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Introducción Actas “Historia a Debate II”

Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela

 

Introducción*

 

 

                Del 14 al 18 de julio de 1999, con el patronazgo del Plan Xacobeo ‘99 de la Xunta de Galicia, tuvo lugar en Santiago de Compostela el II Congreso Internacional Historia a Debate, cuyas Actas tenemos ahora el honor de presentar.

 

                Decíamos en su inauguración que “este II Congreso consolida Historia a Debate como lugar de encuentro, discusión y consenso, experimentación,  de los historiadores del mundo”. Así ha sido. El alto nivel de convocatoria se deduce del hecho de que se trata de un macro-congreso académico que, aunque esperado, tuvo que ser organizado en sólo seis meses, principalmente a través de Internet, con sus ventajas y desventajas. Los folletos de convocatoria no se pudieron distribuir por correo postal hasta un mes antes del congreso, y llegaron incluso a algunos países después de su realización. Este circunstancia, de fuerza mayor, potenció la “selección natural” de los 150 ponentes -y de los 800 inscritos- de más de 40 países de los cinco continentes que viajaron a Compostela. Una parte importante de los cuales, naturalmente, formaba parte ya de la red Historia a Debate, y expusieron en Santiago temas sobre los que venían reflexionando desde hace tiempo.

 

                Decimos “selección natural” porque las cuestiones de metodología, historiografía y teoría de la historia que nos interesan, a las que hemos añadido esta vez temáticas  profesionales y de historia inmediata, interesan a una minoría  cualificada de historiadores, que se ha ampliando grandemente en los últimos años y se comunica de modo creciente a través de Internet, que, como todas las nuevas tecnologías, supone aprendizaje y hábitos siempre más fáciles para las generaciones más jóvenes. Por ello hemos decidido, de momento, seguir publicando las Actas en papel y no en formato digital. Cara al futuro hemos pensado, asimismo, reforzar al conexión entre debate historiográfico y trabajo de investigación empírica, entre emisores y receptores de la reflexión historiográfica. La progresión futura de la historia profesional hace necesario un esfuerzo por el mantenimiento de vínculos entre los diferentes tiempos, espacios y roles existentes en las comunidades de historiadores.

 

                Nuestra responsabilidad como Historia a Debate hacia el conjunto de la disciplina histórica es, hoy, si cabe mayor que cuando comenzamos nuestra andadura, en 1993, porque estamos en plena transición de paradigmas historiográficos, donde lo “viejo” y lo “nuevo” se mezclan de manera todavía confusa. Cambio inconcluso de paradigmas que ha hecho fracasar algunas propuestas y proyectos individuales, provocando un circunstancial “giro positivista” en bastantes colegas refugiados  -esperamos que de manera provisional- en las viejas y simples certezas de la historiografía del siglo XIX sobre el oficio de historiador, a la espera, pues, de que entremos en un nuevo período de “ciencia normal”.

 

                Historia a Debate no sólo ha sobrevivido al temporal de la “crisis” sino que se ha transformado en referencia inexcusable, única en su originalidad, para su superación. Las razones son varias. En primer lugar, por nuestro carácter de proyecto colectivo. Los problemas endógenos y exógenos que inciden en la “crisis de la historia” son de tal envergadura que no se pueden resolver individualmente, requieren un trabajo y un debate colectivos, donde se expongan las reflexiones personales con la mente abierta a las críticas y a las aportaciones del “otro”. Lo cual exige cierta continuidad y una orientación homogénea que los órganos rectores, siempre provisionales, de las instituciones académicas y “gremiales” tradicionales no pueden asegurar. Lo cual exige transcender las fronteras de la especialidad y de la nacionalidad, enfocar los esfuerzos hacia la construcción de nuevos y productivos consensos, y mantener el contacto con la mayoría de los colegas ofreciéndoles cauces de participación (la Encuesta Internacional “El estado de la historia” es, al respecto, nuestra iniciativa estrella). Creemos que nuestra apuesta, teórica y sobre todo práctica, en tiempos de individualismo historiográfico, académico y social, en favor de la recuperación del “espíritu de escuela” [1], marca un camino a seguir para la intervención historiográfica en el mundo global que viene.

 

                Las Actas contienen 79 ponencias distribuidas según el programa del Congreso[2], en tres volúmenes: “Cambio de siglo”, “Nuevos paradigmas” y “Problemas de historiografía”. Publicamos, además, repartidas en los tres tomos, las transcripciones[3] de las intervenciones orales habidas en las 19 mesas redondas, donde se reflejan de manera más directa y espontánea incluso que en los papers las inquietudes fin de siglo de historiadores de diferente generación, criterio y nacionalidad. Toda una instantánea, por consiguiente, del momento historiográfico, cultural y, en algunos casos, político. Hemos comprobado, una vez más, en los debates, como las diversas historiografías chocan entre sí porque son hijas de su tiempo y de la situación en sus países respectivos, que no es la misma en Estados Unidos que en China, en Europa que en América Latina. Contradicciones históricas e historiográficas que sólo se expresan en un ambiente de libertad, que nosotros queremos transformar, no sin dificultades, en tolerancia intelectual y humana hacia el colega que piensa diferente en temas sea historiográficos o de otra índole.

 

                No podemos publicar en formato libro, como es evidente, todos los textos generados por el II Congreso (ni podremos hacerlo en  futuras ediciones por la propia dimensión de los congresos HaD). Con todo, en el Libro de abstracts, distribuido durante el congreso (y que se puede consultar ahora en nuestra página Web), están los resúmenes de todas las ponencias y comunicaciones presentadas, y aceptadas, en las secciones temáticas y las mesas redondas. Más de 50 ponencias y comunicaciones, leídas o resumidas por relator durante el Congreso, muchas de ellas de calidad semejante a las presentadas hoy aquí, esperamos que puedan ver la luz más adelante. El criterio de la selección editorial fue -además de la calidad- la oportunidad y la representatividad, es decir, la adaptación de los textos a los epígrafes del congreso y el equilibrio entre las diferentes historiografías y posiciones. De manera que el lector académico resulte finalmente beneficiado con una visión lo más amplia y diversa posible de la reflexión y el debate historiográfico mundiales a las puertas del nuevo siglo.

 

                Estos tres volúmenes, junto con los seis tomos que editamos con motivo del Congreso de 1993, constituyen ya una buena enciclopedia de la evolución de la problemática historiográfica en la última y decisiva década del siglo XX. Sin hurtar la libre valoración individual de cada lector,  apuntamos algunos rasgos de las aportaciones al II Congreso: auge de los temas históricos e historiográficos vinculados a la globalización[4]; inquietud renovada por el compromiso ético del historiador con la sociedad; deslizamiento del debate del “giro lingüístico” -y demás temas posmodernos- hacia la reivindicación de la narratividad y de la ficción históricas; y la irrupción de las historiografías latinas en el debate global.

 

                Constatábamos ya, en 1996, en la introducción del libro de ponencias latinoamericanas del I Congreso, que “la vieja y mecánica relación centro/periferia ya no sirve para explicar la situación actual de la historiografía mundial (...) que todas las historiografías nacionales son, o pueden ser, centro y periferia”[5]. Y nos planteábamos como objetivo “pensar con la propia cabeza”, y favorecer “un mayor peso de las voces latinas en el concierto historiográfico internacional”, de lo cual Historia a Debate quiere ser causa y efecto, como se ha visto en el II Congreso, donde las aportaciones latinoamericanas han sido bien relevantes, especialmente en cuanto a la relación historiador/sociedad.

 

                Las Actas de Historia a Debate han sido, al menos en España, durante los últimos años, piedra de toque para considerar o no al día los proyectos docentes en oposiciones a plazas de profesores titulares de universidad en diferentes áreas de conocimiento histórico. Seis años después, estas nuevas Actas actualizan, a su vez, aquéllas, pero nosotros esperamos todavía más de ellas: que animen al lector, docente e investigador de la historia, a mantener de forma más permanente el interés por la metodología y la historiografía, base indispensable para  una buena investigación empírica y una enseñanza de la historia más vinculada en todos los niveles con la investigación, como se dice en las ponencias que publicamos en el apartado “¿Qué historia vamos a enseñar en el siglo XXI?”.

 

                La consolidación que este II Congreso supone para Historia a Debate implica ratificar, al menos por la parte de la historiografía española que nosotros representamos, algo que ya planteamos en noviembre de 1995: “Nuestra tesis es que la historiografía española está en buenas condiciones -objetivas- para jugar un papel en la síntesis tradición/innovación que va a caracterizar a la historiografía del siglo XXI, adquiriendo así un perfil internacional propio”[6]. Perfil internacional propio que vinculábamos al relevo generacional que también se ha manifestado en la mayor juventud de los ponentes del congreso de 1999, en comparación con el I Congreso, y que sin duda se reflejará más todavía en el III Congreso de 2004.

 

                En alguna de las 30 reseñas del II Congreso que ya se publicaron, o están en vías de publicación[7], en revistas de diferentes países se planteó el problema de las “estrellas” en los congresos académicos, concretamente en el II Congreso respecto del primero de 1993. La verdad es que vivimos una especial coyuntura historiográfica, de forma que muchos de los historiadores más conocidos e influyentes del siglo XX -de filiación annaliste, marxista o neopositivista- que sobreviven son ya de una edad avanzada que restringe sus viajes y participación en grandes debates, y no reconocemos todavía a quienes los han de sustituir, porque no está claro tampoco que paradigmas han de reemplazar a los que ellos representaban. La situación transitoria que vivimos historiográficamente conduce así a una curiosa fugacidad del liderazgo historiográfico, vinculado al eco de tal libro o al desempeño de tal cargo académico,  que se superara conforme se vaya clarificando el panorama historiográfico nacional e internacionalmente, y termine de alguna forma el cambio de paradigmas en curso. Mientras tanto, en Historia a Debate somos partidarios de impulsar el debate dando cabida a todas las voces que tengan algo que decir, con independencia del grado académico o edad, animando aquellos consensos capaces de buscar lo nuevo sin renunciar a lo mejor de nuestras tradiciones historiográficas.

 

                La preparación del II Congreso en Internet y, sobre todo, el poscongreso[8], están creando un nuevo escenario para nuestro desarrollo presente y futuro como red mundial de historiadores, como foro global de debate historiográfico. Nuestra página web (cerca de 30.000 visitas de historiadores en el primer año) y la lista de discusión por correo electrónico (donde “realmente se debate de historia”) formada por más de 840 historiadores de todos los continentes, están permitiendo una cotidianeidad, celeridad y continuidad de interrelación entre colegas de diferentes países y disciplinas históricas con inquietudes comunes, muchos de ellos participantes en los congresos y demás actividades de HaD de  los últimos años, que facilita grandemente la formación de consensos constituyendo una excepcional base para una “nueva historiografía”. La comunidad transnacional de Historia a Debate quiere aportar una contribución importante -también por precoz- a la historiografía global que viene. En el siglo XXI la comunidad historiográfica  internacional va a influir, sobre todo por la vía Internet, en grado anteriormente desconocido en las historiografías nacionales, relacionando más fácilmente al historiador individual con el mundo y creando condiciones para reflexiones y debates que transciendan las viejas especialidades y el individualismo académico.

 

                Paralelamente al congreso de julio de 1999 hemos realizado, mediante un canal de chat, el I Congreso Virtual HaD. Estamos convencidos que el III Congreso HaD, que tendrá lugar en julio de 2004, si las circunstancias lo permiten, tendrá un componente digital mayor, ya veremos en que medida, porque, en cualquier caso, somos de los que creemos que la nueva sociedad de la información no acabará con el libro. Para dejarlo claro aquí tienes, querido/a lector/a, estas Actas que te permitirán entrever por donde irá la escritura de la historia en el nuevo siglo.

 

 



* Esta publicación está realizada en el marco del proyecto de investigación “El cambio de paradigmas historiográficos” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Instituto Padre Sarmiento, Santiago de Compostela), financiado por la Xunta de Galicia (PGIDT99PXI40101B).

[1] Concluimos, después de la experiencia del I Congreso que  “el ‘espíritu de escuela’ historiográfica, tan específico del siglo XX, es, aquí y ahora, más necesario que nunca”, tesis 15 de “La historia que viene”, Historia a debate, I, Santiago, 1995, p. 115.

[2] La única variación respecto del programa es el apartado añadido  sobre  “Historiografía y narración” en el tomo III, temática que adquirió una especial relevancia en el desarrollo del Congreso.

[3] Parte de las cuales no han sido revisadas por los autores, bien por no considerarlo nosotros necesario bien porque los participantes no devolvieron los textos corregidos.

[4] Véase, asimismo, en www.h-debate.com el debate poscongresual sobre World History/Global History.

[5] Un buen ejemplo es, asimismo, la historiografía poscolonial, nacida de los “estudios subalternos” en la India, una de las novedades de HaD II.

[6] Carlos BARROS, “La historia que queremos”, Revista de Historia “Jerónimo Zurita”, nº 71, 1995, pp. 309-345  (Conferencia de clausura de las Jornadas “La historia en el horizonte del año 2000: compromisos y realidades”).

[7] Las reseñas  se pueden consultar asimismo en www.h-debate.com, junto con otras informaciones del II Congreso, que no se publican en estos libros de Actas, como la transcripción de las conversaciones habidas en el  chat del congreso, una selección de fotografías o el dossier de prensa.

[8] Reproducimos al comienzo del Tomo I, “¿Qué es HaD?” y otros breves textos elaborados para HaD digital.