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Historia a Debate, un paradigma global para la escritura de la historia*

 

Carlos Barros

Universidad de Santiago de Compostela

 

                   Como he hecho en otras ocasiones con mis conferencias historiográficas, empezaré por el título[1]. Lo primero, hablar de qué significa “Historia a Debate”, si bien en este nuestro tercer congreso, otros  colegas ya han hablado sobre, y desde, la experiencia y la posición de HaD[2]. Por mi parte quiero subrayar aquello que, según yo lo veo, hace de HaD una experiencia internacional hoy por hoy inédita, y nos distingue tanto de otras redes digitales de historiadores[3] como de otros posibles proyectos colectivos de investigación y/o intervención historiográficos[4]: el carácter mestizo y en consecuencia global de HaD (que no es ajeno a su origen latino), puesto que somos ambas cosas al tiempo, red temática y proyecto historiográfico.

 

Foro y alternativa, debate y consenso

 

                   Historia a Debate es bien conocida nacional e internacionalmente como comunidad de intercambio libre y plural de historiadores, lo que no es poco. Somos muchos y compartimos elementos básicos de un nuevo paradigma o consenso que dice y practica, dentro y fuera de Internet, eso de que el saber  y la escritura de la historia también necesitan de la democracia para crecer[5]. Pero, simultáneamente, Historia a Debate eleva la práctica a teoría[6] generando una alternativa historiográfica, plasmada breve y públicamente, en una primera aproximación colectiva, en el Manifiesto historiográfico dado a conocer el 11 de septiembre del año 2001. Eric J. Hobsbawm ha publicado, el 13 de noviembre de 2004, un magnífico Desafío de la razón. Manifiesto para la renovación de la historia[7], confirmando, cuatro años después del Manifiesto de HaD, aspectos importantes de nuestro diagnóstico y alternativa, que nos llevaron a organizar el I Congreso en 1993 y a redactar La historia que viene en 1994, convencidos ya entonces de que lo que Hobsbawm llama la coalición progresista y modernizadora, Annales - Past and Present, “está a la defensiva” desde 1984. Más de veinte años después habría que hablar más bien -añadimos nosotros- de agotamiento[8].  Hobsbawm denuncia incluso una marcha atrás de la historiografía francesa -sin mencionar explícitamente la situación actual en Gran Bretaña- cuando escribe que “los otros componentes de la coalición de entonces renunciaron, como la escuela de los Anales [y el estructural-funcionalismo] a reconstruir el frente de la razón” histórica e  historiográfica.

                   Somos una red de historiadores que ejerce a la vez, pues,  la divergencia y la convergencia, pioneros de una suerte de historiografía deliberativa por oposición a cualquier historiografía integrista (no confundir con integral), basada en la imposición o el dogma de fe, incluyendo la creencia (levemente posmoderna) en la fragmentación como ideal historiográfico. Si nuestra “rareza” como red temática y al mismo tiempo movimiento académico hiciese necesario lemas, este podía ser: debate y consenso, consenso y debate[9]. Entendemos  ‘consenso’ como sinónimo de la nueva acepción que Thomas S. Kuhn, esto es, la historia -y la filosofía-  de la ciencia posterior a Karl Popper, ha atribuido desde los años 60 a la palabra ‘paradigma’: “conjunto de valores y creencias que comparte una comunidad de especialistas”[10]. Con lo que aclaramos el sentido de la inclusión de este término -nuevo, en su significación más compleja, científica- en el título de este trabajo. Una explicación indispensable por si algún oyente o lector piensa que nos estamos refiriendo simplemente a la vieja acepción del diccionario, coloquial, de la palabra ‘paradigma’ como  ejemplo, referencia ejemplar, modelo..., asimismo susceptible de utilización, desde luego subsidiaria del paradigma-consenso, por parte de una historiografía avanzada[11].

                   Si ‘paradigma’ en nuestra estrategia pospositivista viene a ser ‘consenso disciplinar’,  hablar de ‘nuevo paradigma’ no es más, pero tampoco menos, que la proposición, debate y construcción de un ‘nuevo consenso’ para la escritura de la historia (o el ejercicio de cualquier disciplina). Tarea que unos venimos asumiendo conscientemente, otros participan en el proceso sin reflexionar demasiado sobre lo nuevo y específico de la experiencia compartida, y algunos tal vez rechacen[12] (“en lo esencial”[13]) con un grado diverso de conocimiento y buena fe acerca lo que propugnamos y practicamos como Historia a Debate en cuanto a contenidos y formas,  medios y fines, foro y tendencia, en nuestro caso factores interrelacionados. De ahí los permanentes esfuerzos pedagógicos que hacemos con el objeto de clarificar los términos y su función en nuestro proceso de reconstrucción paradigmática, que imaginamos como un serie de anillos entrecruzados de órbitas distintas[14]. Hemos demostrado en la práctica que, después de la crisis de las “grandes escuelas”, la dialéctica  debate / consenso es viable, además de imprescindible, y se puede compatibilizar una discusión constante con la defensa de posiciones claras, al tiempo que complejas. Demostrando una y otra vez que el viejo racionalismo cartesiano no tenía razón cuando decía que si una cosa se opone a otra, una es verdadera y la otra falsa. Después de tanto proclamar  que hay que reflexionar, debatir y acordar, y sin embargo hacer lo contrario (no pensar, discutir sin consensuar, consensuar sin discutir), sabemos que estamos experimentando, aquí y ahora, una nueva frontera historiográfica que prefigura (con bastante anticipación) nuevas formas de producción y difusión de los movimientos académicos e intelectuales.

                   Gonzalo Pasamar insistía en la amigable presentación de esta conferencia[15], que compartimos un acuerdo historiográfico mínimo. Ello dicho en términos de subjetividad, porque objetivamente el consenso se ha alcanzado con el Manifiesto, y más allá con la práctica tan prolongada de la diversa comunidad académica de HaD (1993-2009), no es tan mínimo[16]. El amplísimo margen de autonomía que de manera consciente e individualmente nos concedemos -empezando por el propio coordinador- tiene ver con nuestra variedad en cuanto a origen, ubicación y evolución como miembros del Grupo Manifiesto[17], con el método (dialógico) de trabajo elegido y la complejidad de las tareas reconstructivas historiográficas en un momento de aceleración histórica. Pero si la mirada la dirigimos hacia el conjunto de la disciplina, la valoración de HaD como red temática y tendencia historiográfica es distinta, y puede que esté infravalorada por los propios protagonistas. Visto desde fuera, la interrelación y convergencia historiográficas conseguidas por HaD no son tan mínimas, habría que hablar de máximos paradigmáticos, si tomamos en consideración el actual estado de fragmentación e hiperindividualismo imperantes en nuestra disciplina[18],  precipitados por la crisis de las “grandes escuelas” que la vertebraron en la centuria pasada, y la cierta falta de organización y explicitud en las tendencias historiográficas más actuales[19].

A fin de poder abordar lo que falta por hacer, el balance sobre lo logrado en la primera década de HaD  ha de ser autocrítico pero lúcido, objetivo pero subjetivo, como la escritura de la historia que preconizamos, sin dejar de referirnos a la paradójica situación de brillante estancamiento[20] de una buena parte de nuestra profesión[21]. Conforme HaD se ha constituido en una específica comunidad[22] historiográfica en base a un contacto diario, multilateral y transversal, intra e interdisciplinar, interuniversitario e internacional, establecimos una especie de burbuja, virtual pero también real, que nos puede llevar a aquellos que participamos más del “estilo HaD” a pensar, inocentemente, que todos los colegas se interesan por lo mismo que nosotros en cuanto a formas (debate más Internet igual a democracia) y contenidos (método e historiografía, teoría y compromiso, pasado y actualidad).

 

Historiografía de paradigmas

 

                   Aquí se ha hablado mucho, en comparación con nuestros anteriores congresos, lo que resulta significativo, de la historia de la ciencia que sigue a La estructura de las revoluciones científicas (1962) de Thomas S. Kuhn[23]. La aportación de Kuhn supone, desde luego, un antes y un después para la historia, la epistemología y la filosofía de la ciencia; iba siendo hora, pues, de que suponga algo parecido para la  historia, epistemología y filosofía de la historia como ciencia, dejando atrás la historiografía  de autores y obras de corte positivista (útil pero insuficiente) a favor de un nuevo enfoque que hemos denominado historiografía de paradigmas[24].        Precisamos una nueva historia de la historia, y de los historiadores, centrada en el estudio de los paradigmas colectivos con sus rupturas, continuidades y comunidades académicas correspondientes. Propugnamos una nueva forma de hacer historiografía que tenga por objeto el devenir histórico del conjunto de la disciplina, a través de paradigmas-consensos, mayoritarios versus minoritarios, fruto de la peculiar dialéctica de convergencias y divergencias  de las tendencias que dinamizan la disciplina, alargando el análisis paradigmático hasta las historias e historiografías más inmediatas[25]. Historiografía de paradigmas aplicable, por consiguiente, no sólo al presente -como ya hacemos en Historia a Debate- sino al pasado, y viceversa, a la historia internacional de la disciplina -ámbito preferente de la  nueva historiografía - y a las historiografías nacionales, las tendencias historiográficas e incluso las especialidades temáticas o cronológicas, tratadas ahora de forma interconectada y contextual[26].

                   Desgraciadamente la historiografía que se escribe hoy en día sigue siendo demasiado clásica en su mayoría[27], produciendo en el mejor de los casos balances historiográficos de contenido especializado[28],  abandonando algunos manuales[29]  para la historiografía más reciente la intermedia y meritoria historiografía de tendencias promovida directa e indirectamente por  la nueva historia de los años 60 y 70[30], de cuya ulterior crisis resurgió, junto con la (supuestamente) derrotada historia de los “grandes hombres”, un tipo de historiografía regresiva[31] de “grandes historiadores” que ha borrado del recuerdo académico que éstos no cayeron del cielo son, han sido y serán expresión, mayor o menor, se reconozca o no,  de hondas corrientes colectivas[32]. Los cambios en la percepción de la historiografía vanguardista del siglo XX son claros. En los propios años 70 se veían como corrientes colectivas activas representadas y/o dirigidas por Bloch, Febvre, Braudel, Le Goff.., por un lado, o Pierre Vilar, Hobsbawm, Thompson…, por el otro. Hoy, solamente se les ve a ellos,  y otros,  como  “grandes clásicos” individuales. Retrospectivamente  se olvida frecuentemente, o no se quiere recordar, que en los 60 y 70 lo fundamental era la tendencia colectiva con miles de historiadores de base comprometidos: cuando éstos desaparecen,  queda la punta de icerberg y sus obras personales, como referencia para las futuras generaciones, que les costará entender, como ya pasa, que los autores citados son “vacas sagradas” por lo que representaban, por el apoyo de muchos, no sólo por méritos propios…

                   La cuestión es que, en rigor, más allá del imaginario académico al uso, ni la historia ni la historiografía tienen una “marcha atrás”: la única manera de hacer en el siglo XXI una buena historiografía de tendencias  -lo mismo diríamos de la historiografía de especialidades o de ámbitos geopolíticos (balances historiográficos)- es estudiar la “parte” en la relación con el “todo”, esto es, las interacciones parcial / global, inclusión  / exclusión, sincronía / diacronía de los paradigmas historiográficos. Sin que ello quiera decir, naturalmente, que no valoremos una historiografía puramente descriptiva de autores y obras en un contorno de escuela o especializado, local, regional, nacional o internacional, condición previa a veces[33] para ordenar el material antes de buscar una explicación más profunda y científica de las realidades y los cambios historiográficos. Una historiografía de los paradigmas particulares de una tendencia, especialidad o ámbito territorial, que distinga entre sus paradigmas concretos y los generales de la disciplina, entre paradigmas propios y/o importados, específicos o compartidos con otros movimientos, géneros o espacios historiográficos, ha de valer también para perfilar el paradigma principal o consenso mayoritario de la disciplina[34], objetivo prioritario de cualquier buena historia o epistemología de la historia, sobre todo cuando atravesamos un periodo de crisis, “ciencia extraordinaria” o rivalidad de paradigmas como es nuestro caso, hoy por hoy.

                   Privilegiando el trasvase historiográfico,  epistemológico y teórico entre las diferentes ciencias, disciplinas académicas y/o saberes culturales[35], la historiografía de paradigmas que venimos practicando cuestiona, ensancha y pone al día, desde el mundo académico latino, la vieja y fructífera idea de la interdisciplinariedad[36]. El intercambio igual con la nueva filosofía e historia de la ciencia ha alumbrado un nuevo tipo de interdisciplina destinado a reforzar, en lugar de fraccionar[37], la identidad de la disciplina de los historiadores[38], amenazada en su unidad interna  por exceso de especialización, en tanto que objeto y sujeto de nuestro trabajo profesional. Coherencia disciplinar muy craquelada en el pasado siglo  por el fracaso final de la “historia total” y las prácticas de intercambio desigual con otras ciencias, disciplinas y saberes, que contribuyeron a minusvalorar el rol del pensamiento histórico en la investigación histórica, abriendo camino al retorno posterior de la historia “tal como fue”[39].

                   Si algo debiéramos haber aprendido los historiadores  en más de cien años de existencia profesional, investigadora y docente, es que el desprecio positivista por la dimensión intelectual, reflexiva y autorreflexiva, del trabajo global del historiador,  ha impedido afrontar con éxito el reto crucial de combinar unidad disciplinar y crecimiento bibliográfico especializado. Por otro lado, los actuales partidarios o practicantes “inconscientes” del retorno a Ranke  no  perciben -o tal vez sí, y no les importa- hasta que punto el reduccionismo empirista, y la ausencia de inquietud conceptual, historiográfica y de debate, han beneficiado -y benefician- una interdisciplinariedad disolvente. La falta de hábitos e inquietudes teóricas, historiográficas  y metodológicas, nos hizo finalmente vulnerables ante otras disciplinas como la sociología, la antropología, la filosofía…, encantadas -lo digan o no- en relegar a los historiadores de oficio -con la complicidad de los más positivistas-  a una suerte de técnicos proveedores de datos, negando simplemente la parte más intelectual de nuestro trabajo[40]. Llegando a ser presa fácil de quienes influyen o quieren influir malintencionadamente en la escritura de la historia, desde otra disciplina, saber o práctica sociocultural, incluyendo a literatos, políticos y periodistas[41]. La solución no es, por descontado, volver atrás y enrocarse en los búnkeres individuales y especializados de una historia academicista, alejada de cualquier otra especialidad y disciplina, sino pensar, replantear y acrecentar, hacia dentro y también hacia fuera, el concepto y la práctica de la interdisciplinariedad en el siglo XXI.

                   Es menester, en resumen, estimular y propagar el rearme epistémico en todas sus dimensiones iniciado en el seno de HaD de lo que hemos tradicionalmente llamado “historia científica”[42] a fin de contrarrestar las presiones que buscan devolver la escritura de la historia a su etapa pre-paradigmática, literaria ficcional, o a un positivismo del siglo XIX al servicio preferente de los viejos Estados nacionales, paradójicamente revividos por las globalizaciones en curso. En 1994 escribíamos que “el historiador del futuro reflexionara sobre metodología, historiografía y teoría de la historia, o no será” [43]: doce años después podemos constatar con alegría (avances del nuevo paradigma) y pesar (retorno visible al positivismo) que el futuro nos ha alcanzado.

Tres cosas hemos aprendido en estos largos años de dedicación historiográfica: la reflexión del historiador debe ser inmediata[44], colectiva (congresos, debate, manifiesto, presentaciones) y estar vinculada a la práctica empírica, que ocupa a la mayor parte del tiempo de trabajo individual de los historiadores de oficio, sujeto y objeto de nuestra labor historiográfica. Nos hemos preocupado, desde 1993, por incorporar historiadores de base a la reflexión historiográfica y el debate sobre el método y la teoría, así como por ofrecer una plataforma internacional a colegas reconocidos con alguna dedicación historiográfica, y lo seguiremos haciendo, aunque nuestra voluntad de futuro nos lleva a procurar la contribución de historiadores más jóvenes, que tienden a ser  mayoría en la nueva historiografía digital y en nuestras actividades más convencionales. Desde el I Congreso desciende la edad media de los ponentes en nuestros sucesivos congresos, y la nueva sociabilidad académica digital de funcionamiento continuo está en si misma condicionada por el relevo generacional. La historiografía digital  está cargada de futuro: es la forma que se impone de relacionar académicamente lo individual y lo colectivo, trabajando en tiempo real, potenciando nuevas formas de comunicación académica como mensajes cortos y espontáneos, audios y vídeos, mesas de presentación, manifiestos en red…, con reconocimiento curricular en retraso (prueba de su novedad), todo hay que decirlo[45]. Dos tipos de actividad, clásicas[46] e innovadoras, necesariamente complementarias, salvo que logremos en adelante una parecida eficacia comunicadora orientada a la reflexión, el debate y el consenso, mediante intercambio en la red de redes de papers, artículos y libros,  aprovechando la espectacular difusión de publicaciones que, de manera imparable[47], viene implementado la red[48].

 

Nuevos paradigmas, historia y ciencias sociales

 

                   Cuando redactamos después del I Congreso, 16 tesis para una alternativa historiográfica con el título prospectivo de La historia que viene[49], estábamos  vagamente insatisfechos por la falta de nuevas iniciativas, a principios de los años 90, por parte de Annales y Past and Present, ante la “crisis de la historia” y los nuevos desafíos, que contrarrestasen el retorno anunciado de la vieja historia (H. Coutau-Begarie, 1983) y una posmoderna (avant la lettre) histoire en miettes (F. Dosse, 1987)[50], movimientos historiográficos de carácter global[51] que afectaron de manera señalada -por su vanguardismo anterior- a la historiografía francesa, que actuó típicamente como termómetro anticipador. En mi inicial intervención oral[52] en el I Congreso, que aparece en el programa como La historia que viene: balance, innovación, compromiso, reivindicaba todavía -no sin nostalgia- volver a cierta convergencia entre el marxismo historiográfico y  Annales[53]. Pero esta primera versión de La historia que viene que se transformó, después de la experiencia relativamente frustrante del  congreso de 1993[54], en la propuesta, influida por viejas y renovadas lecturas de la nueva historia de la ciencia, de un cambio de paradigma historiográfico que dio sentido y orientación a los siguientes congresos de Historia a Debate[55], nos impulsó a asumir Internet -generando una de sus primeras redes sociales, anterior a Facebook (2004)[56]- y otras novedades. Simultáneamente, una parte nada desdeñable -por su representatividad más que por su cantidad[57]- de la historiografía  annaliste y marxista siguió girando[58], dentro y fuera de España, hacia la tradicional[59] historia biográfica, acontecimental y rankeana, aceptando como inevitable e incluso  provechoso (si “todo vale”, también vale la “vieja historia”) una progresiva especialización, pluralización y dispersión de temas, enfoques y métodos, que engendró un vacío que justificó y animó el crecimiento de Historia a Debate.

                   Tengo que confesar ahora que, a fuer de pionero me sentí en alguna forma incomprendido[60] al lanzar, a mediados de los 90, la necesidad y la posibilidad de avanzar colectivamente hacia un nuevo paradigma historiográfico[61], cuando tenían aún alguna actividad organizada las  “grandes escuelas”[62], el retorno de Ranke no era tan evidente, no se trabajaba en red[63] y la globalización alternativa tampoco se había manifestado (Seattle, 1999). Tres lustros después nos sentimos ampliamente reconfortados cuando encontramos, a través de Google[64] (13/7/09), en la red de redes 1.820.00 referencias a los términos “nuevo paradigma”, y 7.240.000 si indagamos por “new paradigm”. Concretando más y buscando textos que contengan “nuevo paradigma historiográfico” encontramos 47.900 enlaces,  y diez veces más (448.000) si  ponemos las palabras en inglés[65]: en ambos casos, el primer link seleccionado por los buscadores[66] es mi artículo Hacia un nuevo paradigma historiográfico (1999), y su versión inglesa Towards a New Historiographic Paradigm[67]. Siguen a continuación referencias digitales a otros textos y actividades vinculados a HaD.  Se trata, pues, de una terminología científica, educativa y divulgativa cuya utilización se ha generalizado, exponencialmente, en la primera década del nuevo siglo, para entender e intervenir en el cambio de paradigmas que están viviendo hoy múltiples disciplinas, saberes, prácticas culturales y técnicas[68]. El haber acertado nosotros tan tempranamente con las categorías adecuadas para el análisis histórico –incluyendo la inmediatez[69]- de la escritura de la historia, nos sitúa en la delantera de un giro inevitable de la mentalidad científica en el siglo XXI.

                   Las nuevas formas de medir el impacto público y académico[70]  vienen a ratificar y ampliar el peso actual del universo español y latinoamericano, representado por HaD,  en la renovación historiográfica internacional, sin precedentes en la “historia de la historiografía”[71], cuyo fundamento reside en la justeza del uso anticipado y original (no mimético) del instrumental revolucionario de la epistemología y la historia de la ciencia según Kuhn[72]. Ventaja historiográfica latina todavía más relevante si consideramos el lento, escaso y confuso desarrollo de otras ciencias humanas y sociales[73], a la hora de adaptarse al profundo, inacabable y paradójico proceso de cambio histórico que ha seguido a la caída del Muro de Berlín.

                   El millonario número de citas digitales de las palabras ‘nuevo’ y ‘paradigma’ en un mismo texto, juntas o separadas, tiene causas varias que debemos relacionar: 1) la cada vez más usual identificación entre ambos  términos[74]; 2) lo novedoso y actual se manifiesta  principalmente en los nuevos espacios salidos de las nuevas tecnologías de la comunicación; 3) el enfoque paradigmas se está aplicando a las ciencias y las humanidades, los saberes y las prácticas, pero también a los objetos de estudio, a la misma realidad y su historia[75]; 4) se entiende por ‘paradigma’ más lo que dicen los diccionarios (modelo, referencia ejemplar, cuando no dogma o pura teoría)[76], que la acepción de la ciencia pospositivista; 5) reduccionismo conceptual éste que, junto con el espectacular avance de la fragmentación, induce a valorar y comprender los cambios de paradigmas solamente en una parcela académica, autocalificándose de “nuevo paradigma” propuestas de tipo temático o metodológico especializado, olvidando -en la hipótesis de que se  sepa- el concepto primordial  de ‘paradigma’ como epistemológico conjunto de valores y creencias que comparten una comunidad de especialistas de una disciplina determinada[77]. Vemos muy positivo, así y todo, de que se divulgue tan pródigamente la palabra ‘paradigma’ vinculado a lo ‘nuevo’[78], ya que manifiesta, se quiera o no, una honda tendencia colectiva  de que nuestras disciplinas no queden académicamente rezagadas de las grandes transformaciones históricas e historiográficas en curso.

                   En fin, las palabras se adelantan a los conceptos y sólo una parte de lo que encontramos en la red de redes bajo la etiqueta de “nuevo paradigma” se refiere, en rigor, a una nueva matriz disciplinar (sinónimo kuhniano de ‘paradigma’), a un consenso o propuesta de consenso orientada, de entrada e independientemente de los resultados[79], a la comunidad académica como un todo, con el objetivo -compartido con otras tendencias divergentes / concurrentes- de rebasar las reconocidas “crisis”[80] de la historia y demás ciencias humanas y sociales, respondiendo a los retos del cambio de siglo.

                   Podemos  definir los nuevos paradigmas históricos en marcha como propios y/o originados en otras disciplinas, importados de otros países -siguiendo el viejo esquema- o surgidos de las diversas realidades históricas y académicas nacionales o geolingüísticas: balance mixto de intercambio Import-Export de algún modo inexcusable en tiempos de interconexión  y globalización.  

                   Veamos algunos ejemplos de nuevos consensos o paradigmas, diferentes a Historia a Debate, de origen estadounidense[81], transdisciplinares, con alguna influencia en el campo de la historia: 1) El posmodernismo como “nuevo paradigma”[82], que se ha extendido, a partir de la literatura, la teoría y la crítica literarias, por medio de la epistemología y de las propuestas concretas de “giro lingüístico” y “estudios culturales”, al resto de las humanidades y las ciencias sociales[83]. 2) El neoinstitucionalismo de los economistas que, dejando atrás el neopositivista cuantitativismo y desde una crítica inicial a la economía clásica, se ha difundido hacia la ciencia política, la sociología o la historia[84]. 3) El “nuevo paradigma educativo” de origen pretendidamente constructivista,  muy relacionado con la enseñanza laboral y empresarial y con bastante peso por causas exógenas entre especialistas en pedagogía  y didáctica[85]. Pensado para la enseñanza secundaria es ahora de “obligado cumplimiento”,  desde la Declaración de Bolonia (1999), en Europa y sus enseñanzas universitarias.

La conversión del new paradigm in education en “paradigma oficial” de la Comisión Europea, ha alterado evidentemente las condiciones del debate y la libre generación del consenso, propios de una definición más académica y democrática de la noción de ‘paradigma’. Tiene mucho interés, con todo, esta “propuesta” de un nuevo paradigma de raíz unidisciplinar (didáctico) y proyección transversal, que busca responder a la crisis paradigmática de la escuela con un apoyo decisivo te tipo administrativo e institucional[86]. Pecado original que nos llevó a proponer, en 2007, ante su aplicación a la enseñanza de la historia, una depuración constructiva de los elementos posmodernos (v.g., el profesor como un desvalorizado y pasivo “facilitador”),  empiristas, instrumentales o tecnocráticos (enseñar competencias[87], olvidando los saberes). Urge vincular, pues, el “nuevo paradigma” de las competencias a la educación en valores,  actualizando críticamente lo que aprendimos de las “nuevas escuelas” del siglo XX (Dewey, Bruner, Piaget, Freire, Vigotsky…). De forma que sea posible hacer frente, y superar, dos problemas muy vinculados: el retorno de la escuela tradicional, y graves dificultades socioeducativas como indisciplina, acoso escolar, brecha digital, violencia, drogas, desempleo y desmotivación. En definitiva, nos planteamos transformar un paradigma-modelo impuesto, “desde arriba”, por un paradigma-consenso engendrado, “desde abajo”, que recoja del primero lo mejor y no renuncie a influir en las directrices oficiales,  sobre todo a través de la rectificación  de una puesta en práctica que depende, y mucho,  del profesorado y las comunidades educativas.  A tal fin hemos aplicado la experiencia de análisis, crítica e intervención paradigmática de Historia a Debate a la  tendencia actual de la didáctica anglosajona de la educación en  competencias, elaborando un texto pensado para discutir y redefinir el nuevo paradigma de la enseñanza de la historia, en el marco de nuestro Manifiesto historiográfico: Propuestas para el nuevo paradigma educativo de la historia[88].

                   Desde el II Congreso, al tiempo que la Unión Europea aprobaba la Declaración de Bolonia donde se toma como referencia una didáctica  claramente inclinada a las  “competencias”, el mercado  y la “competitividad”,  hemos prestado creciente  atención metodológica y teórica en Historia a Debate a la enseñanza de la historia[89], concluyendo que era necesario relacionar más estrechamente la nueva historiografía  con la didáctica de la historia, demanda a la que tratamos de responder sin recetas, aportando praxis y proposiciones, animando a los profesores  de secundaria a construir con nosotros,  investigadores y profesores de enseñanza superior, desde un ámbito latino y global, un nuevo paradigma válido para la historia enseñada conectado con el nuevo paradigma historiográfico[90].

En contraste con los tres nuevos paradigmas citados, de origen estadounidense e importados de otras ciencias humanas, el nuevo paradigma historiográfico de Historia a Debate responde, tanto en su versión explícita como implícita[91], a una iniciativa euroamericana, española y latina, que: 1) tiene híbridas raíces teóricas, intelectuales e historiográficas (Annales, marxismo, ciencia pospositivista, y otras) procesadas críticamente desde un historiografía inmediata; 2) dialoga permanentemente con otras propuestas actuales, generales y parciales, asumiendo unas partes y criticando otras[92], desde una posición base (epistemológica) de carácter mixto pero sistémicamente coherente[93]; 3) aplica creativamente las infrautilizadas posibilidades[94] de la globalización de la comunicación, la academia y la sociedad de nuestro tiempo; 4) construye, en definitiva, un nuevo consenso disciplinar con componentes diversos, multi  e intradisciplinares, desde una óptica sintética y global, sin perder de vista la experiencia acumulada durante más de un siglo por la historia como dedicación, con sus viajes pendulares de la literatura a la historia, de la filosofía a la empiria, de la política a la sociedad, de lo subjetivo a lo objetivo, y viceversa.  No conocemos internacionalmente otro proyecto tan claro de debate y reconstrucción paradigmática global, lo que no quiere decir que no pueda y deba surgir en otros ámbitos y/o disciplinas. Estamos lógicamente interesados en establecer intercambios y alianzas con otras redes y tendencias historiográficas con intereses comunes[95], y lo estamos haciendo, sin renunciar a la discusión y la bilateralidad, para lo cual nos servimos de nuestra original, inacabada y multifacética experiencia, en su forma y su contenido, en su método (digital, comunitario[96], en debate, desde abajo) y en sus resultados. Ahora bien, en lo que podamos representar como adelanto científico social, no todo el mérito es nuestro,  también cuenta el retraso general.

 

Mercado, ficción y positivismo

 

                   Hay que preguntarse, desde luego, porque las comentadas propuestas de nuevos paradigmas de origen norteamericano, no vienen directamente de la historia sino de la literatura o de otras ciencias humanas y sociales. Pasa algo parecido en otros lugares[97]. Una primera respuesta es que la historia académica, a diferencia por ejemplo de la literatura y filosofía (posmodernas), desaprovecha los descubrimientos del físico norteamericano reconvertido hace cuatro décadas en historiador, en su propio país, aplicándolos en el mejor de los casos a “nuevos paradigmas” parciales, que no pueden, ni por lo regular pretenden, dar una solución global,  y  de progreso, a la complicada crisis de la disciplina incubada desde fines del siglo XX. La finalidad especializada de muchas de las proposiciones que se proclaman como  neoparadigmáticas explica que algunas -como la historia de género- fueran en buena medida recuperadas, en medios anglosajones, por el paradigma teórico de la posmodernidad, basado en la  preeminencia del discurso sobre la realidad social. Todavía fue peor lo que pasó con la historia poscolonial india de comienzos sociales y “subalternos” que desembocó, al atravesar el Océano Pacífico, en un fenómeno principalmente subjetivo, lingüístico y cultural -“superstructural”, decíamos peyorativamente en los años 70-  por falta de un paradigma norteamericano avanzado en el que englobarse, donde fuese posible conciliar la óptica subalterna de Gramsci con una alternativa historiográfica y teórica más actual, que combata el colonialismo y los rebrotes neoimperiales tanto en el discurso historiográfico y cultural como en la realidad política, social y económica, pasada y presente.

                   Esta falta de iniciativa epistemológica, global y actual de la historia profesional, más allá de los ámbitos sectoriales[98],  refleja asimismo algo a lo que ya hemos hecho referencia en otro lugar[99]. Trascendentes debates internacionales que han relacionado historia y actualidad, pasado y futuro, filosofía e historia, como el “final de la historia” (1989) o el “choque de civilizaciones” (1996), se lanzaron desde los Estados Unidos pero sus protagonistas (Francis Fukuyama, Samuel P. Huntington) no fueron historiadores sino filósofos y politólogos. El historiador Paul Kennedy[100] lo había intentado meritoriamente años atrás, con menos  éxito, con The Rise and Fall of the Great Powers (1987). Demostrando estos lanzamientos basados en la historia, en cualquier caso, que existen en el centro del “imperio” mejores condiciones objetivas para la irradiación internacional de los debates globales de Historia Inmediata[101]. Es por ello que nos interesa seguir la evolución historiográfica reciente en los EE. UU.[102], por mucho que su influencia sea menor en el ámbito académico en que nos movemos los miembros activos de Historia a Debate.

                   ¿Qué estaría impidiendo a los historiadores norteamericanos jugar un mayor papel internacional de manera directa hablando de historia y actualidad, aprovechando las ventajas que, hoy por hoy, les facilita la globalización[103]? ¿Qué imposibilita  a los historiadores de los EE.UU. aprovechar, como nosotros en el plano iberoamericano, la ventaja histórica del relativo retraso[104] en la producción mundial de novedades historiográficas, antaño procedentes de Alemania (siglo XIX), Francia y Gran Bretaña (siglo XX)? Lo primero que se hizo historiográficamente mal -en la medida en que hubo rational choice- fue la marginación después de la II Guerra Mundial[105] de las nuevas historias europeas, marxistas y annalistes[106]: ello engendró, andando el tiempo,  un bloqueo estéril del debate entre positivismo y posmodernismo[107]. La historia positivista con fuerte y antiguo arraigo en Norteamérica, se ha beneficiado después (años 80) de la decadencia de importantes novedades historiográficas made in USA de los 60 y 70[108], y más aún del auge (años 90) de un neoconservadurismo político y  académico, cultural  y mental, que llegó a su paroxismo con el Project for the New American Century[109], implementado por la Administración Bush y contestado, a partir de la guerra de Irak (2003), por buena parte del universo[110]. Neoconservadurismo ideológico que, incrustado en la cúspide del Estado y con una evidente influencia universitaria, favoreció más que nada una historia simplista de héroes y villanos, grandes hombres, acontecimientos y batallas, de base positivista, sin que el posmodernismo hiciese nada efectivo por combatirla[111].

                   En el contexto “reaccionario”[112] de los años 90 y principios del nuevo siglo, tenemos que reconocer que el efecto principal del debate sobre la historia académica provocado por el posmodernismo en Norteamérica, y sus zonas de influencia, ha sido empujar al conjunto de los historiadores -involuntariamente, suponemos[113]- en los brazos de una Old Old History temida -o deseada- desde hace años[114]. Tan cierto es que muchos de los historiadores de posiciones teóricas posmodernas que investigan historia “en concreto” suelen hacerlo de manera clásica, puramente empírica, cualquiera lo puede comprobar, salvo excepciones que se vuelven raras conforme el retorno de la vieja historia (revalorizada académicamente) y el mercado hacen sonar, al unísono, sus cantos de sirena.

                   Un caso paradigmático de interés general sobre la deriva final de la historia posmoderna es, sin duda, la evolución del brillante historiador angloamericano, Simon Shama, que intentó más que nadie llevar la genuina posmodernidad a la investigación, pasando de meritorios e impenitentes ensayos que igualaban historia y ficción[115] como Dead Certainties : Unwarranted Speculations  (1991)[116] a una entretenida superproducción,  A History of Britain[117] (2000), para la BBC, conmemorativa del nuevo milenio, con un claro enfoque historiográfico de datos y fechas, grandes acontecimientos y  grandes hombres, adobado con curiosas anécdotas, buena escritura y mucho esencialismo de Estado-nación inglés que deja de lado a Escocia y Gales en la historia de la Gran Bretaña[118]. La involución de Shama es modélica por lo que tiene de típica y cualificada adaptación[119] a un mercado que fue premiando o castigando[120] cada una de sus obras, según fuesen más o menos clásicas historiográficamente[121].

                   La confluencia de mercado y ficción empuja par tout a una parte de la historia profesional (otros se quejan de no estar invitados, y la mayoría se mantiene en lo académico) hacia sus primeras certezas (positivistas) y demandas públicas (entretenimiento, pero también función política), con más incidencia si cabe en el país donde el neoliberalismo y el posmodernismo han recibido más impulso,  y donde académicamente las nuevas historias vinculadas al marxismo y Annales no tuvieron, a partir de la segunda posguerra, demasiada fuerza[122] por razones asimismo relacionadas con la historia[123]. En cambio, la historiografía española ha asumido, aunque tardíamente (por culpa de una dictadura)[124], la renovación historiográfica  de Annales y el materialismo histórico, al igual que las historiografías latinoamericanas (en desigual medida, ciertamente). Lo cual contuvo el retorno a Ranke y la historia de las “grandes figuras” en la historiografía académica[125], al tiempo que relegó a los márgenes -si cabe con más fuerza- la pulsión desprofesionalizadora de la  posmodernidad, frustrando el “efecto tenaza” que tanto ha facilitado el “giro conservador” de la historiografía norteamericana y sus zonas de influencia.

                   Contexto distinto que ha permitido,  en la última década, la emergencia en y desde España de HaD y otras dos corrientes historiográficas de ámbito nacional, si acaso más comprometidas políticamente que nosotros: la Idea Histórica de España y la Recuperación de la Memoria Histórica[126]. Tres tendencias verdaderamente actuales que han roto, conjunta y diversamente, con una tradición historiográfica que nos ha hecho depender en el pasado,  para bien  y para mal, de otros países, resultando que todas ellas, y no por casualidad, se sienten, a diferencia de lo que sucede en otros países y lugares, en mayor o menor medida “compatibles” con el marxismo y el annalisme de los años 60 y 70[127].  

                   El hecho comprobado del imaginario y la realidad  “continuista” en la historiografía española reciente no contradice que las instancias intermediarias, empresariales e institucionales, que orientan el mercadeo de la historia hayan impuesto en los lectores, como en otros países, un gusto en buen grado artificial y políticamente interesado[128], por una historia individualista y elitista  manifestada en el auge de las biografías de reyes y otros “grandes personajes”,  desde la “Reconquista  a la “Transición”. Un proceso exitoso anterior, más masivo y menos coyuntural, como la novela histórica muestra  -me refiero a las mejores, de ayer y de hoy-  que el público culto antes bien se interesa por gente como ellos, seres anónimos, humanamente ricos en su relación social, afectiva y política, con un protagonismo regularmente coral que sitúa al fondo… las “grandes figuras”. Todo lo contrario de la ya pasada demanda mediática y política de “grandes biografías”, que ciertamente -una cosa no quita a la otra- ha ganado en algunos caso con sus autorías académicas, pese su lastre original como obras de encargo, cuando no simples empeños comerciales[129].  

                   Descartado por “optimista” que el boom que hemos vivido de la biografía histórica sea debido al “brillante desarrollo alcanzado por la investigación histórica en España”[130], Carlos Martínez Shaw lo vincula con el retorno de la idea histórica de España: el problema de una “naciente” democracia española[131] que tenía que asumir la tarea de “cimentar un nuevo concepto de España que encuentre la aceptación de las distintas sensibilidades ideológicas y regionales"[132]. Todavía estamos lejos de haberlo conseguido, precisamente porque no se trata tanto de una iniciativa académica como política, directa o indirectamente. El impulso que recibió la idea histórica de España con la victoria del Partido Popular en marzo de 1996,  potenció como referentes históricos, mediante  centenarios conmemorativos, a nuestros reyes imperiales (Carlos V, Felipe II, Reyes Católicos[133]) y, por extensión, a la historia de los “grandes hombres”. La participación de importantes historiadores marxistas y analistas de los años 60-70 en este  movimiento, que tuvo y tiene como referencia una remozada Real Academia de la Historia,  no impidió cierto tono general de regreso a la vieja historia de España como reacción a la continua y general influencia historiográfica, desde antes de la transición, de los nacionalismos y regionalismos periféricos, con el frecuente apoyo de sus Comunidades Autónomas. Cualquiera que sea el balance, la irrupción de la Idea Histórica de España llenó con todo un peligroso vacío historiográfico, según denunciamos  en la conferencia de clausura del congreso “La historia en el horizonte del año 2000: compromisos y realidades” (Zaragoza, noviembre de 1995)[134].

La victoria electoral del PSOE en marzo de 2004 implicó un cambio relevador de contexto histórico e interés historiográfico público. La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales abandonó la historia de los “grandes reyes” por aniversarios y temas de la historia de España más diversificados y progresistas, como minorías sociales, Ilustración, República, guerra civil y mayo del 68, ampliando además el abanico temático hacía la historia de la literatura y la cultura iberoamericana, con un perfil de actividades menos llamativo en cuanto a tamaño e impacto[135]. También fue moderado, aunque significativo, el apoyo a las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica, concretado en la Ley de Memoria Histórica de 2007[136]. Podemos decir que el PSOE no se obsesionó tanto como el PP por animar e incidir en la interpretación de la historia de España, que así y todo siguió evolucionando en el último quinquenio con autores más en consonancia con las nuevas circunstancias políticas, sociales y mentales. La Historia de España (Crítica-Marcial Pons, 2007) en 12 volúmenes coordinada por Josep Fontana y Ramón Villares, con la intención lograda, y necesaria, de actualizar las Historias de España de la transición (Miguel Artola, Alfaguara, 1975; Tuñón de Lara, Labor, 1980); si bien adolece de la fragmentación cronológica y temática de este tipo de obras colectivas, además de un excesivo contemporaneísmo[137]. No es el caso de España, una nueva historia (Gredos, 2009), de José Enrique Ruiz Domènec que reincide (reivindicando una “españolidad de izquierdas” y el referente de Américo Castro[138]) en la búsqueda de una interpretación narrativa de conjunto, ordenada eso sí por acontecimientos y grandes fechas, que considera más significativos los elementos comunes que la diversidad en la formación de España, con una clara intención finalmente de que sirva para la comprensión y resolución de problemas actuales. Jalones para una historia plural y común de España en construcción, con la que todos (nacionalidades, ideologías y clases sociales) nos consideremos realmente representados: tarea historiográfica al tiempo que política y social, desde luego.

 

 

 



* Versión escrita, y revisada en el verano de 2009, de la tercera conferencia plenaria del III Congreso Internacional Historia a Debate (coordinado por el propio autor), dictada el viernes, 16 de julio de 2004, a las 16  horas, en el Auditorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago de Compostela (España) y transmitida en directo (video en www.h-debate.com/congresos/3/videos/menu.htm).

[1] La razón es formal y de contenido: conveniente es que la forma del título sintetice el fondo de la intervención, primero oral y después escrita, si bien lo que se requiere en este caso y otros, dada la temática teórico-historiográfica, una explicación adicional a modo de introducción, puesto que nos dirigimos mayoritariamente a colegas de práctica empírica interesados por la disciplina, su situación y  perspectivas, y en menor medida a especialistas en reflexiones sobre la escritura de la historia, a veces de espaldas al oficio, lo que reduce la eficacia de sus trabajos y condiciona sus propuestas.

[2] En el III Congreso, ha tenido lugar por  vez primera una “convocatoria específica” de ponencias acerca de la primera década de experiencia de HaD y su plataforma historiográfica, véase “Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de Julio de 2004)”,  E-l@atina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, Universidad de Buenos Aires, vol. 3, nº 11, abril-junio 2005, pp. 37-51 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/conclusiones.../primeras%20conclusiones.htm); texto asimismo incluido en estas Actas.

[3]  Véase la nota 98.

[4] Si nos resulta difícil encontrar ejemplos, más allá de una actividad académica individual, de proyectos de reflexión y/o  investigación historiográfica de dimensión internacional que traten sobre la situación actual, más todavía que privilegien la relación académica y el debate a través de la red.

[5] Siendo la universidad una institución secular que transmite el conocimiento en función de una  relación desigual (jerarquía triple e interdependiente: entre maestros y alumnos,  entre los propios profesores y entre comunidades académicas nacionales, idiomáticas y continentales), suele pasar desapercibida, a menudo interesadamente, la radical novedad que implica la normalización horizontal y permanente del debate académico, a través de HaD y otras experiencias.

[6] Práctica colectiva internacional que es consecuencia -y causa- de una estrategia historiográfica, metodológica y epistemológica, iniciada con  La historia que viene, 16 tesis redactadas inmediatamente después del I Congreso de HaD de 1993 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/historia_que%20viene.htm); véase la nota 49.

[8] Nos referimos al agotamiento colectivo de Annales (véase la nota 62) y  marxismo como tendencias historiográficas activas, lo que supondría una participación organizada en los debates sobre los paradigmas de la historia en el siglo XXI, más allá por tanto de un saludable continuismo de orden individual que genera innovaciones sectoriales pueden y deben aprovecharse para el gran debate sobre la adecuación de nuestra disciplina a los nuevos retos (véase la nota 57).

[9] Los historiadores que se interesan en HaD por nuestra propuesta historiográfica concretada en el Manifiesto no siempre son los mismos que participan en los debates, y viceversa, si cabe con más razón; igual que  los que  participan a través de la web son distintos de los que lo hacen mediante las listas; tampoco coinciden con frecuencia los participantes en nuestros congresos internacionales plurianuales con los que comparten nuestro trabajo diario en Internet; podríamos representar la nueva forma de sociabilidad académica que representa HaD como un universo pluridimensional (incluyendo lo presencial) de órbitas entrecruzadas,  más allá por tanto de la telaraña (‘web’ en inglés) como metáfora bidimensional que define, de forma harto restrictiva, el ciberespacio.

[10] Es error generalizado, entre quienes que no se han interesado por Kuhn y la nueva historia de la ciencia, reducir el concepto de ‘paradigma’ a lo que viene en los diccionarios tradicionales: “ejemplo, ejemplar, modelo, arquetipo”;  empezando por el Diccionario de la Real Academia Española, que sigue ignorando la nueva acepción epistemológica que, no obstante, se abre paso en actualizados diccionarios online como Merriam-Webster Online Dictionary, The Free Dictionary by Farlex o  Wikipendia.

[11] Las experiencias de las vanguardias historiográficas, teóricas e intelectuales del pasado siglo (marxismo, Annales, estructuralismo, etc.), vista ahora por muchos de sus antiguos seguidores como sectarias o dogmáticas, conduce  a algunos a una errónea identificación de ‘paradigma’ con ‘teoría’ (incluso lo dicen autores que proponen hoy nuevos paradigmas, como Kalmanovitz en la nota 84) en contra de lo que está escrito: “Lo más importante es que los paradigmas no pueden equipararse con las teorías”, Thomas S. KUHN, La tensión esencial, Estudios selectos sobre la tradición y el cambio en el ámbito de la ciencia, México, 1993 (ed. original en inglés, 1977),  p. 376; eludiendo  o ignorando el término de consenso el empirismo fragmentador reinante traduce consciente o inconscientemente paradigma en algo cerrado, coercitivo, de obligado cumplimiento por-no-se-sabe-qué-autoridad, sesgo favorecido por la restrictiva y extendida noción de ‘paradigma’ como ejemplo o modelo, anterior a la nueva acepción del término como consenso o matriz disciplinar; para manejarse con la historiografía de paradigmas léase, cuando menos, Thomas S. KUHN, La estructura de las revoluciones científicas, México, 1975 (ed. original en inglés, 1962), especialmente la posdata de 1969, así como “Las relaciones entre la historia y la filosofía de la ciencia” en la citada obra La tensión esencial; sobre la aplicación actualizada, ampliada y crítica, a la historiografía de los descubrimientos de Kuhn (para nuestras diferencias y desarrollos a sus  aportaciones, ir a la nota 24), véase Carlos BARROS, “La historia que viene”, Historia a debate. I. Pasado y futuro, Santiago, 1995, pp. 95-117; “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”, Medievalismo, Madrid, nº 7, 1997, pp. 235-262; “Hacia un nuevo paradigma historiográfico”, Memoria y civilización, Pamplona, nº 2, 1999, pp. 223-242; así como el punto VI del Manifiesto de HaD y el largo artículo  “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate”, E-l@atina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, UDISHAL, Buenos Aires, vol. 1, números 3 y 4, 2003 (http://www.iigg.fsoc.uba.ar/elatina.htm); para más información (en inglés) sobre el concepto de paradigma y la obra de Thomas S. Kuhn recomendamos, finalmente, visitar http://www.taketheleap.com.

[12] Si bien mantenemos una línea permanente de debate sobre el Manifiesto historiográfico, que va ya en el mensaje nº 184 (18-6-09), la discrepancia frontal es rara, permanece generalmente larvada y/o externa a nuestra comunidad digital, sin que podamos distinguir claramente las diferencias reales de los prejuicios malsanos derivados de la “competencia” propia de nuestro medio ante un fenómeno internacionalmente emergente como HaD.

[13] En el formulario de adhesión al Manifiesto se dice “Sí, coincido en lo esencial con el Manifiesto y deseo suscribirlo”, a fin de dejar a salvo la necesaria e inevitable heterogeneidad de los firmantes, sin la cual hablar de debate, confluencia y consenso no tendría interés ni sentido.

[14] Véase la nota 9.

[15]  Pese a la elaboración posterior en forma académica de este documento, es de nuestro gusto mantener alguna referencia a su origen oral (que agiliza la relación del historiador y su objeto), común a muchos de nuestros trabajos tanto de tema historiográfico como de tema medieval (véanse www.cbarros.com).

[16] En la mesa de presentación de HaD en la Universidad Andina de Quito, el 15 de setiembre de 2005, hemos argumentado el Manifiesto como la punta del iceberg de HaD como movimiento historiográfico (http://www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/quito.htm).

[17] Los firmantes de la plataforma historiográfica de HaD somos producto de una formación más o menos común que, en lo personal, pudo hacernos más inclinados al marxismo, al annalisme, al (neo) positivismo e incluso –más recientemente- a un posmodernismo (llamado crítico), a lo que hay que añadir la disparidad de especialidades académicas y tradiciones geo-historiográficas de pertenencia: de alguna forma las posiciones actualmente en debate, dentro y fuera de HaD,  están presentes en la alternativa de síntesis autocrítica, con nuevas respuestas y nuevas preguntas, que asumimos con el Manifiesto académico de 2001.

[18] El diagnóstico fragmentador es bastante común a otras humanidades y ciencias sociales, aunque más grave para la historia por su función objetivamente social, tal vez por ello desconocemos que en otras disciplinas se estén llevando a cabo esfuerzos de recomposición disciplinar con parecido nivel de ambición y resultados a los que vivimos en HaD.

[19] Carlos BARROS, “Tendencias generales de la historiografía actual" (2008) en www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/caceres/caceres1.htm.

[20] Cualquier somero acercamiento a la bibliografía histórica más reciente en cualquier rama temporal o temática ha de reconocer, en aparente contradicción, su buen nivel académico (super) especializado a la vez que una importante continuidad  en temas y enfoques con la historiografía de los años 60 y 70 y sus secuelas, además de los retornos añadidos de la historia tradicional.

[21] La representatividad y conexiones de HaD remiten a una franja internacional de la comunidad de historiadores, muy  importante por su perfil vanguardista -siempre relativamente- para el futuro de la disciplina, pero cuantitativamente minoritaria, como no podía ser de otro modo, Carlos BARROS, “El estado de la historia. Encuesta internacional”, Vasconia. Cuadernos de Historia y Geografía,  Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, San Sebastián-Donostia, nº 34,  2005 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/estado.htm).

[22] Sentimiento de pertenencia que se refleja de manera directa en las intervenciones de las 87 presentaciones colectivas de HaD a fecha 19/5/09 (www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/menu.htm),  pero también en aspectos y datos como las formas breves y coloquiales  de autodenominarnos (“hache-a-de”, “jad”, “historidebatistas”…), o los mensajes de felicitación que recibimos en el centro de coordinación con motivo de los aniversarios de HaD, fiestas navideñas, pausas veraniegas o muertes de colegas (http://www.h-debate.com/Spanish/aniversarios/menu.htm); por otro lado, y paradójicamente, existe más vida comunitaria entre los miles de colegas que siguen y participan, diariamente, los debates y actividades de la HaD que entre la parte de ellos en principio más comprometida: los 529 firmantes del Manifiesto (Grupo Manifiesto) a fecha de primavera de 2009, salvo un grupo reducido que se mantiene en todo el mundo más en contacto con el coordinador.

[23] Bibliografía mínima sobre Kuhn, y su aplicación a la historia, en la nota 11.

[24] Tres son las razones del nombre que hemos propuesto de historiografía de paradigmas, en lugar de otro aparentemente más lógico por literal como historiografía kuhniana, para denominar la historia de cualquier  disciplina que utilice conceptos creados por Kuhn como ciencia normal y ciencia extraordinaria, paradigma y cambio de paradigmas, viejo y nuevo paradigma, comunidad de especialistas, revolución científica…  1) Devolver las contribuciones de Kuhn al seno de la historia y la historiografía.  2) Marcar distancia con otras lecturas del autor que nos resultan extrañas -aunque legítimas- por su lógica contradictoria (como decir que no es el aplicable a la historia y las ciencias sociales) y por nuestra propia experiencia de aplicación a la evolución reciente de la historia académica. 3) Incorporar cinco elementos que matizan, rectifican o van más allá, de la alternativa analítica y epistemológica pospositivista lanzada por Thomas S. Kuhn en el contexto historiográfico tradicional, positivista, de los años 60 en EE. UU.:  a) subrayar la sinonimia paradigma, paradigma común, paradigmas compartidos; b) redefinir ‘revolución científica’ como un proceso complejo de rupturas y continuidades; c) revalorizar la interacción entre comunidad de especialistas y sociedad; d) sostener la importancia del debate en periodos de ‘ciencia normal’, y no sólo en periodos de crisis o “ciencia extraordinaria”; e) incluir de manera destacada el presente disciplinar y social (véase la nota 69) en el análisis histórico de paradigmas, entendido éste como una investigación participante y dialógica donde se propongan y promuevan nuevos paradigmas, sobre todo en tiempos críticos de  rivalidad de paradigmas.

[25] Realmente, nosotros hemos comenzado por lo inmediato, urgidos por la crisis finisecular de la historia, que nos ha obligado a una revisión kuhniana de la historiografía del siglo XX (véase “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”, Medievalismo, Madrid, nº 7, 1997, pp. 235-262 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/paradigma_comun.htm), en una suerte de historiografía regresiva (parafraseando a Bloch) que podría llegar con los interrogantes e influencias actuales hasta los orígenes más remotos de la historia, previos a la historia como ciencia; sean, de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante, la historiografía de paradigmas, ha de aprovechar y revisar los viejos y sectoriales análisis de autores, obras y escuelas, en los que se basan por cierto la práctica totalidad de los manuales al uso para la enseñanza universitaria de la metodología histórica, la historiografía y las tendencias historiográficas.

[26] La aplicación de los nuevos conceptos de paradigma, comunidad de especialistas y revolución científica, a una parte concreta, recortada, de la profesión sólo tiene sentido mediante un enfoque relacional (nada fácil para la mentalidad académica parceladora y cartesiana en la que hemos sido formados) con otras tendencias, historiografías nacionales, áreas y, ante todo, con el conjunto de la matriz disciplinar, sin olvidar la posible conexión con la sociedad (movimientos), la política (partidos) y la economía (mercado).

[27] Podemos presumir al respecto de la excepcionalidad mundial de los macrocongresos de  Historia a Debate, y de la obra historiográfica –y docente- de los colegas más vinculados a HaD, si bien queda mucho trecho para implementar nosotros mismos en la llamada “historia de la historiografía” las tres herramientas conceptuales citadas en la nota 26 (mejor aún con las cinco matizaciones de la nota 24), cuya eficacia está sobradamente probada por el mismo éxito colectivo de HaD como tendencia historiográfica actual y comunidad académica de nuevo tipo.

[28] Los balances de tipo cronológico y descriptivo sobre autores y obras de determinado tema o período temporal, son bien útiles para extraer bibliografía y enseñanzas para las investigaciones especializadas, y nos pueden servir como fuentes para una historiografía más avanzada (sea de tendencias, sea de paradigmas), pero  son también una forma de santificación de una fragmentación historiográfica que sólo HaD ha ido superando, no sin dificultades, de  Congreso a Congreso; véase el punto primero de las  “Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de Julio de 2004)”, loc. cit.; lo cual no quiere decir que los componentes de HaD no participemos como historiadores empíricos en mayor o menos medida del demigajamiento general; eso sí, somos pecadores, lo proclamamos y tenemos un claro  propósito de enmienda, lo que no es poco si se comparamos con la autocomplaciencia conformista de tantos retornados y posmodernos.

[29] El problema se agudiza cuando las empresas editoriales “encargan” manuales para el mercado generando por asignaturas como “Tendencias historiográficas actuales” (plan anterior a Bolonia), y nuestros urgidos y bienintencionados colegas ofrecen como tales “tendencias” fragmentos especializados o simples líneas de investigación, normalmente con una antigüedad de más de una década, obviando referirse -al menos, descriptivamente- a las verdaderas tendencias actuales tanto nacionales  como internacionales (véanse la notas 19 y 126).

[30] Autocríticamente tenemos que reconocer que la escasa pero valiosa (auto) historiografía  que nos legaron los promotores de Annales y el marxismo historiográfico, animando en su momento publicaciones e induciendo incluso manuales que describían el  cambio historiográfico por corrientes, cayó en el defecto de analizar, en los años 60, 70 y principios de los 80, las nuevas tendencias  aisladas entre sí, haciendo más hincapié en los disensos que en los consensos, desentendiéndose en definitiva del estudio de la disciplina en su conjunto, sus paradigmas compartidos y su relación dinámica con la sociedad; el fracaso colectivo del paradigma compartido de la “historia total”, y las supervivencias positivistas en general,  impidió que a plantearse una “historiografía total”: de ahí la doble novedad de la historiografía de paradigmas y global que propugnamos, que también denominamos “nueva historiografía”, para distinguirnos de los años 60 y 70.

[31]  Véase la nota 25.

[32] Con la finalidad de recobrar este aspecto clave de la memoria historiográfica hemos incluido, por motivos didácticos e investigativos, en el III Congreso una mesa redonda sobre “Tendencias colectivas y ‘grandes historiadores’ en la historiografía” (publicada en este mismo tomo I de las Actas), considerando  la dimensión que ha alcanzado el olvido del papel de la representatividad colectiva en el prestigio reconocido de los historiadores más conocidos, sobre todo internacionalmente; véase al respecto el apartado IV.1 sobre “historiografía colectiva” en Carlos BARROS, “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate, Historiografía crítica del siglo XX  (Boris Berenzon, comp.), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, pp. 427-443 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/defensamanifiesto.htm).

[33] Nosotros hicimos algo mucho mejor para analizar la historiografía actual: una encuesta internacional  1999-2001 (véanse las notas 21, 43).

[34] Desde que iniciamos nuestra tarea de recomposición historiográfica hemos denominado “paradigma común” o “paradigmas compartidos” al paradigma o consenso general de una disciplina en un momento dado, constituido a su vez por paradigmas singulares como la historia económico-social, la relación pasado/presente/futuro, la historia total, la interdisciplinariedad, etc., de la nueva historia de los años 60-70; véase Carlos BARROS, “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”, Medievalismo, Madrid, nº 7, 1997, pp. 235-262 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/paradigma_comun.htm).

[35] Kuhn disuelve por definición las fronteras en cuanto a epistemología e funcionamiento historiográfico entre ciencia e historia, y en menor medida también entre ciencia y arte, como se puede comprobar leyendo el primero  (historia y ciencia) y el último (ciencia y arte) de los artículos de La tensión esencial; no compartimos, sin embargo, las diferencias que establece entre científicos y artistas sobre el papel de las vanguardias, una razón más para redefinir y ampliar sus revolucionarias propuestas que tienen ya una antigüedad de más de 50 años (se trata de una consecuencia de la diferencia número cinco  que mantenemos con el  pospositivismo kuhniano, véase la nota 24).

[36] En el punto IV del  Manifiesto historiográfico planteamos extender  la tradicional colaboración de la historia con las ciencias sociales en cuatro direcciones: 1) filosofía y epistemología de la ciencia, en primer lugar; 2) ciencias de la naturaleza, más cerca que nunca hoy de las ciencias humanas; 3) literatura, arte y otras humanidades, sin caer en la pura ficción; 4) ciencias de la comunicación, indispensables en la sociedad de la información.

[37] La interdisciplinariedad propuesta por los fundadores de Annales, causa y efecto del largo  impulso de renovación de esta escuela y de otras nuevas historias, tuvo, como es bien sabido, el efecto perverso de la segmentación de los estudios históricos, incrementada exponencialmente por la crisis de la “revolución historiográfica del siglo XX”  y la influencia posterior de una posmodernidad que justifica y promueve el despiece de la historia como disciplina.

[38] Hemos planteado la urgencia de volver la interdisciplinariedad hacia el interior de la historia (intradisciplinariedad) como disciplina académica y científica en el punto 11 de La historia que viene (1994), en el punto IV del Manifiesto historiográfico (2001) y más extensamente  en Carlos BARROS, “La historia mixta como historia global” (2002) en www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/historia_medieval/mixta.htm.

[39] Está por ver el futuro estatus académico y la correlación entre este retorno conservador y las otras tres tendencias historiográficas actuales, más o menos organizadas, que nombramos en el preámbulo del Manifiesto historiográfico (nuevo paradigma, continuismo marxista-analista y posmodernismo; véase asimismo la nota 19); hemos planteado en otro lugar (“X Aniversario de Historia a Debate: balance y perspectivas”, I Jornada Historiográfica de Historia a Debate, Biblioteca Nacional de México, 1 de setiembre de 2003) las coaliciones que se están estableciendo prácticamente entre partidarios de nuevos paradigmas y continuadores de las pasadas nuevas historias, por un lado, y  retornados a Ranke y posmodernos (sobre esta convergencia paradójica volveremos más adelante), por el otro. 

 

[40] Incluso un filósofo tan avanzado como Jürgen Habermas ha defendido esa peculiar división del trabajo entre la historia y otras ciencias sociales, contradiciendo a los propios fundadores del marxismo: “La investigación histórica cumple una función instrumental…. para la comprobación (y desarrollo posterior) de teorías científico sociales (…) la historia, como tal, no es susceptible de teorización”, La reconstrucción del materialismo histórico, Madrid, 1986 (10 ed. en alemán, 1976), pp. 183, 185.

[41] Es por ello que practicamos una historiografía de valores de carácter universal, contraria por consiguiente a cualquier monopolio académico o marginación historiográfica de los sujetos actuales: la historia la hacemos todos y es de todos, no cuestionamos a nadie el derecho a incidir sobre la historia que se hace, se escribe y se recuerda, más bien lo contrario, pero tampoco aceptamos que se limiten, condicionen o cuestionen nuestros deberes (públicos) y derechos (autónomos) como profesionales de la historia, incluido el devoir de mémoire; véase Carlos BARROS, “La Historiografía y la Historia Inmediatas: la experiencia latina de Historia a Debate (1993-2006)” en  www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/Toulouse/Toulouse_es1.htm.

[42] Suelo emplear poco, cuando hablo y escribo, el nombre de “historia científica”, huyendo de malentendidos con el cientifismo de la historia positivista universal, la historia-ciencia social neopositivista (USA) o algunas definiciones objetivistas divulgadas por parte de Annales y el marxismo historiográfico, que contribuyeron a sus crisis finiseculares; véanse los puntos 3 (“Es una falsa alternativa decir que la historia, como no puede ser una ciencia ‘objetiva’ y ‘exacta’, no es una ciencia”) y 4 (“La redefinición de la historia como ciencia y la nueva física”) de La historia que viene; así como el audio y el vídeo de la conferencia Por un nuevo concepto de la historia como ciencia (2005) en http://www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/quito.htm.

[43] La frase corresponde al encabezamiento del punto 13 de La historia que viene (1994), que no fue incluido en su literalidad, pero si concretado y desarrollado en el primer borrador del Manifiesto de Historia a Debate (2001); pensaba entonces que podía ser una formulación excesivamente exigente y radical para el consenso amplio que queríamos construir,   pueda que me haya equivocado porque el análisis (posterior) de los resultados de nuestra Encuesta Internacional 1999-2001, sobre el estado de la historia (http://www.h-debate.com/encuesta/resultados/epigrafes.htm), mostró claros y altos porcentajes bastante-mucho en las respuestas a la pregunta 24 sobre el interés que tiene para el historiador profesional la reflexión metodológica (56 %), historiográfica (55%) y teórica (44%); en todo caso, en la última década, también creció (fuera del ámbito de HaD y su encuesta) el numero de colegas partidarios -aunque no lo digan- de una historia puramente empirista que piensa, muy escasamente o nada, sobre el método, la historia de la disciplina y la teoría de la historia (véase la nota 39). 

[44] Lo urgente historiográficamente es saber dónde estamos y adónde vamos, incluso adónde nos lleva cada una de las tendencia en liza, desarrollando capacidades colectivas de discernimiento que desbordan la percepción personal, lo que exige revisitar críticamente la historiografía de dónde venimos.

[45] Los jóvenes historiadores o futuros historiadores que participan activamente en la red de HaD, no siempre coinciden con los que toman parte con comunicaciones en los congresos (igualadas a las ponencias desde HaD II): sectores ambos necesarios para influir en el relevo generacional en marcha en nuestra disciplina (véase sobre el relevo generacional el punto XII del Manifiesto de HaD).

[46] En la medida en que los Congresos de HaD  son actividades “clásicas”, más allá de lo formal, pues sus temáticas para nada son usuales y convencionales, ni podemos considerar habitual y tradicional el peso del debate en nuestra práctica congresual, su menor jerarquía y el lugar creciente que ocupa Internet en la preparación y la difusión; véase el apartado “Congreso diferente” en “Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de Julio de 2004)” (2005) en www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/conclusiones.../primeras%20conclusiones.htm.

[47] Marca el camino la masiva digitalización de libros por parte de Google, siete millones en el verano de 2009, y el subsiguiente paso -iniciado por Amazon- de ofrecer por Internet libros recién editados a menor precio que en papel.

[48] Predicando con el ejemplo, hemos creado el 21/2/00 una página web personal, www.cbarros.com (conectada ahora a www.h-debate.com) con 80 artículos, conferencias y trabajos breves y largos sobre reconstrucción paradigmática, historiografía, metodología, historia medieval e historia de Galicia, que ha recibido 388. 0126 visitas totales hasta julio de 2009; una parte importante de estos trabajos de investigación y reflexión son consecuencia de mi función como fundador y coordinador de Historia a Debate, y tienen como fin divulgar y acompañar, dilucidar y orientar nuestro movimiento académico internacional;  tan extraordinaria difusión de los trabajos  colgados en www.h-debate.com/cbarros, muy por encima de lo que se puede conseguir por la vía tradicional de la edición en papel, me ha llevado a primar la producción de artículos (relacionados entre sí, generalmente) mientras no vaya siendo más normal la doble y simultánea edición de libros, en red y en papel.

[49] Trabajo editado en castellano en las Actas del  I Congreso Internacional Historia a Debate (Santiago de Compostela, 1995), así como en México, Argentina, Brasil, Cuba, Chile…;  publicado,en inglés, en la revista Storia de la Storiografía (nº 30, 1996) y, en francés, en los Cahiers du Centre de Recherches Historiques (EHESS, París, nº 22, 1999); La historia que viene es el precedente más remoto del Manifiesto historiográfico de HaD y está disponible en www.h-debate.com/cbarros/spanish/historia_que%20viene.htm.

[50] Véase Carlos BARROS, "La 'Nouvelle Histoire' y  sus críticos", Manuscrits. Revista d'Història Moderna, nº 9, Barcelona, 1991, pp. 83-111 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/nouvelle.htm).

[51] En los años 80, François Dosse y Hervé Coutau-Begarie, con su dura crítica cruzada a la escuela de Annales, pensaban que la fragmentación y el regreso de la historia tradicional cuyos inicios observaban eran un fenómeno francés, sin percatarse de su dimensión internacional y del papel de victimas que jugaron los “nouveaux historiens” (que desaparecieron como corriente organizada) y  la historiografía francesa (que vio restringida, sin Annales, su influencia internacional).

[52] Igual pasó con mi conferencia en el III Congreso, por razones distintas (evitar un texto demasiado largo), este trabajo poscongresual está orientado a explicar la experiencia y alternativa de  HaD (1993-2009), actualizando otros anteriores, y la intervención oral (disponible en  www.h-debate.com/congresos/3/videos/menu.htm) estuvo más bien dirigida a analizar el origen y las características de la fragmentación de la historia académica y nuestras respuestas al respecto.

[53] Véase la reseña de mi conferencia en Luis DOMÍNGUEZ, Xosé Ramón QUINTANA, “Tempo de revisións historiográficas. A propósito do Congreso Internacional ‘A Historia a Debate”, Historia y Crítica, Santiago de Compostela, IV, 1994, p. 275; posición analista-marxista que estaba ya presente en el trabajo  mencionado La Nouvelle Histoire y  sus críticos de 1991, y  que, en lo que podía tener de correcto, proyectamos hacia adelante en La historia que viene, donde replanteamos de forma autocrítica importantes paradigmas compartidos por el marxismo historiográfico y  la escuela de Annales, parcial y finalmente fracasados, como la “historia total”, teoría e historia, pasado/presente/futuro, interdisciplinariedad, etc.

[54] Después del I Congreso, vista su heterogeneidad, el agotamiento de  Annales y Past and Present, y la caída del Muro de Berlín, intuí que “la historia que viene” que querríamos algunos tenía bastante de “la historia que fue”: había que construir algo nuevo... sin hacer tabla rasa del pasado histórico e historiográfico, naturalmente.  

[55] Sin esa orientación “hacia delante”, los grandes congresos de 1999 y 2004 hubiesen sido una fotocopia del primero: balances sin proposiciones, o historiografías por temas y cronologías, en gran medida hechos y publicados en 1993 y 1995 (Actas).  

[56] Véase la nota  64.

[57] Una buena parte de los historiadores marxistas y annalistes continuaron practicando, individualmente, las nuevas historias de los años 60 y 70 y sus secuelas, con acumulación de conocimiento e innovaciones parciales de tipo especializado,  y formando a sus discípulos en las pasadas “grandes escuelas”; tal vez falta por analizar con mayor atención como inciden, o pueden incidir, tanto las continuidades como las novedades de la investigación con dichos enfoques, en el debate actual y general sobre el futuro de la historia.         

[58] Nuestra conferencia plenaria en el II Congreso estuvo dedicada a la crítica constructiva -que no hubiera sido posible sin el previo sesgo propositivo de La historia que viene- de este giro positivista de la historiografía, Carlos BARROS, “El retorno de la historia”, Historia a debate. I. Cambio de siglo, Santiago, 2000, pp. 153-173 (http://www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/retornohistoria.htm).

[59] Pocas veces esa recuperación de géneros tradicionales, condicionada por las editoriales, los medios de comunicación  y algunos intereses políticos, tuvo los nuevos contenidos (sociales y mentales) que en 1993 nos predicó, justamente, Jacques  Le Goff en "Les retours dans l'historiographie française actuelle",  Historia a debate. III. Otros enfoques, Santiago, 1995, pp. 157-165.

[60]  Dispongo de una gruesa carpeta con opiniones contrarias y favorables a  La historia que viene de colegas y amigos, que tal vez algún día publicaremos.

[61] Cualquiera que conozca la inercia del medio académico sabe que todo nuevo paradigma que se precie encuentra resistencias, como ya advirtió y estudió Kuhn, lo que no quiere decir que todo lo que encuentre resistencias sea ipso facto un nuevo paradigma.

[62] Por ejemplo, el  tournant critique de Annales (1989)  y el debate sobre posmodernismo (Gabrielle M Spiegel, Lawrence Stone) en Past and Present (1991); los protagonistas de ambas iniciativas estuvieron en nuestro I Congreso (Bernard Lepetit, Stone, Spiegel) y en el II Congreso (Jacques Revel, Patrick Joyce); sobre la evolución final de Annales como tendencia activa nacida en 1929,  véase Carlos BARROS, "El 'tournant critique' de Annales", Revista de Història Medieval, Valencia, nº 2, 1991, pp. 193-197 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/tournant.htm); “La Escuela de los ‘Annales’ y la historia que viene”, La historia que se fue, Suplemento Cultural del Diario de Sevilla, nº 99, 18 de enero de 2001 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/historiografia_inmediata/escueladeannales.htm).

[63]  Véase la nota  64.

[64]  No es casualidad que el 29 de abril de 1999  nazca la web de Historia a Debate (www.h-debate.com), y el 21 de setiembre de 1999 la web definitiva (no beta) del mejor buscador  de Internet (www.google.com), en sí mismo representativo del nuevo paradigma digital de la comunicación académica, cultural y social, que hemos implementado antes de las redes sociales (Wikipedia nace en 2001, MySpace en 2003, Facebook en 2004 y Youtube en 2005).

[65] El interés de la academia anglófona por el nuevo paradigma historiográfico de HaD se ha visto favorecido por la amplia difusión digital en inglés de las convocatorias de los II y III Congresos (1999, 2004), de la misma web de Historia a Debate mediante H-Net (http://www.h-net.org/announce/show.cgi?ID=125388, desde 2000), y, sobre todo, por la propagación en Amazon y Google Books de la publicación colectiva Carlos BARROS, Lawrence J. MCCRANK (edits), History under Debate: International Reflection on the Discipline, New York, London, Haworth Press, 2004.

[66] No sólo en Google, también en Yahoo, MSN, etc.

[67]  Se encuentra en www.h-debate.com/cbarros/spanish/hacia_ingles.htm; llama la atención su vasta divulgación, toda vez que fue traducido para la web y no llegamos a gestionar su publicación en papel.

[68]   A veces se pretende adaptar los conceptos de paradigma y revolución científica, creados para estudiar la evolución de las comunidades académicas a la historia misma, no estamos muy de acuerdo,   habría que diferenciar ambos objetos por rigor y eficacia investigadora; el nuevo paradigma que construye HaD afecta a la metodología, teoría e historia de la historia, y sus relaciones con la sociedad, pero no es una propuesta o alternativa ideológica, política o social, histórica en sentido estricto, por mucho que nos consideremos parte activa de una globalización alternativa y de progreso: “queremos cambiar la historia que se escribe y coadyuvar a cambiar la historia humana” (punto XVIII del Manifiesto),  que tiene sus propios sujetos y vías de orden político-social.

[69] Según aclaramos en la nota 24, una de las diferencias de la historiografía de paradigmas de HaD con la aportación fundacional de Kuhn, es que nos planteamos incidir sobre la revolución científica en ciernes, interviniendo en la actual lucha de paradigmas con propuestas y debates, practicando una historiografía inmediata con vistas en el futuro, superando,  en suma,  cualquier actitud contemplativa sobre las salidas en marcha a la crisis de la historia.

[70] El valor creciente de Internet en la academia, y el uso de elementos de inteligencia artificial por parte de los buscadores (destacan Google y Google Scholar), hace de éstos instrumentos un medio más eficaz que los tradicionales (incluso para buscar citaciones de publicaciones) para medir el impacto global de un concepto, obra, corriente o autor (independientemente del acostumbrado retraso de nuestras instituciones en reconocerlo, véase la nota 94).

[71] Carlos BARROS, “Historia a Debate, tendencia historiográfica latina y global”, Aula-Historia Social, Valencia, nº 13, primavera 2004, pp. 84-90 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/tendencia.htm).

[72] Otro ejemplo español y americano, en el campo de las “ciencias duras”, es el interesante libro de José ALMENARA y otros, Historia de la bioestadística: la génesis, la normalidad y la crisis, Cádiz, 2003; el enfoque es bien próximo a nuestra historiografía de paradigmas: “donde otros ven un cúmulo de nombres y fechas, nosotros hemos intentado distinguir esos paradigmas. No presentamos una historia al uso, longitudinal y sin crítica. Pretendemos también aportar un mirada transversal, vertebrada a momentos álgidos y momentos de ‘crisis’ e incluso interpretar el presente desde esa perspectiva” (op. cit., p. 20); en el libro se estudia, por tanto, la evolución paradigmática de la bioestadística en un ámbito global, disciplinar e internacional, y sus sucesivas influencias en España hasta la actualidad,  posicionándose nuestros autores (hispanos y cubanos) por un nuevo paradigma bayesiano, originado en la Ilustración, marginado posteriormente y ahora recuperado con el fin de superar en el siglo XXI al positivismo estadístico, tanto inductivista  (clásico) como  hipotético-deductivo (neo), introduciendo el sujeto cognoscente -ahí está la novedad, realmente- sin renunciar a la objetividad de los datos (no es casual que coincida con la historia objetiva / subjetiva del  punto I de nuestro Manifiesto), gracias a la informática; Almenara  y su grupo comentan, por último, la “marginalidad”  de su avanzada propuesta paradigmática en los departamentos de estadística y bioestadística de los EE.UU. (op. cit., pp. 138-139).

[73] Viene de atrás cierta desconexión con las realidades inmediatas por parte de las humanidades y las ciencias sociales, que permitió la colonización posmoderna a partir de la literatura, única salida que encontraron muchos en EE. UU., Gran Bretaña y otros países para reintroducir el sujeto -omnipotente- en la epistemología de las ciencias humanas.

[74] En los años 70, pese a la anterior publicación del libro original de Kuhn sobre las revoluciones científicas en 1962 (1971, en español; 1972, en francés),  pocos aprovecharon los conceptos de la nueva historia de la ciencia para hacer historiografía (Georg Iggers y la “nueva arqueología”, entre ellos), nociones que pasaron después al olvido hasta la presente eclosión, derivada de los cambios revolucionarios en las formas de comunicación y sociabilidad que siguieron al fin del pequeño siglo XX (1917-1989).

[75] Ya vimos que, a veces, se confunde con escasa eficiencia la dialéctica de los viejos y nuevos paradigmas de la historiografía con el análisis -que tiene otras categorías y bases epistemológicas- de los mismos acontecimientos y procesos,  inmediatos o mediatos, que investigamos; véase la nota 68.

[76] Véase la nota 11.

[77] Lo más paradójico son los “nuevos paradigmas” que, implicando potencialmente cambios epistemológicos de fondo, devinieron simples especialidades académicas de tipo empírico como la historia oral, de las mujeres, ecológica, del tiempo presente, etc., abandonando el general “combate por la historia”, que exige esfuerzos transversales y teóricos disciplinares; véase el apartado III.1 sobre historiografía convergente en Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate en www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/defensamanifiesto.htm.

[78] La tendencia, que nosotros alentamos, es reemplazar la terminología  “nuevas historias” de los años 70  por  “nuevos paradigmas” en los 90, y el nuevo siglo, que entrañan transformaciones más profundas de la matriz disciplinar: la historia académica en nuestro caso, cuya reconstrucción -en nuestra opinión- han de superar dialécticamente los dos extremos del debate, los “retornos” a Ranke y los géneros tradicionales de escribir la historia, de un lado, y el posmodernismo en su versión más radical y auténtica (véase la nota 92), del otro; posmodernismo hoy en decadencia, siendo reemplazado cada vez por un posmodernismo pragmático, crítico y (trans) moderno con el que se puede dialogar mejor desde nuestra posición (re) moderna y partidaria de una nueva Ilustración.

[79] Decimos en el punto XVII, titulado  “Nuevo paradigma”, del Manifiesto 2001 de HaD: “Según evolucione el debate historiográfico, y la historia más inmediata, nuestras propuestas recibirán más o menos consenso académico, las variaremos o no según interese, si bien hay planteamientos que, aun siendo por el momento minoritarios, nos parecen ineludibles para condicionar críticamente el nuevo paradigma en formación: el conjunto plural de valores y creencias que va a regular nuestra profesión de historiador en el nuevo siglo. Por todo ello, la historia nos absolverá, esperemos”(www.h-debate.com/Spanish/manifiesto/menu1.htm).

[80] Una de las propuestas paradigmáticas -que hemos denominado “continuista” en el preámbulo del Manifiesto de HaD- a la crisis de la historia busca en ocasiones, por propio interés, enmendar la mayor y negar incluso su existencia (véase “Hacia un nuevo paradigma historiográfico”, op. cit. p. 223-225); sobre los efectos benéficos de la continuidad de las historias novedosas practicadas desde  los años 60 y 70,  véase las notas 8, 20, 57, 122.

[81] Véase la nota  97; el agotamiento de los genuinos focos europeos de Francia y Gran Bretaña,  junto con la tendencia unipolar de gran potencia metropolitana, la mundialización y el auge del inglés, han potenciado la academia estadounidense como plataforma internacional de iniciativas, contrarrestadas en todo caso por una alternativa globalizadora, multicultural y multilateral, que está dificultando y mucho la reproducción en el siglo XXI del mimetismo unifocal, cultural y académico, característico de los eurocéntricos siglos XIX y XX; sobre el nuevo paradigma realmente poscolonial de HaD, véase Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate en www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/defensamanifiesto.htm.

[82] En la periferia de la influencia norteamericana no siempre se presentó el posmodernismo como un “nuevo paradigma” subjetivista si no como un  “no-paradigma” (!), a fin de eludir el encontronazo con otros paradigmas más implantados y beneficiarse, además, del posmodernismo ambiental  engendrado por la fragmentación y del escaso conocimiento de lo que significa ‘paradigma’. 

[83] La irradiación posmoderna (véanse las notas 73, 78) tiene especial incidencia en Gran Bretaña (donde compite con ventaja con la historiografía marxista en los temas teóricos) y suele acompañar en Europa, y otras zonas, al uso del inglés como lengua académica, pero es claramente marginal en España y la Europa latina, con una presencia tardía y paradójica en sectores académicos iberoamericanos, como hemos comprobado en el III Congreso.

[84] Sobre el neoinstitucionalismo, véase Manuel ARTAZA, “El Nuevo Institucionalismo: el retorno de la historia y de las instituciones a la Ciencia Política” (http://www.h-debate.com/congresos/3/cdigital/debates/mesas/F/artaza.htm); y también Salomón KALMANOVITZ, “El neoinstitucionalismo como escuela” (www.banrep.gov.co/junta/publicaciones/salomon/El_%20neoinstitucionalismo_como_escuela.pdf)

[85] El origen angloamericano explica la desproporción existente (mucho mayor que para “nuevo paradigma historiográfico, véase el texto a la altura de la nota 65) entre los resultados encontrados (Google 31/8/09) sobre “nuevo paradigma educativo”, poniendo las palabras sin comillas, en inglés (2.780.000) y en español (390.000; en su mayor parte latinoamericanos). 

[86] El papel de las instituciones internacionales (OCDE, CE…), y de una gran parte de las autoridades educativas nacionales, a favor de una nueva educación secundaria y superior basada en competencias y orientada al mercado laboral, explica tanto su éxito como los  problemas de implementación que está teniendo en las comunidades educativas (ante todo, humanidades y ciencias duras), agravados en lo ideológico por la crisis de 2008 y sus efectos negativos sobre el fundamentalismo del mercado.

[87] Hemos distribuido en HaD (2/12/05) un manifiesto de profesores universitarios españoles  críticos con la “educación en competencias” y su conexión ideológica y práctica con el mundo de la empresa (www.h-debate.com/listahad/a_2005/diciembre/2_12_05.htm).

[88] Versión escrita y ampliada de una ponencia presentada en el Seminari Internacional Taula d’Història “El valor social i educativo de la història”, organizado por el Departament de Didàctica de les Ciències Socials (Universidad de Barcelona, 9 de julio de 2007); disponible en Carlos BARROS, “Propuestas para el nuevo paradigma educativo de la historia”, Sarmiento. Anuario Galego de Historia da Educación, Universidades de Santiago, A Coruña y Vigo, nº 12, 2008, pp. 127-152, y otras publicaciones (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/npeducativo.htm).

[89] Véase la reseña de Rafael VALLS, “La importante presencia de los problemas relacionados con la enseñanza de la historia en  el II Congreso Internacional Historia a Debate" (Santiago de Compostela, julio, 1999), Con-Ciencia Social. Anuario de didáctica de geografía, historia y otras ciencias sociales, Madrid, 2000, nº 4 (disponible en http://www.h-debate.com/Resenhas/rafael.htm); seis meses después (3/1/00) iniciamos el debate educativo on-line “¿Qué historia enseñar en el nuevo siglo?” en el que participaron a 31/8/09 unos 135 colegas (http://www.h-debate.com/Spanish/amenudebates_def.htm).

[90] La demanda de una posición didáctica para HaD se ha concretado, hasta la fecha y por mi parte (en cuanto coordinador / orientador), en cuatro intervenciones: (1) videoconferencia  “La nueva historiografía y la enseñanza de la historia” (20/9/02), dirigida a docentes y alumnos de la Maestría en Educación de la Universidad Virtual del Instituto Tecnológico de Monterrey (vídeo disponible, junto con transcripciones en español e italiano, en  www.h-debate.com/videos/videos/mexico.htm); (2) conferencia "Nuovi paradigmi della ricerca storica" (20/10/04), en el marco del Congreso Internacional Storiografia e insegnamento della storia: è possibile una nuova alleanza?, organizado precisamente por la universidad de Bolonia (audio en www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/bologna.htm); (3) conferencia "Historia a Debate y la reconstrucción del paradigma historiográfico" (9/1/06), en el marco del  III Curso de Invierno  "Da teoria da história à didática da história", organizado por la Universidad de Coimbra; y, por último,  (4) la citada ponencia (nota 88), a modo de conclusión (provisional), “Propuestas para el nuevo paradigma educativo de la historia” (9/7/07),  ampliamente difundida en Internet y resumida en “Insegnari storia, competenze e valori”, Patrimoni culturali tra storia e futuro (a cura di Beatrice Borghi, Cinzia Venturoli), Bologna, marzo 2009, pp. 51-54 (trad. esp., “Enseñar historia, competencias y valores” en Monografias.com (http://www.monografias.com/trabajos918/historia-competencias-valores/historia-competencias-valores.shtml#Relacionados).

[91] Dada la amplitud de HaD como red académica-social y movimiento historiográfico, y su relativa juventud, no todos los colegas que vienen participando con alguna continuidad en nuestras actividades desde 1993, presenciales y digitales, activa o pasivamente, son -o podemos ser- plenamente conscientes de la novedad y trascendencia que puede implicar la interrelación de nuestras prácticas, investigaciones y reflexiones sobre el método, la historiografía y la teoría; de ahí que, desde el III Congreso, dediquemos un espacio a estudiar colectivamente nuestra propia experiencia.

[92] Con los partidarios de los retornos biográficos, políticos, narrativos…, podemos coincidir en la valoración positiva de un inédito pluralismo historiográfico  (tesis 8 de La historia que viene; véase la nota 125), pero cuestionamos la subyacente teoría del conocimiento de una historia tradicional “tal como fue”, protagonizada ante todo por “grandes hombres” en detrimento del sujeto social; con la posmodernidad genuina (véase la nota 78) podemos coincidir en el papel determinante -tanto como las fuentes, corregimos nosotros- del sujeto cognoscente (punto I del Manifiesto de HaD) o en que la Historia no tiene un final preestablecido (punto XIV), pero discrepamos de la pretensión epistemológica de igualar historia y ficción o de que la historia deba prescindir de “cambiar el mundo”, queremos coadyuvar con los sujetos sociales a perfilar renovados objetivos históricos. 

[93] Pensar con dos ideas a la vez, sintéticamente, requiere de mentalidades científicas  y académicas complejas, actualizadas, que huyan de las falsas e improductivas disyuntivas tipo blanco / negro, individual / colectivo, subjetivo / objetivo, conmigo / contra mí, que tanto daño han hecho, y todavía hacen, a la ciencia y a  la sociedad.

[94] Por simple desconocimiento y el peso retardatario de las mentalidades, lo que se hace académicamente en Internet suele estar por debajo de lo que se puede hacer técnicamente, aunque la situación evoluciona con rapidez, un ejemplo son las en su momento novedosas páginas webs de recursos, reemplazadas en la práctica por Google y otros buscadores; nuestra contribución es haber sido de los primeros historiadores y académicos en dar el paso de la web 1.0 a la web 2.0, superando las páginas webs de servicios (información académica, siempre necesaria),  al crear hace ya un década una comunidad  académica digital que de verdad combina debate y consenso, reflexión e investigación histórica e historiográfica.

[95] Véase la nota  39, y el apartado III.1 sobre historiografía convergente en “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate” (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/defensamanifiesto.htm).

[96] Somos ciertamente “enanos a hombros del gigantes”, pero los gigantes son las corrientes colectivas, más o menos organizadas o latentes.

[97] Escogimos Norteamérica como ejemplo actual, y contrapunto, porque se dan con más claridad y radicalidad situaciones historiográficas, académicas y públicas de dimensión internacional gracias al uso académico del inglés y su papel geoestratégico de primera potencia (en decadencia, según historiadores Paul Kennedy  y otros científicos sociales).

[98] Hay avances sectoriales y puntuales  de la historiografía estadounidense muy aprovechables a tono con los retos actuales: el caso de la World History discutida en el III Congreso de 2004,  o de la Public History, cuya inclusión está prevista -Clío mediante- en el IV Congreso de 2010; además de importantes experiencias innovadoras, paralelas a HaD, en el uso historiográfico de las nuevas tecnologías como H-Net (portal de listas, desde 1993) o HNN (History News Network, desde 2001), de compromiso sociopolítico de los historiadores como HAW  (Historians Against the War, desde 2003), en todos los casos con la triple limitación (o virtud, según se vea) de su carácter primodialmente nacional, con una proyección internacional en todo caso subordinada al uso del  inglés (English-only), además de una general ausencia de inquietudes explícitas (más allá de la especialidad) de tipo metodológico, historiográfico o teórico-histórico.

[99] Véase el apartado I.2 sobre desfocalización, multiculturalismo y red, en “Defensa e ilustración del Manifiesto historiográfico de Historia a Debate” (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/defensamanifiesto.htm).

[100]  De todos modos, Paul Kennedy se trata de un caso particular, la historia del presente o inmediata, no es demasiado cultivada por los historiadores, dentro y fuera de Norteamérica, lo que contribuye a entender mejor la poca influencia de los historiadores académicos sobre la actualidad.

[101] La realidad es que, en otros países de Europa y América Latina, cuando hay debates públicos que relacionan historia y actualidad, donde intervienen historiadores, no suelen rebasar el territorio, la historia y la memoria nacionales.

[102] Véase la nota 97.

[103] Si la constitución de Historia a Debate (4.406.743 visitas en la web entre abril 1999 y julio 2008) como “comunidad académica de nuevo tipo”, promotora de un nuevo paradigma historiográfico de orden global, ha sido posible gracias al segundo lugar que ocupa el español entre las lenguas occidentales, dentro y fuera de Internet, más fácil sería difundir desde los EE. UU. un nuevo paradigma historiográfico (como se hizo con el new paradigm educativo), después del acabamiento de las escuelas europeas de Annales y Past and Present

[104] Hemos escrito en otro lado sobre la ventaja del retraso de algunos países cuando, después de haber actuado miméticamente de receptores, los focos emisores se consumen (en cuanto a novedades) y dificultan, por el peso y la inercia de la tradición, la imprescindible adaptación a los cambios, “Historia a Debate, tendencia historiográfica latina y global”, Aula-Historia Social, Valencia, nº 13, primavera 2004, p. 86 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/nuevo_paradigma/tendencia.htm).

[105] Ayudó no poco el contexto desfavorable de la guerra fría  y el macartismo, véase la nota 123.

[106] Vanguardias que quedaron circunscritas, en los años 60 y 70 estadadounidenses, a la Radical History  (marxismo) y a los historiadores especialistas en Europa (Annales), de manera que el ulterior retorno de la vieja historia no fue tal (véase la nota 114), permaneció en forma larvada, igual que pasó en otros países  (véase la nota 97).

[107] Véase la nota 111.

[108] Loables innovaciones neopositivistas fueron, en su momento, la History Social Science y la New Economic History que introdujo en la historiografía internacional el cuantitativismo (asumido por Annales como Histoire Sérielle, sin reconocimiento de la deuda, por cierto, véase  Dictionnaire des Sciences Historiques, Paris, 1986, pp. 631-633), refugiadas hoy en la pura especialización como casi todas las nuevas historias del siglo XX.

[109] Véase como se justifica en la historia del siglo XX la “guerra preventiva” y la necesidad de una  hegemonía militar norteamericana en el siglo XXI: “The history of the 20th century should have taught us that it is important to shape circumstances before crises emerge, and to meet threats before they become dire. The history of this century should have taught us to embrace the cause of American leadership”, Statement of Principles of PNAC, manifiesto fundacional firmado el 3 de junio de 1997 por Cheney, Fukuyama, Wolfowitz, Kagan, Rumsfeld y otros  académicos y/o políticos (http://www.newamericancentury.org/statementofprinciples.htm).

[110] Este texto ha sido inicialmente redactado después del III Congreso (2004), cuando gobernaban los neocons en los EE. UU., y revisado en 2009 (para la edición de sus Actas), después por tanto de la victoria de Barack Obama en noviembre de 2008 que supone un gran cambio histórico, cuya profundidad y efectos están por ver, así como la incidencia que puede tener sobre la historiografía estadounidense y sus seguidores en todo el mundo.

[111] El posmodernismo y el positivismo se retroalimentan, respetándose tácitamente –pese a las críticas mutuas- las posiciones ocupadas en el mundo académico de influencia anglosajona:  el primero en la teoría y la epistemología de la historia; el segundo en la investigación y la práctica de la historia.

[112] En el sentido de “opuesto a las innovaciones”, véase la segunda acepción del término en el   Diccionario de la Real Academia Española (http://buscon.rae.es/diccionario/drae.htm).

[113] No siempre se sabe -o se quiere valorar- la relación de las proposiciones académicas con los contextos ideológicos, políticos y sociales, menos aún si las consecuencias de la propia actividad contradice lo que se defiende.

[114] La gran pregonera del retorno de la vieja historia en los EE. UU. ha sido Gertrude Himmelfarb con su The New History and the Old: Critical Essays and Reappraisals, Harvard, 1987; que la autora sea especialista en Europa (Inglaterra, época victoriana) convierte en más significativo y exitoso el “giro conservador” que promovió hace dos décadas; retorno anunciado y temido con anticipación por Lawrence Stone en “The Revival of Narrative: Reflections on a New Old History”, Past and Present, nº 85, 1979; historiador inglés  fallecido, uno de cuyos últimos actos académicos fue la participación en el I Congreso Internacional de HaD, miembro fundador de Past and Present, profesor de la Universidad estadounidense de Princeton y especialista en la Revolución Inglesa y su época.

[115] Somos partidarios de una historia mixta que utilice a fondo los recursos narrativos de la literatura -introduciendo incluso al historiador como narrador, como hace Shama en la serie de la BBC- pero sin caer llanamente en la ficción, “El retorno de la historia”, Historia a debate. I. Cambio de siglo, Santiago, 2000, pp. 153-173.

[116] Trad.  esp. Certezas absolutas, Barcelona, 1993.

[117] Véase el índice de los 15 capítulos de la serie en http://www.napoleonguide.com/dvd_brithist.htm.

[118] Es significativo que la única crítica histórica recibida por el documental sea identitaria,  pese a su tradicionalismo historiográfico, como se puede comprobar en Amazon, H-Net y Wikipedia: http://www.campingguiden.no/cgi-bin/apf4/amazon_products_feed.cgi?Operation=ItemLookup&myOperation=CustomerReviews&ItemId=B00004Y3NW&ReviewPage=2, http://hnn.us/comments/10421.html, http://en.wikipedia.org/wiki/Simon_Schama%27s_A_History_of_Britain.

[119] Desgraciadamente se ven cosas mucho peores cuando se trata de trabajos de encargo.

[120] Esta tendencia de algunos historiadores de trabajar para el mercado es hoy, como sabemos, un fenómeno geográficamente extendido, dado el interés de los viejos Estados en reafirmar y actualizar en tiempos de globalización sus identidades nacionales, hacia adentro y hacia fuera; es habitual entre nosotros devaluarlos sotto voce (a menudo por envidia) como “historiadores mediáticos”, no estamos de acuerdo con dicha descalificación en lo que toca al necesario uso de los medios de comunicación para difundir la historia, ni siquiera con la crítica larvada de sus motivaciones  económicas -¿no estamos acaso en una economía de mercado?-; es bueno que los historiadores escriban para un público más amplio, donde vemos que puede chocar el interés individual con el interés colectivo es cuando se sacrifica la historia en la honestamente que uno cree (o ha creído) en favor de una historia-mercancía, profesionalmente devaluada, al servicio de diferentes poderes (véase el punto VIII del Manifiesto de HaD).

[121] A Chronicle of the French Revolution recibió en 1990, el premio NCR considerado el más lucrativo para libros de Non-Fiction en toda Gran Bretaña (sobre su carácter pro-absolutista y el escamoteo del sujeto social, véase la reseña de Chris Nineham en el n º 215 de Socialist Review, enero 1998); en el año siguiente, sin embargo, el citado libro experimental Dead Certainties se vendió bien poco (y recibió además críticas académicas), a diferencia de Landscape and Memory  (1995) “more traditionally structured” y por consiguiente mejor tratado; hasta llegar al apoteosis de los documentales televisivos: un posterior contrato, en 2003, de Shama con la BBC y HarperCollins para producir series y libros fue presupuestado en 5, 3 millones de dólares (http://en.wikipedia.org/wiki/Simon_Schama).

[122] En los países europeos donde se generaron dichas nuevas historias, como Inglaterra, sigue en pie una New Social History (807.000 referencias en Google a 7/9/09)) como línea de investigación y Hobsbawm todavía lanza, en noviembre de 2004, un Manifiesto  (valorado al comienzo de este trabajo) por la historia reivindicando la tradición historiográfica marxista inglesa  (www.h-debate.com/Spanish/manifiesto/opiniones/barros17.htm); en Francia se continúa investigando con un buen nivel en historia social e historia de las mentalidades, y late todavía una historia humanamente comprometida a la manera de Bloch, aunque ya no es mayoritaria, como se puede ver en dos documentos firmados (2005) por historiadores académicos sobre las lois mémorielles, el primero contra el rol positivo de la colonización francesa, el segundo  reivindicando la vuelta de Seignobos y su principio positivista “la historia se hace con documentos” con el fin de defender, contra el movimiento memorialista, que la historia “sólo” compete a los historiadores  (véanse los dos textos en http://www.h-debate.com/Spanish/historia%20inmediata/memoria/barros.htm).

[123]  La represión macartiana de los años 1950-1956 produjo efectos duraderos en las academias norteamericanas, no sólo en Hollywood: el número de historiadores represaliados y censurados (entre ellos Moses Finley, Natalie Z. Davis, Norman Birnbaum y Eugene Genovese) pasan de 9 en los años 40 a 47 en los años 50, bajando después progresivamente hasta llegar a 3 en los años 90, sobra decir que se les persiguió por marxistas, liberales y radicales…, véase Antoon BAETS, Censorship of Historical Thought. A World Guide, 1945-2000, Connecticut, 2002, pp. 560-589.

[124] Véase  “La historia que queremos”, Revista de Historia “Jerónimo Zurita”, nº 71, 1995, pp. 309-345 (www.h-debate.com/cbarros/spanish/historia_queremos.htm).

[125] El género biográfico ha penetrado poco en la universidad española  en cuanto a tesis doctorales y otros trabajos académicos, fue sobre todo iniciativa de algunas editoriales, medios de comunicación e instituciones políticas; la moda de la biografía reflejó más los “usos públicos de la historia” (véase la nota 128) que una evolución historiográfica interna, valorada y debatida en nuestro propio medio, lo cual no le resta valor como muestra de un pluralismo historiográfico que defendimos (1994) en la tesis 8 de La historia que viene: “Lo que decide que un tema de investigación o un género historiográfico sea válido o no, es la aportación del historiador”; en ello estamos, pues, combatiendo en cualquier caso un “todo vale” que sirva de anastésico de la responsabilidad profesional y social del autor.

[126]  Véase las “Primeras conclusiones del III Congreso Internacional Historia a Debate (14-18 de julio de 2004)” (www.h-debate.com/congresos/3/conclusiones/primeras%20conclusiones.htm); tratamos este tema con mayor detalle en “Últimas tendencias de la historiografía española" (2007) (www.h-debate.com/Spanish/presentaciones/lugares/montevideo3/audio.htm).

[127] Parte de los historiadores españoles marxistas y pro-Annales que han organizado o se han adherido a estos movimientos historiográficos recientes, incluida la Idea Histórica de España,  no tienen demasiada conciencia o pesar sobre la diferencia de la historia que hacen y dicen ahora con lo que hicieron y dijeron en su juventud, cambios personales que se suelan considerar benévolamente fruto lógico de los dispares momentos histórico-historiográficos vividos, peculiar sentimiento de continuidad / discontinuidad que no percibimos tanto en las  historiografías que se mantuvieron más ajenas a la “revolución historiográfica del siglo XX”.

[128] El fenómeno editorial se fue agotando, en la segunda parte de la primera década del siglo,  por la propia saturación del mercado y las consecuencias del  cambio político que tuvo lugar en 2004, como luego veremos.

[129] Véase un debate sobre el retorno de la biografía en España en Flocel SABATÉ, Joan FARRÉ, coord.,  Medievalisme: noves perspectives, LLeida, 2003, pp. 216-221 (www.h-debate.com/cbarros/spnish/inmediata/debates/balaguer1.htm); se suele poner como ejemplo (también en la publicación de la nota siguiente) al modernista y académico Manuel Fernández Álvarez de reconversión de una historia social (v.g., La sociedad española en el Siglo de Oro, 1985) a las biografías de reyes y la novela histórica (bajo el impulso de Espasa-Calpe), sin embargo este historiador publica como prueba de continuidad, en 2002, Casadas, monjas, rameras y brujas. La verdadera historia de la mujer en el Renacimiento (reed. en rústica, 2005).

[130] Carlos MARTÍNEZ SHAW, “Las razones del boom historiográfico”, Dossier “La historia como best seller” en Leer, nº 130, marzo 2002, p. 24;  véase asimismo la nota 125.

[131] A finales de 1995, antes de la primera victoria del Partido Popular y sus consecuencias historiográficas, planteamos ya cómo era posible que casi 30 años después de la transición a la democracia no se hubiera generado y divulgado un concepto democrático y pluralista de la idea histórica de España en “La historia que queremos”, pp. 332-337.

[132] Carlos MARTÍNEZ SHAW, ibídem.

[133] La conmemoración de los Reyes Católicos tuvo menor alcance, para evitar polémicas suponemos (expulsión de los judíos, centralización del Estado, etc.); por otro lado, se dijo que Felipe V no tuvo su gran conmemoración por la firme oposición de Convergència i Unió, partido catalán del cual dependía por entonces parlamentariamente el Gobierno del PP: en la fiesta nacional de Cataluña del 11 de setiembre, se “celebra” justamente la entrada manu militari de Felipe V en Barcelona (1714), quien  abolió dos años después, con el “Decreto de Nueva Planta”, el idioma y las instituciones de Cataluña que se integró así en el Estado absolutista borbónico.

[134]  Véanse las notas 124, 131.

[135] La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales del Gobierno de España organizó en 2005  varios congresos por el IV Centenario del Quijote; en 2006, sobre la guerra civil española y la guerra de sucesión (siglo XVIII); en 2007, sobre las Tres Culturas, Mayo del 68, la Ilustración y Valencia durante la II República;  en 2008, historia del republicanismo, época de Carlos IV y guerra de la independencia; en 2009,  historia y expulsión de los moriscos (www.secc.es).

[137] La mitad de los tomos están dedicados a los siglos XIX y XX, con lo que difícilmente se puede contribuir a la compresión histórica de una diversidad que viene de muy atrás.