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Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de julio de 2004)*

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

 

Buenas noches, quiero comenzar saludando vuestra presencia aquí, así como a los que van a escuchar esta conferencia a través de la red, y agradecer a Carlos Pereira, colega y comisario del V Premio Manuel Murguía, y por extensión a la Diputación de A Coruña, cuya invitación me “obligó” a poner negro sobre blanco unas primeras reflexiones sobre el encuentro internacional de historiadores que hemos celebrado en Compostela hace cuatro meses.

 

El comisario puso acertadamente el título de esta conferencia en plural: “Conclusións do III Congreso Internacional Historia a Debate”. Cuadra bien con la tradición de pluralismo y discusión de HaD, ya que la posible “conclusión” poscongresual ni es “una” ni “única”. Cada uno de los que siguieron el congreso presencial o digitalmente tendrá con seguridad sus miradas y matices, sus acuerdos y discrepancias que aportar. Los debates y reflexiones sobre el III Congreso, incluyendo estas notas a vuela pluma, permanecerán abiertas, como es habitual en HaD.

 

Congreso diferente

 

Vamos a hablar, pues, de los primeros frutos del III Congreso desde el punto de vista de su coordinador. Insisto en el carácter provisional de estos apuntes, por dos razones: a) consideramos más el congreso-acontecimiento que el congreso-actas; b) nos concedemos a nosotros mismos la libertad de variar, modular o completar estas conclusiones después de una (re) lectura detallada de las 120 ponencias y de las trascripciones de las mesas redondas, materiales cuya publicación está prevista este año de 2005, así como de las reseñas que están publicando los congresistas más dinámicos. Habrá probablemente unas segundas conclusiones menos “impresionistas”, si bien asimismo inacabadas y abiertas a nuevas lecturas como parte del proceso de reconstrucción historiográfica en el que estamos empeñados.

 

Debemos informar primero, para quien aún no lo sepa, que cada Año Santo y jubilar celebramos en Santiago de Compostela, desde el primer Xacobeo de 1993, una especie de peregrinación mundial de historiadores para debatir y reflexionar sobre el estado de nuestra disciplina. En esta tercera edición colaboraron 430 entidades de más de treinta países: se multiplicó por 10 la lista de colaboraciones académicas que tuvimos en el I  Congreso. Participaron en esta tercera edición unos 150 ponentes de los cinco continentes. Durante 5 días y 3 sesiones simultáneas, se desarrollaron las labores de 13 secciones temáticas y 17 mesas redondas. Un tercio aproximado del congreso, las cuatro conferencias plenarias y una amplia selección de las ponencias y mesas redondas de mayor interés público (elemento diferenciador respecto del congreso-actas), fue transmitido en directo a través de nuestra página Web (www.h-debate.com), desde el Auditorio de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Santiago de Compostela, gracias al Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), creado por la Xunta, el CSIC y las universidades gallegas, que dispone como es sabido uno de los principales ordenadores europeos para estos servicios de comunicación que combinan multimedia e  Internet. Unos mil profesores e investigadores de historia siguieron así, en tiempo real, las diferentes intervenciones en español, inglés y francés[1]. Hasta donde nosotros sabemos es la primera vez que se transmite en directo a todo el mundo un congreso de historiadores por Internet. Somos conscientes del salto cualitativo que esto supone en el uso académico de las nuevas tecnologías de comunicación, hasta el presente restringido a videoconferencias puntuales. Es un gran paso adelante para la nueva historiografía digital y global que estamos construyendo desde el espacio académico latino. Y es un buen ejemplo de la historia para otras ciencias humanas y sociales,  si hacemos caso de lo que nos dicen los colegas de HaD que están a caballo entre la historia y la filosofía, la sociología, la politología, el derecho, la antropología, la geografía, la teoría literaria, etc.

 

Los congresos de Historia a Debate son internacionalmente únicos en la temática de metodología histórica, historiografía, teoría de la historia, historia y sociedad, problemas laborales y profesionales de los historiadores, historia inmediata[2]... Felizmente cada cinco años se celebran paralelamente congresos de ámbito asimismo mundial organizados por el Comité Internacional de Ciencias Históricas (nacido en 1926, vincula institucionalmente a unos 2.000 o 3000 historiadores, más o menos como HaD). Si bien responden a un enfoque más tradicional, en el sentido de más empírico y menos reflexivo, y  desde luego más heterogéneo, reflejo de la atomización en auge de la disciplina, agravada por una estructura de comisiones nacionales que multiplican las proposiciones de temas especializados pese a las intenciones homogeneizadoras de las últimas directivas. Los órganos de dirección del CICH se renuevan cada congreso, dificultándose objetivamente una orientación de conjunto, global. El factor diferencial de la red temática Historia a Debate, respecto de esta y otras iniciativas y organizaciones de historiadores, reside en que su rumbo está vinculado, desde sus orígenes, a un proyecto de investigación y reconstrucción de la historiografía actual. Por lo demás, los temas metodológicos, historiográficos, teóricos, profesionales o de historia inmediata raramente se abordan en los  congresos del CISH-ISCH[3], que vienen celebrándose un año después de nuestros encuentros en Compostela, de factura más reciente y con una temática y orientación en todo caso complementarios.

 

Las diferencias de este congreso con los que lo precedieron residen en que hoy sabemos más de la enredada tesitura de la historiografía internacional. HaD tiene ahora mayor poder de interpretación y convocatoria académica al disponer de herramientas más ajustadas, inéditas, organizadas a partir del II Congreso, para articular globalmente el debate y el consenso de los historiadores:

 

1) La Encuesta Internacional “El estado de la historia”, dirigida entre 1999 y 2001 a 50.000 historiadores y profesores de historia de todo el mundo[4], cuyos resultados –colgados de la web en 2002- nos informan de que nuestras inquietudes  historiográficas eran y son compartidas por una amplia franja internacional de historiadores, confirmando así que lo que puede representar hoy en día HaD está en armonía, en su intención y contenidos, con los sectores más avanzados y jóvenes -en beneficio de nuestra continuidad futura- de nuestra disciplina en Europa y América, de los cuales se viene nutriendo nuestro proyecto desde 1993.

 

2) En los anteriores congresos no existía HaD como “comunidad académica de nuevo tipo”, fue creada en Internet de 1999 en adelante mediante dos listas de correo electrónico (HaD y HI), que vinculan diariamente a más de 3.000 colegas, y una página web trilingüe (español, francés e inglés) que recibió en estos primeros cinco años más de un millón de visitas de historiadores, profesores y estudiantes de historia. Cantidad considerable si tenemos en cuenta que los historiadores profesionales interesados por los debates y las reflexiones sobre el oficio somos una amplia minoría, si bien cualitativamente decisiva en esta temática. Es difícil hoy que cualquier colega que tenga alguna inquietud sobre el método, la historiografía y la teoría de la historia, dentro y fuera del ámbito latino, no esté conectado con nuestra red historiográfica o no haya mantenido en algún momento relación con nosotros.

 

3) En tercer lugar está la explicitación colectiva de nuestra propuesta historiográfica a partir del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate, que salió a la luz justamente el 11 de Septiembre de 2001, con 18 proposiciones para la escritura de la historia en este siglo, firmado hasta marzo de 2005 por 390 profesores e investigadores de historia de 34 países. Estamos a la espera de la selección, trascripción y publicación de las Actas del III Congreso para hacer una revisión y actualización de este Manifiesto académico global, cuyo texto actual fue redactado hace ya más de tres años. La disposición de una plataforma historiográfica común ha contribuido altamente a evitar que el temario de nuestro último encuentro adoleciese de la super especialización  y dispersión habitual en casi todos los congresos de historia o historiografía que están teniendo lugar en estos tiempos paradójicos y transitorios.

 

Diez conclusiones

 

Hablaremos de aquellos avances, problemas y enseñanzas más significativos del congreso de julio de 2004, sabiendo como sabemos, por las experiencias anteriores, que los Congresos Internacionales de HaD son un excelente barómetro para medir la coyuntura historiográfica internacional en un contexto si cabe más “académico” que los debates cotidianos en la red -a menudo irreverentes-, en un contexto más europeo y a la vez más americano, superar en buena media el viejo eurocentrismo, si bien somos conscientes de la todavía poca representación de otros continentes.

 

El carácter abierto de nuestros congresos[5] viene produciendo, en lo tocante a espontaneidad y representatividad, un resultado que sorprende desde el mismo momento de hacer las consultas previas sobre la temática congresual, en esta ocasión a un elevado número de colegas por la existencia de nuestra comunidad / red internacional, lo que nos lleva directamente a la primera de nuestras conclusiones.

 

I.- La rampante fragmentación de la historia que se escribe. En flagrante  contradicción con la globalización histórica e historiográfica que estamos viviendo, observamos con cierta inquietud que -desde 1993- no dejó de crecer el número de especialidades y micro especialidades académicas, temáticas y cronológicas[6], por efecto –negativo- del fracaso de la “historia total” y la proliferación de las viejas, nuevas y novísimas “formas” de historia, lo que nos llevó a un gran vacío historiográfico de comunicación y proposiciones que explica, por otro lado, el éxito de HaD. La paralela y fulgurante expansión de HaD como red global, y de otras iniciativas historiográficas de vocación asimismo transversal, es el síntoma y la consecuencia más clara de los excesos de la fragmentación. A estas alturas tenemos ya claro que la hiper especialización es el mayor problema que tenemos que afrontar los historiadores en este nuevo siglo, al  tiempo que la mayor oportunidad para construir alternativas historiográficas realmente nuevas (no de hace 20, 30 o 50 años), cuyo grado de innovación es directamente proporcional a su contribución a la resolución práctica del grave problema de la atomización de la historia que se escribe.

 

La globalización y la fragmentación van tan juntas en esta transición historiográfica e histórica que, estando HaD en el primero de los casos, no dejó de extrañarnos[7] el número de suscritos de nuestra red temática - comprendidos algunos firmantes del Manifiesto- que demandaron en el proceso preparatorio del III Congreso, la “inclusión” de “ su” tema, interés o especialidad en el programa[8], que respondió finalmente como es habitual en HaD -más aún en esta fase de maduración como tendencia-, a una temática global, general y transversal. La óptima  respuesta obtenida[9] desde diversos países, continentes y especialidades, tocante a la globalidad, novedad y calidad de las contribuciones, la participación física y el seguimiento por videoconferencia, contribuyeron a una generalizada percepción de éxito[10], incluso superior al que tuvimos en el I Congreso de 1993, beneficiado por ser el primero, la falta de precedentes[11], y la presencia -en aquel momento más viable- de “grandes figuras”[12] de Annales y Past and Present[13]. Vistas las dificultades, el hecho de haber conseguido en 2004 en Compostela una respuesta  tan global e innovadora, a contrapelo de la inercia académica individualista, abre un camino de esperanza en el proceso emprendido, individual y colectivamente, de recomposición paradigmática desde un  ámbito académico latino.

 

El buen resultado del III Congreso alcanza toda su estatura si tomamos en consideración las crecientes dificultades que suele tener un historiador profesional, aunque lo desee, para participar como ponente en los congresos internacionales de HaD. Desde el I Congreso se excluyen las ponencias puramente empíricas, independientemente de su calidad, teniendo que versar las propuestas sobre el método, la historia de la historia, la teoría, el oficio... Desde el II Congreso añadimos otra condición: no repetir temas y enfoques ya tratados en los anteriores congresos de HaD, con el fin de recoger las verdaderas novedades de congreso a congreso. Finalmente, desde el III Congreso, junto con lo anterior, nos autoexigimos trascender definitivamente las puras especializaciones históricas o historiográficas, interviniendo claro está desde éstas en las temáticas y enfoques  generales que nos son propias. Al imponernos de este modo una dinámica permanente de renovación, reclamada por la inacabada transición historiográfica que estamos a vivir, sólo algunos colegas están condiciones de seguirnos, lo comprendemos. De ahí que, no por esperada, fuese menor la (otra) sorpresa de encontrarnos en Compostela con tantos historiadores jóvenes, y menos jóvenes, dispuestos a retomar la innovación historiográfica desde una óptica global, a seguir tirando del carro renovador tres décadas después de la hoy sólo aparentemente agotada “revolución historiográfica del siglo XX”.

 

En HaD la inmensa mayoría somos historiadores que hacemos trabajo empírico, frecuentamos una o varias líneas de investigación, pertenecemos a áreas académicas cronológicas o temáticas (Historia Medieval, en mi caso, según ya se dijo en la presentación), participamos en los típicos seminarios y congresos especializados..., pero convergemos y nos relacionamos para estudiar y debatir asuntos actuales de metodología, historiografía, teoría, relación historia / sociedad, historia inmediata y otros relativos al oficio de historiador y la escritura de la historia. Estamos empeñados, pues, desde hace una década, en perseguir juntos lo nuevo, sin verdades preestablecidas,  a fin de no retroceder, reestructurando a tal fin en lo que sea preciso los paradigmas heredados de la vieja, nueva y novísima historia, por lo cual no tiene ningún sentido –ni compensa a los organizadores el esfuerzo- vernos físicamente cada 5 o 6 años para solamente hacer currículo o repetir lo dicho anteriormente[14], ignorando incluso los avances diarios en los debates y en las reflexiones en nuestra red. Hubiese sido un gran paso atrás para la globalización historiográfica que nosotros representamos “adaptarnos” a la inercia y fragmentación académicas reinantes, los logros obtenidos en el III Congreso en la reconstrucción historiográfica habrán de progresar los años venideros  para hacer del IV Congreso (2010) un nuevo hito historiográfico, qué Clío nos asista y venga pronto “la ciencia normal”.

 

II.- La segunda reflexión se refiere por lo tanto, a los avances en la reconstrucción de la alternativa historiográfica, que analizaremos más concretamente en los otros puntos, y posteriormente cuando revisitemos, después de las actas, el Manifiesto-plataforma de 2001. Decir de entrada que, con diferencia respecto de las ediciones anteriores, el temario del congreso tuvo como guía un programa global más acabado de investigación e intervención historiográficas (no es otra la clave del “éxito”). De modo que las aportaciones recibidas sirven directa y/o indirectamente, desde el acuerdo o la discrepancia[15], a nuestra intención de reconstrucción paradigmática. Directamente, contribuyen a ello aquellas ponencias que respondieron en una medida muy apreciable –para ser la primera vez- a nuestra “convocatoria específica” destinada a desarrollar las 18 proposiciones historiográficas del Manifiesto de HaD e investigar la propia experiencia de HaD entre 1993 y 2004 como comunidad académica, red temática y movimiento historiográfico. Indirectamente, no aportan menos el resto de textos e intervenciones orales en los diferentes apartados de un programa consecuencia de una estrategia orientada a recoger novedades para avanzar en la reconstrucción plural del consenso historiográfico en el siglo XXI.

 

III.- Una parte importante de esta reconstrucción alternativa son los adelantos conseguidos en la definición y práctica variada de una nueva historia global. Cada vez se habla más, y se empieza a practicar, desde lugares y posiciones diversas pero convergentes[16], una “nueva historia global”. Urgido por la globalización, el concepto de “historia total” del materialismo histórico, asumido por Annales y otras corrientes renovadoras en los años 60 y 70, sigue vigente justamente porque está sin hacer, a causa de sus fracasos en los ámbitos metodológico, historiográfico y epistemológico, y de sus incapacidades para evitar, o cuando menos frenar, la intensa fragmentación disciplinar habida en las décadas finales del siglo XX[17]. La vieja “historia total” es hoy una asignatura pendiente para cualquiera que pretenda individual o colectivamente renovar la historia que se escribe. En el congreso de julio de 2004 hicimos el esfuerzo de recoger las nuevas iniciativas que tratan de investigar, y ofrecer al público lector, enfoques globales de los hechos pasados en lugar de fragmentos de historia especializada. Son tres las vías historiográficas  -complementarias- que recientemente vienen reclamando la denominación de “nueva historia global”[18] :

 

A) La historia mixta como historia global, entendida como desarrollo del punto V del Manifiesto de HaD “contra la fragmentación” de la historia. La historia mixta fue uno de los temas de congreso, implica mezcla de temas, fuentes, métodos, líneas de investigación y especializaciones académicas[19], habrá que valorar críticamente hasta que punto se logran con las ponencias aproximaciones históricas globales. Porque no se trata tanto de una convergencia casual o circunstancial en un trabajo especializado o “concreto” como de una nueva estrategia de investigación que, desde la hipótesis hasta la conclusión, procure explícitamente un resultado integral, no parcial, que rebasando las especializaciones combine empírica y teóricamente sujetos, objetos, enfoques...

 

B) La historia mundial como historia global. Lejanamente germinada en la Norteamérica de los años 70, aparcada durante años, fue resucitada y desarrollada como propuesta de investigación entre los historiadores del ámbito angloamericano durante los años 90 al calor de la globalización. Esta línea de investigación estuvo hasta hoy[20] prácticamente ajena a la historiografía española y latina. La incluimos en el III Congreso porque pensamos de la World History que es una novedad historiográfica que va con los tiempos que vivimos y que, llevada hasta sus últimas consecuencias, puede ayudar a definir el nuevo paradigma historiográfico. Esperamos que la importante y diversa representación que tuvo la “historia mundial como historia global” en el Congreso contribuirá a dotarla de una dimensión más teórica y global, más europea y latina. Hay que incitar, pues, a historiadores españoles, latinos y europeos a llevar a cabo investigaciones y reflexiones históricas de ámbito más internacional, siguiendo el propio ejemplo de HaD en el campo de las investigaciones y reflexiones historiográficas. Nuestra experiencia y propuesta como “historiografía mundial” habrá de servir para que esta reciente historia mundial-global de base más bien empírica, definida por un ámbito espacio-temporal más que teórico, no termine reducida a un episodio más de los “retornos”, a un cambio de etiqueta “útil” para resucitar la historia positivista y descriptivista de siempre, las viejas “historia de las civilizaciones” e “historia universal”. El “peligro” que le vemos por lo tanto a esta joven “historia mundial”, compartido con otras novísimas historias, es su desvinculación con el cambio global de paradigmas en el que estamos insertos, pudiendo quedar como un género historiográfico si renuncia a una influencia teórica (bilateral) sobre el conjunto de la comunidad internacional de historiadores, limitando  su futuro como línea de investigación. Para HaD como tendencia está claro que es menester cambiar de base los conceptos de historia e historiografía heredados, para pasar efectivamente de la historia nacional del positivismo (hoy, en pleno retorno), o de la historia regional de los “nuevos historiadores” (con incursiones macro regionales), a una historia de ámbito mundial[21].

 

C) La tercera variante de estas historias globales emergentes está siendo, evidentemente, la historia digital como historia global. Ha nacido una nueva sociabilidad académica aplicada a la historia por efecto directo y transversal de la globalización de las comunicaciones sobre las viejas comunidades de historiadores. El ejemplo de Historia a Debate 1999-2005 es, a este respecto, hasta ahora único en la historiografía internacional. Nuestra perspectiva en los próximos años es llevar este revolucionario y consolidado ámbito mundial de relación académica de la historiografía a la historia, de la reflexión a lo empírico, animando “grupos internacionales de investigación en red” alrededor de enfoques de investigación histórica e historiográfica que nos permitan seguir avanzando en la definición, y puesta en práctica, de una escritura de la historia adecuada al siglo  de la globalización, sin abandonar en ningún momento el debate y el consenso sobre el método y la teoría como orientación fundamental de nuestra acción historiográfica[22].

 

IV.- La cuarta conclusión que sacaríamos es la consolidación de lo que venimos llamando Historia Inmediata: en su origen, un espacio historiográfico de debate sobre hechos actuales, con una significativa intervención latinoamericana, nacido en nuestra red digital en enero de 2000. La Historia Inmediata de HaD supone historiográficamente la culminación de un lento y difícil proceso de incorporación del tiempo presente al ámbito de trabajo de los historiadores. Iniciado en los años 70 en Francia -al margen de la escuela de Annales- en el Institut d´Histoire du Temp Présent, no había logrado hasta ahora  hacer honor a su nombre puesto que no rebasaban en sus investigaciones y reflexiones los hechos acontecidos hace 50, 30 o 25 años: la II Guerra Mundial, la resistencia, la guerra de Argelia (franquismo y transición en la versión española)[23]. En el congreso de julio la Historia Inmediata de HaD inicia el tránsito de los debates diarios entre historiadores sobre cuestiones de actualidad (lista HI), a ponencias con reflexiones y resultados de investigaciones históricas-historiográficas sobre la realidad inmediata, esto es lo verdaderamente presente, actual, contemporáneo, coetáneo.

 

La condición sine qua non para entrar en esta segunda fase de la HI de HaD  es la consolidación de HI como espacio de discusión en HaD, por lo que supone de cambio de chip, tarea nada sencilla que nos ocupó durante cinco años por lo “encendido” de algunas polémicas que casi nos hicieron fracasar[24]. Uno de los últimos temas propuestos a discusión fue, por ejemplo, la conferencia de José María Aznar en Georgetown donde relacionó la llamada Reconquista española con Bin Laden, el terrorismo internacional y el “choque de civilizaciones”, donde las intervenciones se mantuvieron formalmente bastantes correctas. Es fundamental que los profesionales de la investigación y de la enseñanza de la historia discutan –entre sí, pero también con otros investigadores, profesores, políticos o aficionados a la historia- sobre cuestiones del presente de relevancia histórica o historiográfica, o bien sobre cuestiones histórico–historiográficas de relevancia actual, sin renunciar a priori ni al rigor histórico –opinable como bien sabemos- ni a sus posiciones personales, historiográficas y/o ideológicas. Inauguramos pues una ruta nada frecuentada en nuestro  medio académico para conocer y valorar en tiempo real, las conexiones entre historiografía y sociedad, a la vez que se abre una importante vía para  aportar abiertamente –se suele hacer a escondidas- nuestros conocimientos históricos a la resolución de los problemas de hoy. Queda, con todo, bastante camino por andar si queremos incluir en verdad lo inmediato en el campo académico de los historiadores, independientemente de su especialización, puesto que todos estamos suficientemente formados, cualquiera que sea nuestra especialización cronológica o temática, para investigar históricamente el tiempo que vivimos.

 

Tenemos en HaD por costumbre plantear el problema epistemológico de forma inquisitiva: ¿Es posible una Historia Inmediata? ¿Es posible tratar con un mínimo de rigor histórico acontecimientos actuales? El historiador venezolano José Luis Monzant nos emplazaba pública y personalmente en el Auditorio de la Facultad de Periodismo de la USC a sustituir desde ya en HaD la interrogación por un enunciado positivo. Estaríamos de acuerdo, desde luego, en lo tocante al ámbito de debate digital conseguido –hecho de opiniones más o menos basadas en la historia, pero siempre académicamente significativas por el perfil académico y profesional de la gran mayoría de sus protagonistas- a través de mensajes cortos, lo que no es poca cosa, pero si hablamos de investigaciones históricas más profundas sobre hechos actuales deberíamos reconocer que estamos colectivamente en los comienzos, incluso valorando el paso que acabamos de dar en el III Congreso. El 26% de del programa de julio pasado se refiere a cuestiones de actualidad por vez primera en nuestros congresos; la novedad es todavía  mayor si comparamos con los típicos congresos especializados, incluidos muchos  congresos de historia presente o actual. Ciertamente el 74% restante del Congreso se corresponde con ponencias y mesas redondas sobre metodología, historiografía y teoría de interés más general, donde participan colegas de historia antigua, medieval, moderna, contemporánea, colonial, independencia, etc. No es mala proporción, el historiador de oficio ha de seguir desde luego concentrando sus esfuerzos en el pasado–pasado, si no fuese así caeríamos como HaD en la hiper especialización que tanto criticamos, y poco podríamos añadir además a la comprensión histórica de lo actual, a la interpretación de las relaciones pasado–presente y pasado–futuro.

 

Lo más destacado de las jornadas de julio para los medios de comunicación social fue el Congreso– Acontecimiento (que en HaD solemos diferenciar del Congreso-Actas): las secciones o mesas dedicadas al  11S y el 11M, a la globalización y la relación Oriente–Occidente, a la democracia y los derechos humanos..., temas de hoy enfocados desde el punto de vista histórico e historiográfico. Escogimos incluso, según este criterio de actualidad, una gran parte de las conferencias, ponencias y mesas redondas que se transmitieron en directo del congreso a través de Internet. Tanto acertamos que se generaron demasiadas expectativas: los medios nos pedían claves urgentes no solo históricas para entender estos hitos del presente, sino también políticas, económicas, filosóficas o sociológicas. Nos dimos cuenta que no solo faltan congresos de historiadores –en España pero también fuera de España- para analizar en tiempo real el acelerado acontecer histórico que estamos viviendo, se deja notar incluso más la ausencia de actividades ambiciosas –si bien posibles y necesarias- de otras ciencias humanas con mayor “competencia” sobre el presente, lo que coloca a los historiadores de HaD, en este y en otros aspectos, en la vanguardia mundial de las humanidades y las ciencias sociales en cuanto a actualización de nuestros fines y nuestros medios.

 

Considero, en resumen,  que estamos en el camino de demostrar palmariamente (los neorankeanos y posmodernos que no quieren ser “convencidos” jamás serán “convencidos”, claro está) que se pueden estudiar los hechos más recientes con el mismo grado de rigor, honestidad y pluralidad que los hechos del pasado remoto, contribuyendo a desmentir así el mito positivista[25] que “asegura” que es preciso que pasen 50 años para que podamos analizar con “imparcialidad” un hecho histórico. Tenemos en España, por desgracia, un claro ejemplo en contrario con la guerra civil que aconteció hace más de cincuenta años, y con otros hechos aún más lejanos de la historia de España –o de la historia de las nacionalidades y regiones- todavía  fuertemente polémicos. En cambio, hay acontecimientos próximos que no suscitan por su naturaleza semejante polarización o pluralidad de enfoques e interpretaciones, entre los historiadores y en la opinión pública, una cosa viene con la otra como sabemos.

 

V.- Nuestra quinta conclusión habla de la creciente aceptación en el ámbito académico internacional del liderazgo latino que HaD representa, después de una década, en los debates y propuestas sobre cuestiones actuales de metodología, historiografía, teoría de la historia, relación historia–sociedad, etc. En la tercera edición de nuestro congreso hubo un incremento cuantitativo y cualitativo[26] del número de ponentes de habla no hispana, especialmente llegados de otros países europeos, y en menor medida de otros continentes, salvo el caso de América del Norte y América del Sur. La traducción simultánea español–inglés–francés nos ha permitido organizar debates comunes de mucho interés, igual o mejor que en los anteriores congresos, cuestión esta del multilingüismo menos fácil de resolver en las listas digitales[27].

 

Una clara demostración del presente “poder de convocatoria” de nuestra iniciativa historiográfica, española y latina, en la América anglosajona, más allá de nuestras habituales relaciones con académicos hispanos de las universidades norteamericanas, es la recepción que está teniendo allí –y por extensión en el  ámbito académico anglófono vía EE. UU.- la edición en inglés de una selección de ponencias del II Congreso de 1999, por parte de la editorial The Haworth Press de Nueva York con el título History under Debate. International Reflection on the Discipline[28], cuya salida a la luz hicimos coincidir con la realización del III Congreso. Las reseñas de historiadores estadounidenses, o de habla inglesa próximos a la historiografía norteamericana, solicitadas por la casa editorial fueron unánimes al evaluar History under Debate como un libro important, stimulating and highly provocative, valuable and revealing…También para nosotros los autores es “importante”, “estimulante”, “altamente provocativo”, “valioso” y ante todo “revelador” que en la historiografía norteamericana haya sectores que acepten que se puede “aprender” algo[29] de una iniciativa académica que viene de Galicia, de España, del mundo académico latino[30].

 

La globalización historiográfica está favoreciendo dos novedades interrelacionadas, minoritarias pero preñadas de futuro: 1) una historiografía norteamericana abierta y plural dispuesta a cierto bilateralismo en sus relaciones internacionales, con todo el valor que esto tiene hoy en día visto el lugar prominente de los Estados Unidos en la historia inmediata; 2) la ruptura de la tradicional dependencia de las historiografías españolas y latinas -digamos de sus sectores más dinámicos y creativos- respecto de las historiografías de aquellos países que se suponen teórica, política y económicamente más “potentes”. En la historiografía española la novedad siempre estuvo relacionada con lo que venía de “fuera”, a veces con razón (auténticas innovaciones), otras sin ella (esnobismo académico), cuando no las dos cosas a la vez. La situación está cambiando de raíz: desde hace una década -o más- los antiguos focos dejaron de irradiar novedades, y por otro lado los tiempos revueltos de la globalización hacen posibles y necesarias relaciones internacionales menos desiguales, por supuesto más sencillas de implementar en lo académico que en otros ámbitos más cercanos al poder político y económico[31].

 

VI.- El III Congreso Internacional de HaD viene a confirmar, pues, el dinamismo y la autonomía de la historiografía española en la última década. No lo decimos solo por Historia a Debate, foro y movimiento historiográfico nacido en 1993, surgieron después otras dos importantes iniciativas españolas sobre la escritura de la historia que apuntan en la misma dirección, cuyos representantes más cualificados fueron invitados, lógicamente, al macro congreso de julio en Compostela[32]. Nos referimos a los promotores y practicantes –desde 1996, sobre todo- de la “idea histórica de España”, y a los promotores y practicantes –desde 2000- de la “recuperación de la memoria histórica”. En resumen, tres proyectos historiográficos tan distintos como complementarios en contenidos, intereses, medios de comunicación y dimensiones. Desde esta sana  diversidad, antitética en algunos aspectos, las tres iniciativas en marcha comparten elementos muy nuevos en el panorama historiográfico español, incluso internacional: a) desbordan la dimensión de un mero equipo o grupo de investigación o historiográfico, constituyendo corrientes historiográficas en las cuales participan, en diversa medida, historiadores e historiadoras de áreas y especialidades asimismo diferentes, conformando objetivamente auténticas “tendencias historiográficas actuales” (con peculiaridades en el caso de la RMH en cuanto a participación de agentes sociales); b) responden a acciones académicas españolas –o latinas de origen español- con perfiles propios, auto centradas, no miméticas, aunque conectadas con tendencias larvadas –organizada en el caso de HaD- en el panorama historiográfico mundial; c) configuran tres formas diferentes de recuperación y actualización de la vieja pero vigente aspiración al compromiso ético, social y político de los  historiadores con su tiempo (precisaremos esto más adelante), a través de una investigación participativa que está posibilitando saltar de una memoria pasiva, objeto lejano de estudio, a una memoria activa, actual, coadyuvando a acreditar así la utilidad cultural, social y política de la investigación histórica e historiográfica.

 

VII.- En el III Congreso se hizo bien visible, por consiguiente, algo que ya había asomado en el II Congreso, para desconcierto de algunos: el retorno del compromiso historiográfico, si bien con nuevos modos, lo que tal vez no estaba claro en 1999. Cuando se habla, para bien o para mal, de “compromiso” se tiene en mente el concepto y la experiencia militantes vividos en los años 60 y 70. El caso es que la historia y la historiografía cambiaron enormemente en estos últimos 30 o 40 años, habiendo abandonado la gran mayoría de los historiadores de aquella generación las “absorbentes” militancias historiográficas y políticas (con la historia, cambiaron las formas de hacer política). Es por ello que el compromiso de los historiadores resurge hoy con rasgos nuevos que conviene identificar:

 

A) El nuevo compromiso del historiador tiende a realizarse desde la profesión -incluso entre los historiadores más politizados- sea con las instituciones, sea con la sociedad civil, o en ambas direcciones. La separación esquizofrénica –por irreal e inútil- entre prácticas historiográficas e inquietudes extra académicas, que siguió a la crisis en los nuevos historiadores, está siendo reemplazada[33] por nuevas formas de hacer historia que muestran palmariamente la compatibilidad (diversa) entre el rigor profesional y la utilidad pública de la historia investigada y enseñada.

 

B) El compromiso que se impone hoy entre los historiadores más avanzados deviene democrático, pluralista, tolerante con el “otro” historiográfico, más interesado en “convencer” que en “vencer”, en contraste con el compromiso a menudo sectario heredado de las tendencias historiográficas y políticas del pasado siglo “de los extremos”. Es de la mayor importancia para el presente y el futuro de la historia como disciplina empeñada en la reconstrucción de sus paradigmas compartidos, que se acepte de forma natural el debate y el  consenso, la legítima multiplicidad de enfoques historiográficos e ideológicos, sin renuncia a la propia posición, individual o colectiva, por regla general desvinculada de la disciplina “blindada” con tendencia historiográfica u opción política. Hablamos desde nuestra propia experiencia como red temática “especializada” en el debate y en la reflexión historiográfica. Más de 6.000 historiadores conectados con nosotros diariamente, a través de la web y de nuestras listas, evidencian la posibilidad de normalizar aquí y ahora el respeto mutuo entre los interlocutores de los debates historiográficos más comprometidos, incluso ideológicos, sin menoscabo de los consensos productivos.

 

                C) En sus versiones más adelantadas estas nuevas formas de entender el compromiso historiográfico tienden a ser solidarias según el  signo de los tiempos. Los que no queremos -ni debemos, por cuestión de rigor-  ejercer el oficio de historiador al margen de  la realidad histórica vivida, tenemos que asumir la globalización o la universalización de los grandes valores de la paz y de la justicia, de la igualdad y de la democracia, escribiendo una “historia con valores” (punto XVI del Manifiesto de HaD). Desde una aportación principalmente profesional y académica, la universidad está colaborando en España (voluntariado, Prestige, guerra de Irak, etc.), y en otros lugares del mundo, con las grandes causas humanitarias. La aportación específica de HaD, como se pudo ver con el último congreso y habitualmente en la red, consiste en operar cuando las circunstancias lo exigen como una suerte de “historiadores sin fronteras”, lo que no tiene demasiados precedentes, priorizando la solidaridad con colegas historiadores que puedan sufrir persecución en cualquier parte del mundo en el ejercicio de su profesión: lo que venimos llamando y practicando desde hace años como Academia Solidaria.

 

En las Actas del III Congreso que saldrán a la luz  este año de 2005 encontraremos más elementos, respecto de los anteriores congresos de HaD, sobre estas nuevas maneras de llevar a cabo el compromiso historiográfico[34]. Ello no quiere decir que hayan desaparecido las formas tradicionales de compromiso, ubicadas a ambos lados del espectro historiográfico y político: es menester que se manifiesten como parte esencial del debate y su   credibilidad. Uno de los logros inéditos de HaD está en que investigar y dar a conocer “como realmente son” las comunidades de historiadores y sus tendencias más o menos larvadas o organizadas,  yendo más allá de los discursos historiográficos auto justificativos.

 

VIII.- En los cinco días de julio que compartimos en Compostela se evidenció un progreso -insuficiente en mi opinión pero significativo- en la inaplazable tarea de ampliar la comunidad académica de historiadores a la investigación y la enseñanza de la historia no universitaria. Una de las señas de identidad de HaD en Internet es la participación minoritaria pero viva de historiadores no vinculados a instituciones superiores de enseñanza y de investigación. Contribución extra universitaria menos hacedera en congresos y otros formatos académicos de tipo convencional, por mucho que HaD no lo sea tanto. La clara insuficiencia de esta incorporación activa, que diferenciamos de la simple asistencia, nos impulsa a elevar a conclusión pos-congresual el objetivo urgente de  extender el concepto de historiador más allá del profesorado universitario, acercando consecuentemente la historiografía oficial a la historiografía real. Puesto que una parte nada despreciable de la investigación histórica –por no hablar de la enseñanza y de la divulgación- se hace ya fuera de las plantillas docentes de las universidades y de los escasos centros  de investigación[35]. Frecuentemente estos historiadores no profesionales – en el sentido de que se ganan la vida fuera de la historia académica- tienen una cualificada formación universitaria e historiográfica, y un fuerte carácter vocacional y comprometido[36], algo de lo que estamos hoy necesitados.

 

Historia a Debate no es el único ejemplo de apertura, compartimos con otros grupos, redes y movimientos historiográficos esta nueva experiencia de abrirnos comunitariamente a historiadores no generalistas, profesores de enseñanza media, estudiantes avanzados y otros interesados en la historia. Como HaD la diferencia reside en que, a partir de este Congreso, nos planteamos  convertir una práctica espontánea en teoría consciente, reivindicando la (re) inclusión de la historiografía no universitaria en las nuevas comunidades y paradigmas que estamos construyendo desde las universidades, debiendo para ello estrechar relaciones con las múltiples asociaciones, fundaciones, webs, listas y demás  organizaciones o redes de historia –a veces con escasa o ninguna relación con la academia- que están surgiendo como hongos en España y en otros países gracias al interés social, cultural y político por la historia que está caracterizando este nuevo siglo.

 

IX.- La penúltima enseñanza que inferimos de nuestro último encuentro es la voluntad demostrada, por tercera vez en lo tocante a congresos, de no hacer tabla rasa de lo que fueron las vanguardias del siglo XX, ni de cualquier otra tradición historiográfica que haya aportado algo a la definición – siempre en construcción, aunque algunos no lo sepan- del oficio de historiador desde los remotos tiempos de Leopold von Ranke. De ahí que la conferencia inaugural del III Congreso fuese encomendada a Etienne Bloch, juez retirado, historiógrafo no profesional, hijo del cofundador de Annales y gran conocedor y albacea de su obra. En la recepción oficial de la Universidad de Santiago de Compostela en el Pazo de Fonseca, cuna de nuestra universidad hace quinientos años, nos pusimos en pie para cantar la Marsellesa un 14 de julio, cuando los franceses celebran la toma de la Bastilla, en homenaje a Marc Bloch, ejemplo imperecedero de historiador innovador y asimismo comprometido (políticamente) con su tiempo, justamente en el sesenta aniversario de su fusilamiento por los nazis en Lyon. Otras dos conferencias plenarias fueron impartidas por André Gunder Frank y Ciro Flamarión Cardoso, inolvidables representantes latinos –el primero por adopción- de ese materialismo histórico que tanto nos motivó y aportó en los años 60 y 70, referente historiográfico inexcusable para afrontar, crítica y autocráticamente, los retos del presente y del futuro de la historia, para lo cual precisamos de colegas representativos de aquella generación que sigan interesados todavía hoy por los cambios y el porvenir. Es arduo, ya lo dijimos[37],  encontrar personalidades de las corrientes historiográficas de la época dorada que hayan sobrevivido, y estén disponibles parar otras renovaciones y otros compromisos resistiendo la natural tendencia a “vivir de las rentas” de lo mucho que se hizo antes y después de 1968.

 

Una de esas excepciones es André Gunder Frank, historiador y teórico, sociólogo y politólogo, profesor emérito de universidades de varios países, que nos demostró en Compostela con su propuesta de ReOrient (1998) tanto la necesidad de reorientar la escritura de la historia y de las ciencias sociales, como el papel determinante que va a jugar Oriente en la historia del siglo XXI, en un brillante ejercicio de historia inmediata y prospectiva, historia e historiografía mundiales, de orden bien diverso a su  aporte antológico a la teoría de la dependencia en los combativos años 70. Evolución ejemplar que justifica su relevante participación en el III Congreso de HaD, incluidos en aquellos debates en los que su salud le permitió intervenir. Nada más ilustrativo, pues, de la fuerza colectiva de las tendencias que hicieron posible en el siglo pasado estas “grandes figuras”, está por ver si en el siglo que acabamos de entrar seremos capaces de repetir la experiencia (“desde abajo”, no hay otro modo): HaD hace lo posible.

 

Estamos orgullosos en suma de la herencia recibida, pero hay que reconocer que vivimos en otro tiempo, en otra tesitura historiográfica. Necesitamos una “nueva nueva historia” que, sin dejar de asumir (auto) críticamente las incapacidades pasadas y los retos presentes, reivindique lo que tenía de justo y necesario la “revolución historiográfica del siglo XX”. Por tal motivo intentamos en nuestro pasado congreso recuperar y actualizar prácticas, debates y reflexiones sobre historia total, formaciones sociales y transiciones, estado y sociedad civil, “grandes hombres” y sujetos colectivos en la historia, “grandes historiadores” y tendencias colectivas, compromisos historiográficos y fines de la historia... En principio, tal como esperábamos el resultado fue desigual pero indicativo. Conviene dejar claro hoy que los historiadores marxistas y annalistes no se equivocaron tanto, hace 30 o 40 o más años, como se pretende hoy desde posiciones extremas neorankeanas o posmodernas. Tenemos meridianamente claro que la recuperación de la memoria histórica no será ni eficaz ni completa[38] hasta que seamos capaces de recobrar, simultáneamente, la memoria historiográfica, y viceversa. No se trata, por descontado, de “repetir” la historia o la historiografía del pasado siglo, si no de llevar a la práctica una memoria historiográfica e una memoria histórica activas, integradas en las nuevas tareas pasado / presente / futuro, abandonadas precisamente por aquellos que las desprecian por “sabidas”.

 

X.- Termino con una reflexión dirigida a los que participaron en el evento de 2004, presencial o digitalmente, y también a los que estáis siguiendo este resumen provisional, visualizando el vídeo del Congreso o leyendo las Actas: ¿qué interés tienen nuestros trabajos académico - congresuales de cara a la sociedad? Cuestión pertinente ahora que se está ampliando enormemente la nómina de los interesados por la historia, en España y en otros países. He dicho en una emisora de radio, que me pidió un adelanto de lo que íbamos a departir en esta conferencia, que una cosa son los “veraneantes” de la historia y otra los que nos quedamos “con ella” todo el año. A lo peor  fui un poco ligero, pero hay algo de verdad en lo dicho, es preciso distinguir. Para nuestra disciplina, teóricamente con pocas salidas profesionales, es bueno que desde los gobiernos y otras instituciones, políticos, aficionados más o menos serios y otros profesionales, se interesen, hablen y escriban sobre la historia, que no es ni debe ser el monopolio de nadie, tampoco de los historiadores. Es positivo asimismo que determinados medios de comunicación social[39] se interesen por publicar cosas de historia[40]. Es bueno que las grandes editoriales, y algunas pequeñas, tengan gran afán por las biografías de los “grandes personajes” de  la historia, novelas históricas y otras demandas del mercado más o menos reales. Toda esta reciente atención pública sobre la historia[41], no exenta de pluralidad, estímulo y novedad sirve, desde luego, como pasó en otros períodos históricos, para formar mejor a la ciudadanía –otra cuestión es el debate de los contenidos- y generar vocaciones de historiadores[42], pero también hay que denunciar sus efectos perversos al “obligar” al historiador a trabajar “por encargo”, condicionando -a veces sin disimulo- no solamente los temas históricos a escribir, también los enfoques historiográficos, cuando no las interpretaciones históricas[43].

 

La pasada crisis de las nuevas historias, y subsiguiente aceleración fragmentadora, llevó a la historia a una situación de debilidad que hizo factible que determinados “poderes externos” ejerzan una influencia sobre una parte sustancial de la historia académica que no conocíamos desde el siglo XIX[44]. Debatir y consensuar entre historiadores el perfil de nuestro oficio es vital en la actual coyuntura para restaurar nuestra autonomía, nuestra capacidad para decidir libre y colectivamente el qué, el cómo y el porqué de nuestra aportación desde la historia a la historia que vivimos, para desenvolver motu propio aquellas iniciativas académicas que más convengan a la historia que vivimos y escribimos.

 

No fue eso lo que pasó en el “debate de las humanidades” que siguió a la victoria del Partido Popular en las elecciones de 1996, que dio lugar a cientos de artículos de prensa, también de historiadores, juzgando la intención gubernamental de incrementar la presencia de la historia, la filosofía y las lenguas clásicas, en la enseñanza media. Iniciativa política institucional, no académica, que tuvo como resultados más palpables el lograr atraer a importantes historiadores -marxistas, annalistes y neopositivistas-, editoriales y medios de difusión,  a la tarea de recuperar la “idea histórica de España” y sus “grandes figuras”, sin conseguir tan claramente algo tan fundamental como potenciar la enseñanza y menos aún la investigación (plural) de la historia en España.

 

Esta por ver que este remozado interés público por la historia se vaya mantener y con qué formas y contenido después del cambio de gobierno del 14 de marzo de 2004[45]. En cualquier caso, los historiadores conscientes no debemos “esperar a Godot” sino utilizar las libertades de cátedra, investigación y expresión para decidir libremente  y promocionar públicamente la historia que queremos hacer según entendamos nuestra responsabilidad científica y cultural, social y política, en los diferentes ámbitos territoriales y sociales. El III Congreso de HaD va a ayudar, sin duda, a que la escritura académica de la historia sirva mejor al conjunto de la sociedad, que  financia en última instancia con sus impuestos la historia enseñada e investigada. Sobre una base común deontológica los enfoques historiográficos han de ser plurales y heterogéneos, también en su relación política, institucional y social, pero decir esto no llega: lo justo y necesario en este momento es aplicar una “discriminación positiva” a favor de la relación entre historia académica y sociedad civil, hoy manifiestamente desequilibrada a favor de las instituciones políticas, mediáticas y editoriales, lo que se traduce historiográficamente en un abandono de los sujetos colectivos a favor das “grandes figuras” con la distorsión subsiguiente para una historia académica que se precie de rigurosa y para una historia vivida que se pretenda democrática y fundada en valores sociales.

 

Respondiendo a la pregunta con que iniciábamos esta conclusión final sobre HaD III, resumir que lo que nosotros historiadores comprometidos podemos ofrecer, reflexionando y actuando colectivamente, “hacia afuera” de la academia, es el rigor y la honestidad en el tratamiento de los datos de una vieja profesión con una renovada vocación de servicio social y (re) asunción de los grandes valores del mundo actual, en el cuadro de la autonomía que le es propia a la universidad -institución aún más vieja que el Estado (moderno)- respecto de los diferentes poderes, a fin de que la historia, sus practicantes y sus actores, disfrute en este nuevo siglo de una nueva primavera. Gracias mil.



*  Versión revisada, ampliada  y traducida del gallego de la conferencia dictada a las 20 horas del 17 de noviembre de 2004 en la Biblioteca de la Diputación Provincial de A Coruña (Galicia, España) en el marco de los actos del V Premio de Ensayo “Manuel Murguía” (archivo de audio en “Presentaciones”, nº 52, www.h-debate.com).

[1] El CESGA y el SERVIMAV de la USC están preparando la colocación permanente en nuestra página web de la parte del congreso grabada en video  y trasmitida en directo.

[2]  Escribimos “historia inmediata” en el sentido más riguroso: toda investigación e interpretación que trate desde un ángulo histórico o historiográfico relevantes hechos o procesos coetáneos al propio historiador.

[3]  Así y todo, el actual presidente del CISH-ISCH (www.cish.org), Jürgen Kocka,  miembro del Comité Científico del I y del II Congreso Internacional Historia a Debate (1993, 1999), continúa de manera meritoria los esfuerzos de actualización emprendidos por su predecesor, François Bédarida, incluyendo  “grandes temas” de interés actual  (sin llegar a lo que nosotros llamamos Historia Inmediata).

[4] A lo largo de la pasada década fuimos elaborando una base de datos con las direcciones postales y electrónicas de decenas de miles de colegas, que viene funcionando al estilo de una vasta lista de distribución (con la posibilidad de borrarse en cualquier momento) con varios mensajes al año para difundir nuestras grandes iniciativas y dar a conocer HaD.

[5]  A partir del II Congreso la presentación de ponencias está abierta a cualquier historiador, con independencia de su  estatus académico o nacionalidad  (los colegas latinoamericanos  raramente disfrutan de esta posibilidad en congresos de España, Europa y Estados Unidos, que no versen sobre América Latina), en igualdad de condiciones por lo tanto con los restantes relatores, siempre y cuando la propuesta se adapte a nuestro temario, lógicamente.

[6]  La cuestión no es tanto de fragmentación académica como de fragmentación mental: se puede  y se debe “estar” por cuestiones académicas y/o vocacionales en una especialidad historiográfica pensando y trabajando globalmente, combinando y compartiendo investigaciones y reflexiones.

[7]  La toma de conciencia de la trascendencia de esta dificultad historiográfica determinó el contenido de mi  conferencia plenaria: Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia (en imprenta en las Actas del III Congreso).

[8]  La razón académica –promoción curricular- que se suele aducir para explicar la agudización de la tendencia (tradicional y posmoderna) al individualismo historiográfico, después de la caída de las “grandes escuelas” del siglo XX que nos aglutinaban, nos parece aun así insuficiente, cuando más si hablamos de una comunidad académica tan socializada como HaD: el problema de fondo es metodológico, historiográfico y sobre todo epistemológico.

[9] La elevada cantidad de ponentes inscritos nos permitió una elección coherente con la pertinencia temática y el acostumbrado buen nivel de nuestros congresos.

[10]  Confirmando ampliamente nuestra impresión, un año antes del congreso, de que íbamos a poder realizar “el congreso más importante” (véase la “Preconvocatoria” del 31 de julio de 2003, en el apartado dedicado al III Congreso en nuestra web).

[11]  Con el paso de los años todavía se fue concentrando todavía más en HaD el interés nacional e internacional por la historiografía, a causa de la pequeñez y discontinuidad de otras tentativas paralelas y de lo supone nuestra mejor baza: la centralización de todos nuestros esfuerzos  y actividades en la tarea de la reconstrucción paradigmática de la historia como disciplina académica.

[12]  Once años después la mayor parte de las figuras representativas de las pasadas vanguardias ya no están entre nosotros, tienen problemas para viajar y participar en grandes eventos o, en el peor de los casos, perdieron con los años el aliciente por el presente y el futuro de la innovación, salvo excepciones como los conferenciantes plenarios del III Congreso o Eric J. Hobsbawm (1917) encarnación viva de lo mejor de la historiografía marxista del siglo XX.

[13]  Hobsbawm ha criticado justamente en noviembre de 2004, en la clausura de un congreso británico sobre la historiografía marxista, a la escuela de Annales por haber renunciado (sus herederos institucionales) a la “reconstrucción de la razón” historiográfica e histórica, en una suerte de Manifiesto individual por la renovación de la historia (publicado en “Mensajes Listas” 4/1/05), que tantas semejanzas tiene con nuestro Manifiesto colectivo de 2001: ojalá encuentre seguidores activos de su posición reconstructora en la historiografía británica, repartidos hoy como en tantos sitios entre los partidarios la posmodernidad, los retornos y el simple continuismo.

[14]  Tenemos ya nueve volúmenes publicados de actas de congresos sobre investigaciones y reflexiones historiográficas, pronto serán doce;  según los esquemas positivistas resucitados que tanto combatimos, estaría ya todo dicho, demostrar congreso a congreso que no es así forma parte de la tercera revolución historiográfica que HaD quiere implementar conscientemente.

[15]  Lo decimos así para ser pedagógicos, en realidad para nosotros no existe la diferencia cartesiana entre el acuerdo y el desacuerdo, nutrimos el consenso del debate y del disenso, y ponemos a debate los sucesivos consensos.

[16]  Siguiendo con la nota anterior,  nos interesan tanto las ideas “propias” como aquellas ideas “ajenas”, susceptibles de aportar algo al nuevo consenso o paradigma que pretendemos, pese a las acostumbradas deficiencias teóricas derivadas de su dimensión especializada.

[17]  Conviene recordar que “la historia total como horizonte utópico” sirvió finalmente de coartada para justificar el fraccionamiento de las nuevas historias, estructural en su origen y posmoderno en su desarrollo y cobertura teórica.

[18]  El problema no es tanto de palabras como de contenidos, nosotros reemplazamos usualmente “total” por “global” por la finitud, realismo y actualidad del segundo término, cuyos diversos usos  historiográficos se dilucidan sin dificultad de acuerdo con  el contexto, lo mismo que cualquier entrada de cualquier diccionario.

[19]  La propuesta deriva  asimismo de mi experiencia  personal, véase “Historia social y mentalidades: nuevas perspectivas”, Medievalisme: noves perspectives, Lleida, 2003, pp. 81-108.

[20]  El 12 de enero de 2000 abrimos un debate “Historia mundial / historia global” que se puede consultar en la web, casi no tuvo seguimiento, esperamos que el III Congreso lo reanime.

[21]  Lo mismo sucede con la historia inmediata, con la recuperación de la memoria histórica o –retrocediendo más en el tiempo historiográfico- con la historia oral, la historia de las mujeres o la historia ecológica: encerradas y aisladas en sus especializaciones empíricas y academicistas, están perdiendo  poco a poco sus potencialidades innovadoras, su compromiso con el futuro.

[22]  Ante todo HaD es un proyecto metodológico, historiográfico y epistemológico, donde lo empírico está y estará subordinado a la reflexión, lo que limita por un lado nuestro diálogo con los  historiadores neorankeanos que ni “valoran”  ni  “aceptan” la importancia creciente de la historiografía y la teoría para el presente y el futuro de  nuestro oficio, y por el otro con los historiadores posmodernos que en nombre de la reflexión más abstracta (antimarxista, antiannaliste y  sobre todo pro literaria) niegan un futuro no fragmentario, científico y social a la historia profesional y académica.

[23]  El término “historia inmediata” se  presta menos a la ambigüedad que el tradicional de “historia del tiempo presente”, equivalente en la práctica a una historia del siglo XX, si bien se ha usado alguna vez asimismo como sinónimo de una historia que quiere y no puede –por deficiencias que tienen que ver con la epistemología y el compromiso- abordar histórica e historiográficamente el presente.

[24]  La falta de tolerancia y de respeto al interlocutor en los debates de actualidad, amparada en un sedicente anonimato o semianonimato, es un problema constante en Internet, otros foros de historia  tuvieron que cerrar por este motivo o renunciar a la polémica restringiendo sus listas a los típicos canales difusión de información académica, asimismo útiles y necesarios (véase el tablón de anuncios de nuestra web).

[25]  El mito de la “neutralidad” del historiador, teórico “notario” ante unas fuentes teóricamente “inocentes”, fue en un principio –hace más de 100 años- positivo en la lucha contra la historia-ficción, pero hace ya mucho que obstaculiza la adaptación de nuestra disciplina a la evolución histórica, historiográfica, científica, y arriesga con hacernos retroceder a la marginalidad “erudita”.

[26] La menor presencia del número de  “grandes figuras” que estamos detectando de congreso a congreso (véase la nota 12), se vio compensada  en 2004 no sólo cualitativamente,  también hubo una mayor y mejor participación de historiadores jóvenes y representativos de historiografías hoy emergentes, lo que resulta vital para el futuro de HaD y sus propuestas.

[27] Con el tiempo el obstáculo lingüístico desaparecerá también en Internet, las posibilidades actuales para la traducción automática son superiores a las que existían que hace cinco años, compárese si no los traductores automáticos de Google y  Altavista.

[28]  Los editores fuimos el profesor Lawrence J. McCrank y yo mismo, pero es justo reconocer que el mérito principal de su publicación ha correspondido al editor norteamericano (hispanista y medievalista,  además especialista en bibliografía e información histórica digitales), de la propia editorial y de los informantes del libro profesores Georg G. Iggers (Universidad de Búfalo), Ronald W. Davis (Universidad de Michigan), David E. Thornton (Universidad de Bilkent, Turquía), a todos ellos nuestro agradecimiento público en nombre de los autores y del conjunto de HaD.

[29]  Para encontrar formas de intercambio igual sirve de poco el “modelo” de las vanguardias del siglo XX: historiografías tan avanzadas como la francesa de Annales o la inglesa de Past and Present, enseñaban más que aprendían de las consideradas “periferias”, que incluían por aquel entonces las historiografías latinas y americanas,  incluidos los Estados Unidos, lo que creó malos hábitos (“colonialistas” y “autocolonizados”) entre los emisores y los receptores de aquel momento.

[30]  Otra evidencia más de los efectos positivos, democráticos e  igualadores, de la globalización de las comunicaciones, en el ámbito de las relaciones académicas internacionales, que tan bien conocemos, véase “Historia a Debate, tendencia historiográfica latina y global”, Aula-Historia Social, Valencia, nº 13, primavera 2004, pp. 84-90.

[31]  Se ve mejor la excepcionalidad de la experiencia de HaD, si la comparamos –fuera del ámbito académico- con el intercambio desigual y unilateral existente entre El País, la Republica, Le Monde y otros periódicos europeos con The New York Times: los primeros están publicando semanalmente un suplemento con una selección de artículos del prestigioso NYT que, por supuesto, para nada corresponde dando a conocer en los Estados Unidos, las noticias y opiniones de la prensa europea.

[32]  Véase la nota 16.

[33]  Los buenos historiadores saben, con Bloch, que el profesional de la historia, queramos o no, se parece más a su tiempo que a sus padres, verdad historiográfica si cabe más cierta hoy que nunca por la impregnación “inmediatista” de la nueva  sociedad del conocimiento.

[34]  En consonancia con las exigencias de la nueva sociedad   y el dinamismo de un oficio centenario siempre fiel a su tiempo (incluso cuando no se reconocía).

[35]  Es una efecto de la falta de plazas, situación que se va a aliviar en la próxima década con la jubilación del profesorado perteneciente a la generación baby boom: fenómeno señalado (ver punto XII del Manifiesto de HaD)  pero afectará poco a los  actuales historiadores no universitarios,  gran parte de la misma generación.

[36]  Seguro que no podemos decir lo mismo del espíritu renovador en los métodos y en los enfoques, aunque tampoco andamos muy sobrados de eso ahora en las universidades.

[37]  Véase la nota 12

[38]  Eficaz en el sentido de implicar más a la academia historiográfica; completa en el sentido de abarcar toda la historia, no solamente el siglo XX.

[39]  Los media tradicionales pasaron de una función crítica como cuarto estado en los años del Watergate a  su inclusión en los años 90 en el poder establecido, aunque no todos los medios escritos, radiofónicos y televisivos sufrieron la misma evolución,  naturalmente.

[40]  Sobre todo si están enfocados a su gusto historiográfico y/o ideológico, el dirigismo de los medios más influyentes está cambiando –para mal y para bien, según se mire- el contenido  de lo que Gramsci bautizó como  “intelectuales orgánicos”.

[41]  Auge relacionado entre nosotros por el retorno pendular de la historia de España, dos décadas después de que florecerán las historias de las nacionalidades y regiones, quedando para un futuro (inexorable) la historia mundial.

[42]  Formaciones y vocaciones con cierta tendencia al conservadurismo historiográfico que debemos matizar y combatir con la voz y la escritura por el bien de la historia.

[43]  No lo fue el caso de la Xunta de Galicia que financió nuestros Congresos de Historia a Debate en los Xacobeos 1993, 1999 y 2004, sin condicionamiento alguno en cuanto a temas, enfoques, invitados, etc., como hemos puesto de relieve públicamente en varias ocasiones.

[44]  Esta influencia política, mediática y editorial sobre determinada historiografía vino a reemplazar la influencia de otras ciencias y movimientos sociales característicos del siglo XX, reflejando un nuevo presentismo institucionalista, que  ha de tener otras lecturas compensatorias desde la sociedad civil y la globalización alternativa, por el bien de la historia y de la academia.

[45]  El nuevo gobierno del PSOE no parece tener  el mismo interés que el anterior por la historia de España  (con la salvedad relativa del  IV Centenario del Quijote),  y no ha desarrollado hasta ahora iniciativa institucional alguna a favor de una “historia plural de España”, lo que en principio se  correspondería con su proyecto político de resolución del conflicto vasco, reformas de los Estatutos y de la Constitución; al contrario de lo que sucede con las propuestas para la recuperación de la  memoria histórica de la guerra civil y del franquismo, que están recibiendo  un apoyo loable –también por la falta de dirigismo- del primer gobierno de Zapatero.