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La peregrinaci�n a Santiago de Compostela

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

��������������� En lat�n cl�sico peregrinus es �extranjero�, primera acepci�n que jam�s perder� cuando el t�rmino se cristianiza al devenir la peregrinaci�n en parte esencial del ideal evangelizador y en met�fora del tr�nsito al m�s all�. San Isidoro de Sevilla, transmisor por excelencia de la cultura antigua al Medioevo, apunta por tanto, entre los siglos VI y VII, que �peregrino� es el que �se encuentra lejos de su patria�. Y durante la Plena Edad Media el peregrino ser� ya el que se expatr�a para hacer un viaje inici�tico: visitare loca sacra. De esta sagrada y masiva peregrinaci�n, que contribuy� no poco a la construcci�n del Medioevo europeo, nos ha tocado decir algo en esta obra colectiva de homenaje a Jacques Le Goff, �desde d�nde hacerlo mejor que en Santiago de Compostela, la patria universal del peregrino medieval?

 

Roma, Jerusal�n, Compostela

 

��������������� A mediados del siglo XIII, leemos en las Partidas de Alfonso X el Sabio que �romero� es el que �va a Roma� donde yacen los cuerpos de San Pedro y San Pablo, y que �pelegrinotanto quiere decir, como ome estra�o, que va a visitar el sepulcro de Hierusalem� o que andan en pelegrinaje a Santiago�, o a otros logares de luenga e de estra�a tierra�.

 

Tres fueron los grandes centros de peregrinaci�n que hubo en nuestra Edad Media. Una partesignificativa de la poblaci�n medieval viaj�, en alg�n momento de su vida, a alguna delas tres ciudades santas de la cristiandad para rendir a los cuerpos-reliquias m�s se�alados del Nuevo Testamento: Jes�s en Jerusal�n, San Pedro en Roma y Santiago el Mayor en Compostela. Tres peregrinaciones mayores que limitan y encuadran el Occidente medieval como espacio sagrado: Jerusal�n enOriente, Roma en el centro, Santiago en Occidente. La peregrinaci�n a Santiago de Galicia es la menos antigua (la invenci�n del sepulcro data de principios del siglo IX), sus reliquias las menos importantes en jerarqu�a evang�lica y eclesi�stica, no obstante, remata eclipsando a las otras dos: la peregrinaci�n jacobea terminapor ser sin�nima de peregrinaci�ncristiana a partir del siglo XII, �por qu�? Las posibles respuestas nos permitir�n saber m�s de la formaci�n del nuevo mundo medieval en Europa.

 

��������������� Una fuente italiana, la Vita Nuova de Dante Alighieri, medio siglo despu�s de las Partidas, confirma este desplazamiento de la movilidad peregrina hacia el extremo occidental del orbe conocido. Reitera Dante que �es peregrino quien se halla fuera de su patria�, a�adiendo a continuaci�na finales del siglo XIII �el de la plenitud medieval- que �s�lo se llaman peregrinos a quienes van a Santiago o de all� vuelven� y que son �peregrinos� los que van al templo de Galicia porque �la sepultura de Santiago est� m�s lejos de su patria que la de cualquier otro ap�stol�.

 

��������������� Este cambio de direcci�n en las grandes migraciones penitenciales se consolida durantelos siglos XII-XIII.En la medida en que la sociedad feudal se constituye, definiendo el nuevo espacio social y mental europeo, el centro de gravedad de la movilidad sagrada se desplaza hacia el Oeste. La peregrinaci�n a Jerusal�n, Ciudad de Dios �dondeSantiago el Mayor, por cierto, lider� la primera comunidad cristiana, siendo ejecutado por ello-, se transfigura con la plenitud feudal. A partir de la primera cruzada, en 1095, laperegrinaci�n se arma y deviene en guerra santa para liberar el sepulcro del Salvador, alej�ndose as� de los prop�sitos en principio piadosos y pac�ficos de la peregrinatio sacra, quedando por consiguiente fuera del alcance del peregrino com�n, que ten�a m�s a mano la ciudad de San Pedro. Pero en Roma se yuxtapon�a la atracci�n peregrina con un poder pol�tico derivado de un pasado imperial. Roma era sobre todo el Papa y el Estado Vaticano, una de lasgrandes capitales europeas y el centro neur�lgico de la Iglesia institucional: org�a de poder que no facilitaba, en contraste con Jerusal�n, el entusiasmo milenarista imprescindiblepara una peregrinaci�n de masas. Por exclusi�n -dice alg�n autor- quedaba el camino santo a la tierra de Santiago Ap�stol, en cuya promoci�n y organizaci�n colaboran tambi�n los poderes pol�ticos y eclesi�sticos del Occidente medieval conforme el frente de lucha contra el Islam se mueve hacia Occidente y se van obteniendo resultados territoriales, bien terrenales, en la Pen�nsula Ib�rica, que se echan de menos en las cruzadas orientales. El afianzamiento de Santiago de Compostela como foco principal de la peregrinaci�n medieval es pues consecuencia, y tambi�n causa,de la consolidaci�n religiosa, pol�tica y social de los herederos del Imperio romano occidentalfrente a su gemelo oriental y m�s a�n frente al mundo musulm�n. Consolidaci�n del Occidente medieval que tendr� como base la formaci�n de un nuevo sistema social, marcado indeleblemente por la religi�n cristiana, deambiciones universales �globales, dir�amos hoy-que har�n de Europa,durante cinco siglos, el centro de un mundo en expansi�n.

 

Tenemos para nosotros que la peregrinaci�n a Compostela, en el centro de un pa�s en formaci�n insuficientemente cristianizado, no triunfa tanto �por exclusi�n� como por sus diferencias y ventajas respecto aotros centros de atracci�n internacional de peregrinos, por suespec�fica capacidad para satisfacer las necesidades de la nueva religiosidad, expresi�n a su vez de las necesidades de movilidad e interconexi�n, apertura y libertad, comercio y vida urbana, de la nueva sociedad feudal.

 

Se puede decir que la identificaci�n de la peregrinaci�n con Santiago es la victoria del Santiago-peregrino, pobre y humilde, sobre el Santiago-caballero, matamoros y cruzado, por un lado, y sobre el Santiago-sedente, poderoso y terrenal, por el otros, representaciones iconogr�ficas que sintonizar�an mejor con las peregrinaciones �rivales� a Jerusal�n y Roma, respectivamente.

 

Pese a su relaci�n con �rdenes militares y guerras de �Reconquista�, la peregrinaci�n jacobea jam�s dejar� de ser primordialmente un camino de paz, a diferencia de las peregrinaciones armadaspara liberar la Tierra Santa durante los siglos XI-XIII, organizadas asimismo por los grandes poderes del momento, prueba de que las condiciones pol�ticas del �xito de Santiago, frente a Jerusal�n, no fueron tan decisivas.

 

Santiago de Compostela, lugar �de luenga e de estra�a tierra� y perif�rico en relaci�n con los centros de poder pen�nsulares y europeos, tampoco suscitaba los temores y rivalidades de la bas�lica de San Pedro, centro del poder romano. Las chanciller�as peninsulares y europeasque favorecen el Camino jacobeo sab�an que no estabanpotenciando un poder pol�tico que les pudiese hacer sombra. El reino medieval de Galicia, por no tener, no ten�a ni rey propio, lo que le permiti� ser, durante siglos, el centro religioso delOccidente medieval m�s atractivo para gentes peregrinas de todas las clases y nacionalidades. El itinerario jacobeo estuvo suficientemente alejado de la guerra y del poder terrenal, para que todos los europeos lo pudiesen imaginar y sentir como algo propio. Santiago de Compostela no era solamentede los gallegos, era tambi�n de los castellanos, los navarros y los aragoneses, no solamente de los pueblos ib�ricos tambi�n de los franceses, los portugueses, los italianos, los alemanes, los daneses�

 

��������������� Podemos resumir en tres los factores que explican la idoneidad del Camino de Santiago para reflejar, materializar e impulsar la nueva espiritualidad - con sus connotaciones mentales,sociales, pol�ticas y econ�micas- que brota de laEdad Media en su esplendor:

 

1)         Santiago el Mayor se adapta mejor que Pedro �y m�s a�n que sus sucesores en el Vaticano- al ideal de vida apost�lica, evangelizaci�n y predicaci�n, que retorna con fuerzaen el siglo XII, animando el culto a las reliquias de los ap�stoles y primeros m�rtires. La peregrinaci�n genuinamente medieval es consecuencia y causa del renovado inter�s por el Nuevo Testamento, predicado por vez primera a las masas, del deseo de imitar la austeridad y pobreza material de los que acompa�aron a Jes�s en su peregrinaci�n terrenal, en contraste con la inmovilidad veterotestamentaria y la Iglesia altomedieval de los patriarcas y los padres fundadores, que pon�a en dejaba a un segundo plano el culto a Jesucristo, a la Virgen y a los santos ap�stoles y los m�rtires m�s al alcance, por su naturaleza no divina, de los cristianos de base, que cambian en ese tiempo su onom�stica para parecerse m�s a ellos y peregrinan masivamente a sus tumbas. El ap�stol Santiago estaba entre los m�s admirados porque predic� en las tierras m�s inh�spitas, en los confines del mundo Ya vimos como Dante celebraba�� la superioridad evang�lica del hijo de Zebedeo: �la sepultura de Santiago est� m�s lejos de su patria que la de cualquier otro ap�stol�. Santiago el Mayor fue, adem�s de compa�ero de Jes�s y propagador de su evangelio en el fin del mundo: el primero de los m�rtires cristianos.

 

 

2)         El deseo colectivo de austeridad y pobreza evang�licas, el ejemplo viajero y m�rtir de Jes�s y de sus seguidores m�s cercanos, se concreta en la peregrinatio: penitencia y ascesis, rigor y voluntad de superaci�n �el santo se hace, no nace- que San Bernardo difunde decalificando al mundo como morada del diablo e empujando a los creyentes a expatriarse del mundo terrenal peregrinando a las ciudades santas, evang�licas y m�rtires. El Camino de Santiago era largo, dif�cil y plagado de riesgos, pero tambi�n soportable: ni tan duro como viajar hasta el Santo Sepulcro, ni tan pr�ximo y ligero como los caminos que van a dar aRoma, donde se confund�an romeros con prelados traficantes de favores, nada que vercon el peregrino penitente que busca el perd�n de sus pecadosy la intercesi�n divina a trav�s del que muri� en la cruz �ciertamente rodeado de ladrones- y sus disc�pulos.

 

 

3)         El Camino de Santiago conduce al peregrino al fin del mundo conocido. Eran muchos los peregrinos que, despu�s de visitar la Catedral y abrazar al Ap�stol, prolongaban unos kil�metros m�s su viaje inici�tico para ver el mar en Finisterre, con su todav�a hoy impresionante horizonte redondo, donde termina el mundo y comienza el m�s all�. Los extranjeros que van abandonando por miles y miles su patria terrenal impulsados por su imaginario escatol�gico se encuentran as�, donde la tierra se acaba, el lugar del mundo que m�s se asemeja a la patria celestial, dando por bien terminada la peregrinatio.

 

Camino medieval,camino de Europa

 

La presencia de los restos del Ap�stol Santiago en un sepulcro bajorromano descubierto, a principios del siglo IX, en el lugar deshabitado donde, por tal motivo,se erigi� la ciudad de Santiago de Compostela, es una realidad cuestionada, hace m�s de un sigloporLouis Duchense,Claudio S�nchez Albornoz y otros historiadores que constataron la inexistencia de pruebas documentales o arqueol�gicas acerca de la predicaci�n de Santiago el Mayor, hermano de San Juan el evangelista, en Hispania, y su traslatio yentierro en Galicia, despu�s de su decapitaci�nen el a�o 42 por orden de Herodes Agripa en Jerusal�n para escarmiento de la comunidad cristiana.

 

Pero no es menos real, hist�ricamente, que la creencia colectiva en la leyenda de Santiago y sus reliquias ha causado hechos hist�ricos de tal envergadura que el acontecimiento fundador, su sepultura en Galicia, cualquiera que sea su grado de verosimilitud positivista, pasa a un segundo plano historiogr�fico y tambi�n epistemol�gico.La creencia generalizada durante siglos en la autenticidad de las reliquias jacobeas ha tenido consecuencias de car�cter universal y local. La significaci�n hist�rica del Camino de Santiago en lo religioso y lo cultural,lo econ�mico y lo pol�tico, para la Espa�a cristiana, para la construcci�n de Europa, para la formaci�n de la Edad Media, est� fuera de toda duda. Y para los gallegos no es menor importante constatar hist�ricamente que el peque�o burgo creado alrededor del sepulcro descubierto hacia el a�o 820, ser� eje vertebrador de Galicia comonacionalidad medieval, y su capital hist�rica hasta hoy, adem�s de lugar de encuentro durantes siglos de las naciones de todo el orbe medieval. Sin el Camino de Compostela ni Galicia, ni Espa�a, ni Europa existir�an seg�n hoy las conocemos.

 

Todas las naciones europeas, y especialmente aquellas por las que pasaban las v�as que llevaban a Santiago de Compostela,han coadyuvado a la construcci�n, aprovechando la red viaria romana, de una tupida red de caminos con sus nudos, conexionesy rutas transversales, que pone fin al aislamiento e introversi�n de la Europa de la Alta Edad Media,conduciendo a los nuevos europeos a Compostela desde cada lugar y pa�s, para lo cual se construyeron hospitales, puentes y calzadas, ciudades, iglesias y catedrales que reanimaron la religiosidad y la econom�a europeas, y se fundaron �rdenes militares y se tomaron medidas para garantizar la paz en el Camino de las estrellas y la seguridad de los grupos de peregrinos con sus cayados y trajes talares, y aun de las mejor pertrechadas comitivas eclesi�sticas, nobiliarias y principescas que tampoco faltaron a la concurrida cita jacobea entre los siglos IXy XV. Medidas protectoras que se extendieron tambi�n a los jud�os, burguesesy comerciantes, que al calor delprimer itinerario religioso edificaron un eje fundamental para comprender el renacimiento econ�mico de la Europa medieval.

 

��������������� El Camino de Santiago, prototipo hist�rico de la peregrinaci�n cristiana, es sobre todo un fen�meno medieval que decae sensiblemente en las �pocas moderna y contempor�nea. Al desaparecer la sociedad feudal,nacida y desarrollada solamente en Europa, con sus servidumbres yataduras locales pero con su soberan�a repartida, sus fronteras abiertas y su cultura com�n, desaparecen las precondiciones hist�ricas que hicieron posible y necesario el �milagro� la peregrinaci�n jacobea, que rompe por la v�a de los hechos cualquieraidea simplista sobre el car�cter inm�vil, cerrado y aut�rquico del feudalismo medieval.

 

El auge del Camino de Santiago, en los siglos XII y XIII, resume el apogeo de la Edad Media feudal, porque representa el optimismo hist�rico de una religiosidad profundamente medieval: imaginaria al tiempo que realista. Una religiosidad renovada que, sin dejar la creencia � todo lo contrario- en los milagros de Santiago que relata el C�dice Calixtino,que se le�a a los peregrinos en las posadas monacales del Camino, busca a Dios en los confines de la tierra conocida, si esperar a la otra vida,porque cree, junto con los poderes curativos de las reliquias santas, en la posibilidad del progreso humano en el mundo material, contradiciendo en la pr�ctica a San Bernardo de Claraval. La originalidad de la mentalidad medieval est� precisamente en la mixtura de ambas creencias, s�lo contradictorias si las juzgamos desde hoy.

 

Paso a paso -nunca mejor dicho-, invocando la protecci�n del Ap�stol de los milagros, penando y trabajando, el Camino de Santiago se va a convertir en elmejor ejemplo del auge demogr�fico y econ�mico, urbano y comercial de una Plena Edad Media que rompe con el conformismo religioso anterior, llevando a la pr�ctica una espiritualidad que vuelve a sus or�genes mediante la acci�n individual y colectiva: todos y cada uno de los creyentes ten�an ahora un papel concreto que jugar en la nueva cristiandad. Recuperaci�n de valores apost�licos depobreza, la humildad y la predicaci�n, que adquiere plenamente su sentido hist�rico cuando el nuevo desarrollo econ�mico hace m�s dolorosas las diferencias entre pobres y ricos, burgueses y r�sticos .La sencillez de la masa de peregrinos servir� de contrapunto contra las nuevas desigualdades, directamente e indirectamente, pues el Camino de Santiago ser� el medio de comunicaci�n ideal de contestaci�n social, pol�tica y religiosa, que se extiende por toda Europa siguiendo la vasta red de caminos jacobeos desde los movimientos comunales hasta las �rdenes mendicantes, muchos de cuyos agentes y promotores hicieron tambi�n el Camino de Santiago.

 

La peregrinaci�n no es la �nica manifestaci�n del impulso renovador de la cristiandad medieval que tambi�n se refleja, por ejemplo, en la sucesi�n de las �rdenes mon�sticas, desde San Benito a San Francisco, pasando por Cluny y Cister, conforme las m�s viejas se van distanciando del cristianismo primitivo que informa asimismo el fen�meno peregrino. La diferencia reside en que la peregrinaci�n es una opci�n abiertaa todos los cristianos:pobres y ricos, plebeyos y nobles, laicos y cl�rigos;y tiene un car�cter temporal que la hace compatible con todas las ocupaciones, trabajos y funciones sociales. La peregrinaci�n es la forma de religiosidad renovada m�s extendida en el mundo medieval, tanto social como geogr�ficamente,no se trata de una prerrogativa de cl�rigos,monjes y prelados, que hacen el Camino como todos los dem�s, sin distinciones de clase, nacionalidad o estatus cultural. Se puede afirma sin temor a errar que la peregrinaci�n a Santiago es mayoritariamente laica, popular y desde luego multinacional. Si no fuese tan popular, �competir�an lo mismo las naciones entre s� por participar y fomentar?, �habr�an frecuentado el Camino tantas personalidades de la Iglesia y el Estado? La dimensi�n civil y masiva de la movilizaci�n peregrina, y su prolongaci�n secular, explican la estrecha relaci�n existente entre creencia, sociedad y econom�a, inseparables en cualquier explicaci�n rigurosa del hecho hist�rico del Camino.

 

��������������� El ir y venir de miles y miles de peregrinos por los caminos de Santiago, durante d�cadas y durante siglos, hace circular nuevas maneras de comprender (a la manera medieval, con la religi�n omnipresente) el mundo y de transformarlo, desde la religi�n a otros los campos del pensamiento y del arte, desde el rom�nico hasta los movimientos comunales, adem�s de los nuevos modos de vivir en ciudades, del comercio o del artesanato, viajando lejos por promesa o penitencia, perotambi�n por conocer �otros logares de luenga e de estra�a tierra�. Nuevos y colectivos modos de creer, vivir y trabajar, que construir�n Europa desde la sociedad civil, pac�ficamente,y no a trav�s de la imposici�n militar de un pa�s sobre otro. Curiosamente all� donde fracasaron los imperios medievales que quisieron imitar a Roma, no llegaron a desarrollarse grandes centros de peregrinaci�n como Compostela o Jerusal�n. La Europa medieval fue edificada finalmente gracias al esp�ritu y la realidad de la peregrinaci�n unida durante siglos de sus pueblos a lejanos lugares, por lo tanto perif�ricos. Cuando los pueblos de Europa dejan de viajar unidos es que han vuelto los imperialismos,y las guerras civiles de una cristiandad dividida, que marginaran durante siglos la idea medieval de Europa,hasta su resurgir actual, cinco siglos despu�s.

 

Creencia colectiva, fuerza hist�rica

 

��������������� El lazo principal que une de mar a mar, sin soluci�n temporal de continuidad, a los europeos es, pues, la cristiandad medieval, que se transforma en fuerza hist�rica creativa cuando se encarna en las masas como creencia colectiva que mueve a la acci�n colectiva que, por su parte, tambi�n influye en la creencia y en la propia cristiandad. Un buen ejemplo de una creencia colectiva devenida fuerza hist�rica es, sin lugar a dudas, la peregrinaci�n medieval que une a Europa�hacia dentro�, en positivo, complementada por las cruzadas que unen a Europa �hacia fuera�, en negativo, en contraposici�n al Islam.

 

Raramente el historiador reconoce el papel central que corresponde a la religiosidad de masas, y a la mentalidad colectiva en general, en los hechos hist�ricos. Por evitar, seguramente, ser acusado de parcialidad religiosa, o, m�s com�nmente, por temor a caer en una historiograf�a �idealista�; inquietudes l�gicas entre los nuevos historiadores del pasado siglo. Aunque resulta sorprendente es que esta �resistencia� epistemol�gica, comprensible por los abusos al respecto dela parte m�s conservadora de la vieja historia, asome justamente a la hora de enjuiciar un fen�meno religioso triunfal como es la peregrinaci�n medieval.As� se explica el �xito del Camino de Santiago como fen�meno hist�rico: ora por el apoyo (cierto) de las instituciones religiosas (abades, obispos, Papas) y pol�ticas (monarqu�as peninsulares y europeas), ora por el desarrollo econ�mico plenomedieval, postergando el estudio de lacreencia y su lugar hist�rico a lo individualy descriptivo (tipolog�a de las motivaciones del peregrino), de manera que la �nica influencia hist�rica del factor religiosoque se reconoce es institucional: la Iglesia y sus instituciones promoviendo el Camino. Notoria desaparici�n conjunta de lo colectivo y de lo mental del esquema explicativo que se debe disculparpor las limitaciones e inconsecuencias de lahistoriograf�a del momento, que ahora toca superar.

 

No pretendo enfrentar, por supuesto, el determinismo de la mentalidad al determinismo del poder o al determinismo de la econom�a, somos partidarios de explicar las causas hist�ricas de manera mixta, compleja, global, sin caer naturalmente en el indeterminismo posmoderno, articulando y entrelazando los imaginados niveles de la realidad sin eludir, en cualquier caso, la jerarquizaci�n de las causas y sus interrelaciones en funci�n de la especificidad del hecho analizado.

 

En el caso que nos ocupa, la creencia colectivano s�lo es el punto de partida de la peregrinaci�n, tambi�n es la base de su desarrollo y de su decadencia posterior, algo as� como la base de una pizza, si podemos servirnos de un s�mil prosaico. Sin la masividad y persistencia de la movilizaci�n religiosa hacia Compostela no se habr�a enarbolado en la guerra contra el Islam el estandarte de Santiago matamoros, ni gritos de combate que lo invocan, ni apariciones milagrosas tipo Batalla de Clavijo; tampoco hubiera habido el celebrado desarrollo urbano y comercial a lo largo del Camino: sin la religiosidad y la acci�n colectivas, no habr�a existido un sepulcro de Santiago en el apartado reino deGalicia, ni una red decaminos sagrados que recorrieranEuropa para conducir a las gentes hacia su tumba.

 

Ahora bien, una buena pizza precisa, adem�s de una base, unos ingredientes y una pasada por el horno, donde cuenta el arte del cocinero (metaf�ricamente, elhistoriador), que ha de mezclar todo de tal forma que, si el trabajo se ha hecho bien, no se puede degustar el producto final separando la base y los otros ingredientes, ni estos entre s�,porque entonces el producto pierde todo su sabor y la operaci�n culinaria (historiogr�fica) su sentido.

 

Aplicando la analog�a a las citadas referenciashistoriogr�ficas sobre el Camino, dir�amos que la base religiosa no se puede despegar o aislar de los componentes econ�micos, institucionales y pol�ticos, tanto si hablamos de causas como de efectos, de an�lisis como de s�ntesis, de descripciones como de explicaciones. La creencia colectiva en la autenticidad de las reliquias compostelanas no deviene fuerza hist�rica por s� misma, si no es mezclada con el poder y con la econom�a, la sociedad y la cultura, etc. La secular creencia jacobea se manifiesta y act�a hist�ricamente: gracias a Teodomiro,obispo de Iria-Padr�n, que acept� �o instig�- el car�cter apost�lico del sepulcro romano encontrado hacia 820; gracias a los monarcas que concedieron privilegios a la Iglesia de Santiago, mejoraron las calzadas y otras infraestructuras, favorecieron con exenciones y otras medidas la urbanizaci�n y el comercio, la paz, la justiciay la seguridad en el largo Camino; gracias a la orden de Cluny que foment� la peregrinaci�ny a los Papas que concedieron indulgencias y a�os jubilares; gracias a los movimientos organizados de peregrinos, y a los burgueses que dieron consistencia al itinerario religioso al trasmutarlo en v�a comercial.

 

Siendo lo contrarioincluso m�s cierto, pues los prop�sitos no directamente religiosos, de tipo institucional, pol�tico o econ�mico, de las monarqu�as cristianas,prelados, concejos urbanos o agentes comerciales, pod�an funcionar o no, depend�an de la gente normal, no pod�an cumplirse sin la movilizaci�n religiosa de los creyentes comunes, en tiempos en que el medio habitual de comunicaci�n es la oralidad,y elrumor. La prueba es que otros centros de peregrinaci�n, no menos animados por poderes terrenales, prosperaron menos que Santiago de Galicia, lugar de enterramiento sacro que, seg�n vimos, se ajustaba mejor que Roma o Jerusal�n (oSan Mart�n de Tours, o San Salvador de Oviedo, por hablar tambi�n de peregrinaciones menores) a las necesidades religiosas de los pueblos despu�s de los terrores dela�o 1000, a las necesidades imaginarias del hombre medieval metamorfoseado en homo viator, a las necesidades culturales y mentales de una sociedad que buscaba compensar la feudalizaci�n fragmentadora con nuevas identidades nacionales y -al tiempo que- universales, de cuyo cruce emergi� Europa. Necesidades que transcend�an tanto la econom�a como la monarqu�a y dem�s instituciones.

 

En resumen, la acci�n pol�tica y econ�mica en favor de tal o cualperegrinaci�n funciona en la misma proporci�n �v�ase, si no el fracaso de las cruzadas- en que la piedad popular, de cuya espontaneidad sobran muestras, camina en la misma direcci�n (a menudo, por delante), se extiende y persiste en el tiempo, condicionando decisivamente el �xito de tal o cual medida �desde arriba� (instituciones) o �desde abajo� (econom�a). La trama reticular de los caminos medievales a Santiago de Compostela �el principal y m�s frecuentado se conoce como camino franc�s o v�a francigena- es la consecuencia de una poderosa creencia colectiva con el auxilio vital �aunque menos que el impulso religioso- de instituciones locales, nacionales y europeas,y el empuje paralelo de un sistema feudal en su maduraci�n. Creencia colectiva y pacifista que, entrelazada con el inter�s pol�tico y el auge econ�mico, ayuda grandementea las transformaciones hist�ricas que hicieron del pleno Medioevo europeo un mundo mejor, si lo comparamos con el alto Medioevo, o la llamada Edad Oscura, marcados desde el final del Imperio romano por el retroceso cultural, econ�mico y pol�tico, por la persistente inseguridad, por una profunda crisis de identidad religiosa y comunitaria: problemas todos que la Edad Media, el cristianismo y el feudalismo resuelven al menos por un tiempo (siglos).

 

 

BIBLIOGRAF�A ESENCIAL

 

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