de los trabajos se concentran en aspectos terminológicos y técnico-metodológicos a menudo reproducción del capítulo correspondiente de la tesis doctoral, aporte de los nuevos historiadores de los años 70 todavía en vigor, lo que obliga al doctorando a pensar y dar a conocer el cómo y el porqué de lo que está haciendo o quiere hacer. Implica un esfuerzo importante para nuestros recién licenciados, toda vez que nuestros planes de estudios siguen centrados en resúmenes bibliográficos sobre cada asignatura, sin método o historia de la historia y menos teoría, y han desaparecido con el Plan Bolonia las asignaturas de metodología aplicada. Los trabajos fin de grado o máster están basados en acercamientos bibliográficos, más raramente son trabajos noveles de investigación.

        Debemos valorar positivamente por ello este libro colectivo de jóvenes medievalistas españoles, centrado especialmente en recursos digitales para el acceso a las fuentes, incluso programas en para su tratamiento.

        ¿Qué echamos en falta? Ante todo historiografía, ni siquiera está en el título del congreso, me refiero a una historiografía sobre el tema que se quiere investigar que vaya más allá de los estados de la cuestión y las recopilaciones bibliográficas, que no es poco. La verdad objetiva es que las posiciones historiográficas influyen poderosamente en la elección del objeto y los métodos de trabajo, desde el positivismo a los nuevos paradigmas.  Urge por tanto entender el oficio de historiador en este siglo global como una actividad intelectual plena, no sólo técnica y método, también crítica historiográfica y teoría (cuando se pueda o sea preciso), desoyendo los cantos de sirena de los que no ven la historia más que como una ciencia auxiliar y factual de las ciencias sociales. El futuro del medievalismo, y de la historia en general como disciplina, dependen de ello, de la posibilidad de generalizar entre los jóvenes colegas una historia pensante a la vez que concreta.

* Reseña del libro “Métodos y perspectivas de investigación en Historia Medieval” (Luis Vicente Clemente, coord., Cáceres, 2015), Hispania. Revista Española de historia, Madrid, vol. 78, nº 258,  2018, pp. 221-222 (http://hispania.revistas.csic.es/index.php/hispania/issue/view/57).