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Entrevistas


Entrevista a Carlos Barros


Entrevista sobre Historia a Debate y el “fraude electoral” en México (por Boris BERENZON) para lista Historia Inmediata 31/7/06 (reproducido en La Jornada, México D.F., 3 de agosto de 2006

 

ENTREVISTA DE BORIS BERENZON (UNAM) A CARLOS BARROS, COORDINADOR DE LA RED ACADÉMICA “HISTORIA A DEBATE” (HAD), SOBRE EL MOMENTO HISTÓRICO POR EL QUE ATRAVIESA MÉXICO COMO CONSECUENCIA DE LAS ELECCIONES DEL 2 DE JULIO DE 2006

1.-  ¿Qué significa en el contexto internacional actual la situación postelectoral de México? 

México juega un papel fundamental entre el Norte y el Sur americano, donde se dirime el lugar real -no discursivo-  de la democracia en la globalización  en curso. Dicho de otra forma, se trata de verificar si, en el actual momento de “giro a la izquierda” de los gobiernos latinoamericanos, en México se va a seguir dificultando la posibilidad del  acceso democrático de la izquierda al poder central. Este nuevo fracaso de la transición a la democracia sería un desastre, no sólo para los mexicanos y su imagen exterior, también para el futuro y calidad de la democracia en América.

2.- ¿Por qué el interés de HAD en este proceso?

 Historia a Debate es un foro y movimiento mundial de historiadores donde no concebimos nuestro trabajo profesional al margen de los hechos históricos que vivimos como ciudadanos globales. De cuya interpretación e investigación nos nutrimos historiográficamente, tratando por nuestra parte de contribuir con perspectivas pasado / presente / futuro que ayuden a los sujetos sociales y políticos a construir  un mundo mejor, ¿para que sirve si no la academia y la ciencia?  Somos críticos con la visión academicista de una universidad separada de la sociedad, de una historia separada del hoy y el mañana.

3.- ¿Históricamente porque sería un retroceso hablar de unas elecciones poco claras en México frente a procesos como el italiano, el francés o el propio español; por qué es importante el voto por voto y casilla por casilla?

 Desde una óptica democrática, y  europea, resulta incompresible que resulte “subversivo” en México demandar el recuento de los votos uno a uno. Por lo que parece, la actual legislación electoral mexicana no garantiza que todos y cada uno de los votos y casillas cuenten de manera directa en el resultado final: una secuela más del régimen de partido único, suponemos. Si a esto añadimos los hábitos generalizados de fraude electoral como demuestran las últimas actuaciones del  Tribunal Federal Electoral, abocado por su propia función y un mínimo de coherencia –semeja ser un órgano del Estado todavía con credibilidad general- a una decisión importante respecto de  las elecciones del 2 de julio. Visto desde fuera, resulta evidente que una mayoría de electores (sumando los votantes que tuvieron las coaliciones del PRD y el PRI, y posiblemente no pocos de los que votaron al PAN) impugnan  la “victoria” de Felipe Calderón que proclamó un Instituto Federal Electoral al margen de los indicios de dudas razonables. En nuestra red ha causado  mucha impresión una denuncia académica de (mal) uso de una fórmula matemática para situar fraudulentamente a Calderón por encima de López Obrador la noche de las elecciones. Si no unas autoridades electorales imparciales y el sentido común de los contendientes no lo impiden,  México irá de una crisis política  a la crisis de Estado, con las implicaciones internacionales que ello supone, incluida la quiebra en el idea democrática de progreso global. 

4.- ¿Qué se entiende por democracia en el momento actual?

Bueno, la administración Bush, y otros en el mundo,  entienden una cosa y el resto otra muy diferente.  Uno de los síntomas del fracaso de la proclamación del “final de la historia” es, precisamente, que muchos tomamos en serio eso de la universalización de democracia. Lo que supone tres cosas: que todos los votos cuentan, también los de las pobres, los “ignorantes”, los inmigrantes y por supuesto los indígenas;  que la soberanía reside en las mayorías sociales que ahora están aprendiendo por fortuna a ejercer sus derechos políticos; y que, en democracia, no pueden gobernar siempre los mismos, debe haber alternancia en el poder, evitando un bipartidismo tipo USA, por supuesto, si se quiere calidad democrática.

5.- ¿Cuál es su visión de la figura de AMLO?

López Obrador parece un político de izquierda moderada, socialdemócrata. Cuya ejecutoria como posible presidente de la república  se parecería tal vez más a Lula o  Kirchner que a Chávez o Morales. Visto desde España, su política reformista se parecerá seguramente más a Felipe González que a José Luis Rodríguez Zapatero, o, siendo optimistas, una mezcla de ambas, porque en México como es obvio están pendientes reformas fundamentales vinculadas a la transición democrática, que no  llegará  a su término, según otras experiencias, sin que las mayorías sociales, y muy especialmente el mundo indígena, se consideren miembros y colectividades ciudadanas de pleno derecho del nuevo México democrático y social. Tarea de Estado que López Obrador podría intentar en mejores condiciones que Calderón, después del limitando balance del gobierno del PAN.  

        La transición en España la inició, en cuanto a partidos, la UCD pero la culminó el PSOE gracias al apoyo popular recibido en 1982. El problema de la democracia mexicana es que determinados poderes, internos y externos, no soportan aún que la izquierda gane unas elecciones a la presidencia. Esos poderes antidemocráticos ya se manifestaron en 1988 impidiendo la victoria electoral de Cuauhtémoc Cárdenas; hay datos que parecen indicar que se está a repetir ahora lo mismo con López Obrador. El caso es que, entre ambos fenómenos electorales, tuvo lugar el levantamiento zapatista de 1994, que hizo llenar el Zócalo con las mismas gentes que, una década después, siguen a López Obrador. Queremos decir con esto que, si se siguen negando las vías democráticas y pacíficas para las necesarias reformas políticas y sociales que necesita México, volverán al primer plano grupos armados con el apoyo de una parte de una frustrada sociedad civil, con prácticas, ideologías y objetivos seguramente  distintos al EZLN.

6.- ¿Cuál es el papel de los historiadores frente a estos procesos?

En Historia a Debate somos partidarios de alargar nuestro objeto de estudio hasta el presente, lo que llamamos Historia Inmediata. Acontecimientos y procesos actuales, inacabados, de relevancia histórica que tenemos que interpretar e investigar con el rigor y la ética que solemos  aplicar, o debemos aplicar, a los temas clásicos del pasado, lo que implica una historiografía comprometida con las grandes valores de la paz, la justicia, la igualdad y la democracia, y, en cualquier caso, una historiografía plural, en continuo debate.

7.- ¿Qué medidas de apoyo tomará HAD frente a este proceso y cuáles serían sus contactos tanto en México como en el mundo?

La red HaD pone en contacto diario a través de Internet unos 7000 historiadores de todo el mundo. México es uno de los países donde la implantación de HaD es mayor, alcanzando a una gran parte de sus universidades. El 10 de julio hemos iniciado un debate de Historia Inmediata sobre la situación en México que seguirá en setiembre, así como una recogida de firmas dirigida al Tribunal Federal en favor de la limpieza electoral. Supongo que las diferentes sensibilidades existentes en vuestro país sobre el proceso están representadas en nuestro foro, si bien por el momento –lo cual no es habitual ni deseable- las opiniones vertidas van en la línea del escrito distribuido por iniciativa de Boris Berenzon, miembro del Grupo Manifiesto de HaD (464 historiadores de 37 países, incluyendo los que coordinamos la red),  claramente comprometido con una “historiografía de valores”  que incluya el presente y el futuro en nuestro ámbito de preocupaciones profesionales y ciudadanas, que nosotros no separamos.

 
 

 

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