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La contribución de los terceros Annales y la historia de las mentalidades. 1969-1989*

 

Carlos Barros
Universidad de Santiago de Compostela

 

Lo primero que quería hacer son tres anotaciones al título. Creo que habría que sustituir la conjunción copulativa "y" por la tercera persona del presente de indicativo del verbo "ser": "la contribución de los terceros Annales es la historia de las mentalidades". La segunda nota es que, cuando limitamos la vigencia de los terceros Annales entre los años 1969 y 1989, yo no estoy muy seguro de que el límite más próximo, 1989, sea correcto, porque a finales de 1989 la dirección de Annales ha abierto un debate conocido como el "tournant critique" cuyo desenlace final en realidad no sabemos todavía cual va a ser, otra cosa es a lo que aspiremos.


Quizás sea prematuro hablar pues de unos cuartos Annales (en todo caso, tendremos la ocasión, después de mi intervención, de conocer al respecto una opinión directa tan calificada como la de Bernard Lepetit1). Por lo tanto, mientras los directores de Annales -si no su entorno más amplio, la École d'Hautes Études en Sciences Sociales- no asuman de algún modo que entran en una cuarta etapa de su historia como escuela historiográfica, habrá que pensar -es mi punto de vista- que los terceros Annales siguen hasta cierto punto vigentes, aunque en este momento ya no se pueda decir que el paradigma unificador es la historia de las mentalidades, al constatarse una manifiesta diversificación temática hacia atrás. Digo hacia atrás porque, sin dejar de lado la historia de las mentalidades, se está recuperando la historia económico-social, de ahí el sentido del retorno de Braudel que viene planteando Carlos Aguirre; y más hacia atrás todavía, porque están retornando con fuerza las historias tradicionales: biografía, historia política, historia narrativa, historia événementielle, historia militar, historia diplomática. Recuperaciones que tienen sus implicaciones de orden metodológico e hasta si se quiere epistemológico.

                En resumen y afinando más el tiro: los Annales que principian formalmente en 1989 y concluirán ya veremos cuándo y cómo, son claramente unos Annales de transición que se mueven aún bajo la batuta de los terceros Annales, entre otras cosas porque la dirección de Annales, en lo fundamental, no se distingue mucho de la que en 1969 fundó la tercera fase de los Annales, a pesar de las cooptaciones que han tenido lugar en los últimos veinte años.

La tercera anotación sobre el título de la conferencia que se me ha asignado en este Coloquio, es la virtual significación de las fechas límite: 1969, el año que sigue al emblemático 68 francés, y 1989, el año en que comienza la caída de los regímenes "socialistas". ¿Qué tienen en común estas dos fechas, el viejo 68 que se extiende por todo Occidente y coincide con la primavera de Praga, y el más reciente 89 focalizado en el este europeo? Pues que son fechas clave en las que observamos el sujeto de la historia en acción, son los dos momentos de la segunda mitad del siglo XX en que podemos afirmar taxativamente que la historia la hacen los hombres, inclusive que la historia la hacen las masas. Ahora bien, el signo de la acción del sujeto es distinto en el 68 y el 89, recordemos el sentido anticapitalista del Mayo francés y observemos el sentido procapitalista del movimiento restaurador de la democracia en los países del "socialismo real". Al ser la historia de las mentalidades una visión de la historia desde el sujeto, estamos convencidos de que su auge alguna relación directa y/o indirecta ha de tener con la dimensión subjetiva de los momentos 68 y 89, y muy especialmente con el clima mental e intelectual de los años de "reacción" inmediatamente posteriores...

Voy a intentar en mi conferencia convenceros del alcance de la contribución de los terceros Annales, es decir, del alcance para la historiografía mundial de la contribución de la historia francesa de las mentalidades, en los años 70 y 80 en general, y en determinados países -como España y México- todavía en el presente; después hablaré también de aspectos que, en relación con lo anterior, juzgo de interés de la génesis de la historia de las mentalidades en Francia.


Siempre hablando desde fuera de Francia, y desde Europa en relación con vosotros. No es fácil escapar de la prisión mental eurocentrista, cada vez que uno de nosotros expone ideas historiográficas aquí, en América Latina, debéis tener muy en cuenta vuestra propia realidad, que está sujeta a contextos y sigue ritmos diferentes a los de Europa, de donde podéis recibir lecciones pero también darlas, en fin, qué estoy diciendo, todo ésto lo sabéis vosotros mejor que yo...

Bien, los años 70 y 80 constituyen el período de máxima influencia de la escuela de Annales, tanto nacional como internacionalmente, y no es para nada casual que dichos años sean, simultáneamente, la época de esplendor de la historia de las mentalidades. Digo que es el período de máxima influencia nacionalmente porque son los años en que Annales se consolida como escuela historiográfica hegemónica en Francia, creando unas instituciones2 y "conquistando" otras; e internacionalmente, porque no sólo genera directamente procesos de renovación historiográfica, lo cual es asimismo característico de los primeros y de los segundos Annales, sino que, durante los terceros Annales, la influencia internacional de la nouvelle histoire deviene más rica y bidireccional que la simple promoción de imitadores en otros países. Annales alimenta y anima, en países de historiografías maduras, líneas de investigación que no son un remedo de la historia de las mentalidades, sino orientaciones de investigación próximas, paralelas, que diseñan su propio perfil y suelen mantener puntos de vista crítico hacia la historia annaliste de las mentalidades, apoyadas casi siempre, de forma más o menos directa y explícita, en el materialismo histórico, que mantuvo y hasta incrementó su influencia académica en el mundo anglosajón al tiempo que caía en picado en Francia, como bien ha analizado Perry Anderson3.


Por ejemplo, en el caso de Gran  Bretaña, podríamos rastrear múltiples huellas del influjo (a menudo sujeto a una dura reprobación, pero no por ello menos real, o quizás por ello más real) de la escuela francesa de historia de las mentalidades sobre la antropología histórica inglesa, disciplina que proviene de una larga tradición que desde K. Thomas pasa a la síntesis que ponen en práctica, entre historia social y antropología, E. P. Thompson, E. J. Hobswam, G. Rude... La historia francesa de las mentalidades ha impulsado esta tendencia original de la labour history británica a integrar en sus análisis, de forma no subordinada mecánicamente, la cultura tal como la entienden los antropólogos (abarcando por tanto lo mental colectivo)4.

En Estados Unidos de América la influencia sobre la historia tradicional de las ideas y de la cultura, fue si cabe mayor. Dos historiadores vinculados por sus investigaciones a Francia, Nathalie Zemon Davis y Robert Darnton, animam una disciplina, una suerte de nueva historia cultural, que recibe inquietudes, temas y conceptos de la historia de las mentalidades pero se desarrolla como línea original. "L'échange non l'imitation", titula significativamente Nathalie Z. Davis su artículo conmemorativo del 60 aniversario de Annales ("Les 'Annales' soixante ans après", Le Monde, 19 de enero de 1990), donde relata su deuda intelectual con la escuela de Annales desde que, hacia 1949, la lectura de La société féodale de Bloch "enriqueció -afirma Davis- y reformuló mi marxismo", suscribiéndose personalmente a Annales en 1959, y estableciendo en los 60 y 70 una relación de colaboración-intercambio con diversos historiadores de la escuela, a la vez que con los historiadores marxistas británicos (Hobsbwam y Thompson).

En el caso de Italia, tampoco cabe dudar de la relación entre unos terceros Annales que buscan con audacia cómo salir de una historia economicista, para hacer una historia social más humana, interrelacionada y global, y el orígen de la microhistoria de Carlo Ginzburg, Edoardo Grendi, Giovanni Levi y Carlo Poni. Se entiende así que Ginzburg salude calurosamente el "tournant critique" de Annales en su artículo "Renouveler la réflexion méthodologique" (publicado también el 19 de enero de 1990 en Le Monde), que remata así: "Suscitando el acuerdo o el desacuerdo, la revista es más que nunca un punto de referencia indispensable".


Pero también en el caso italiano, la recepción es crítica, lo vemos, en 1976, cuando Carlo Ginzburg cuestiona en Il formaggio e i vermi5 una frase entrecomillada -sin decirnos es el autor de la cita, al menos en la edición española- de un artículo de Le Goff publicado dos años antes, del cual después hablaremos más ampliamente6. En la frase maldita Jacques Le Goff dice que la mentalidad es lo que tienen en común el César y los soldados, San Luis y los campesinos, etc, esto es, destaca la  la mentalidad global de una sociedad determinada. Ginzburg manifiesta su desacuerdo con esa "connotación decididamente interclasista de la historia de la mentalidad" y concluye: "se comprenderá, tras lo argumentado, que en vez de 'mentalidad colectiva' prefiramos el término de 'cultura popular', a su vez tan poco satisfactorio"7, con lo que estamos donde estábamos.

Sirva esta digresión para entender mejor el sentido no mimético de la influencia de los terceros Annales en Italia, al igual que en los países anglosajones. Claro que puestos a dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, hay que decir que en la página noventa y seis de la versión española de "La mentalidad: una historia ambigua", Le Goff también ha dejado escrita una frase bendita: "Hay mentalidades de clase al lado de mentalidades comunes. Su juego está por estudiar". Por consiguiente, literalmente hablando, no es tan evidente que Le Goff haya preconizado "decididamente" una connotación interclasista de la historia de las mentalidades, otra cosa es que el desarrollo posterior de la historia de las mentalidades en Francia se despreocupara tan soberanamente de las mentalidades de clase y populares (salvo notorias excepciones), por lo cual debemos valorar más aun cuánto tenía de justo la intuición crítica de Ginzburg, quien cuatro años después, en 1980, junto con Giovanni Levi, inaugura una nueva colección en la editorial Einaudi denominada "Microstorie", cuyo primer libro es una investigación del propio Ginzburg no sobre la cultura popular sino sobre el pintor Piero della Francesca8, tema asimismo del mayor interés para la historia del arte y aún para la historia de las mentalidades de la época renacentista.


En los tres casos mentados: antropología histórica, nueva historia cultural y microhistoria, se produce un fenómeno de retroalimentación con los terceros Annales que desmiente a las claras las acusaciones de prepotencia francesa. Estas escuelas o líneas de investigación nacionales, que tienen en común con la escuela francesa de las mentalidades el enfoque de la historia desde el sujeto, superando la vulgata determinista, inciden a su vez fuertemente sobre los historiadores de la École des Hautes Études. Así vemos, en el primero de los tres casos, como cada vez más equipos de investigación y seminarios de la École se reclaman de la antropología histórica, por ejemplo el Groupe d'Anthropologie Historique de l'Occident médiéval de Jacques Le Goff. También se hace notar una creciente influencia de la historia socio-cultural norteamericana, que Roger Chartier abandera, redefine y difunde en Francia dotando de rigor e impulso a esa nueva historia cultural, a base de explicitar y aclarar sus conexiones con la historia de las mentalidades y la historia social; hemos comprobado en el programa de seminarios de la EHESS del curso 1992-1993 una frecuencia creciente de la etiqueta "historia cultural". Y ya más recientemente9, está teniendo lugar una recepción positiva de la microhistoria italiana, cuyos principales síntomas son un artículo de Bernard Lepetit en 198810 y el prólogo de Jacques Revel, "L'histoire au ras du sol", al libro de Giovanni Levi (L'Eredità immateriale, 1985) editado en francés en 1989 como Le pouvoir au village11. Es el propio Ginzburg quien en las páginas de Le Monde, el 19 de enero de 1990, hace notar como el "tournant critique" plantea debatir "la escala adoptada en el análisis" y propone que el nuevo diálogo annaliste sobrepase la fronteras de Francia, celebrando al respecto la circunstancia de que "la referencia a la microhistoria es explícita" en el editorial del nº 6 de Annales del año 198912.


Tiene desde luego su trascendencia esta "circularidad" de las relaciones científicas entre los nuevos historiadores franceses y de otros países: rompe con una tendencia anterior al hegemonismo de Annales, reflejo de fenómenos más generales como la capitalidad mundial de París en el mundo de la cultura y del pensamiento, sobre todo en señalados momentos históricos; el peso de "la grandeur de la France", etcétera. Esta práctica de los terceros Annales, que ha ido tomando cuerpo durante los última década13, basada en la bilateralidad, el intercambio y la aceptación -tácita, por supuesto- de posiciones críticas, nos conduce a una red policentrista, donde la escuela de Annales renueva su rol significativo en la historiografía más renovadora en la medida en que sabe compartir protagonismo con corrientes historiográficas surgidas en otros ambientes intelectuales, a veces de menor escala desde el punto de vista institucional, pero desde luego potentes, creativas.

Este estilo que han puesto en práctica los terceros Annales en los últimos años, prefigura en nuestra opinión una característica fundamental de unos hipotéticos cuartos Annales, y por otro lado retoma las mejores tradiciones de la escuela, nos estamos refiriendo claro está a la convergencia entre marxismo y Annales que hoy debemos actualizar en el contexto del "tournant critique" de Annales y de la debacle 1989-1991 de cierto marxismo.

Es interesante observar el paralelismo de dos fenómenos, en el fondo incompatibles, que tienen lugar en los años 80 en los territorios de la nueva historia: un desmarque en la superficie del marco inicial creado en 1929, y una internacionalización -más subterránea- del proyecto de Annales.

                Subrayemos esta práctica renovada de Annales, tolerante y receptiva, en el plano científico e intelectual, para evidenciar lo obsoleto de una "foto fija" que la represente como una escuela apegada al imperialismo historiográfico, tipo de crítica que como ha tenido su base en el pasado sigue latente en historiadores de la vieja escuela. Basta echar una ojeada a los números de Annales  de los últimos años, para comprobar como la sutileza francesa ha comprendido que la historiografía de Francia enseña pero más que nunca está en disposición de aprender, y por descontado, en este momento y partout, lo segundo condiciona lo primero.


Bueno, ahora sigamos con la parte negativa, porque como veis no todo lo que hay que decir sobre los terceros Annales es positivo. La historia de las mentalidades, período de esplendor de Annales, es una etapa sumamente productiva pero también un tiempo de decadencia de la historia económico-social, y esto evidentemente hay que sumarlo al debe de la escuela, y se exlica, en primer lugar, por el descenso de la influencia en el mundo intelectual e historiográfico francés del materialismo histórico. El desinterés por la historia económico-social tiene como telón de fondo la presión de una demanda cultural y vital más individualista que reclama una historia más subjetiva (la resaca que sigue al repliegue de los proyectos colectivos que marcan la revuelta del 68); pero es asimismo efecto de las querellas internas entre los terceros Annales y la prolongación de los segundos Annales. En todo caso, yo quiero aquí ratificar algo que dije ayer al glosar la conferencia de Carlos Aguirre sobre los segundos Annales: la historia económico-social y la historia de las mentalidades están por un igual inscritas en la matriz fundadora de Annales, no sólo en los trabajos de Febvre sino también en los de Bloch. Es decir que desde los primeros Annales la economía y la mentalidad generan dos líneas -que rara vez crecen juntas- legítimas de desarrollo de la escuela, en el marco de una historia global, cuya referencia se pierde constantemente, produciéndose entonces el típico movimiento pendular.


A estas alturas, viendo sus defectos, yo me preguntaría, y supongo que vosotros os lo estáis preguntando también, ¿por qué la escuela de Annales se ha expandido más con la historia de las mentalidades que con la historia económica-social? Y cuando hablo de expansión no me refiero sólo al gran público, sino y sobre todo a los medios científicos, tanto nacionales -me estoy refiriendo a Francia- como internacionales. El mejor ejemplo es el gran éxito de difusión (200 a 300 mil ejemplares) y al mismo tiempo científico de Montaillou, village occitan, de 1294 à 1324 (1975) de Emmanuel Le Roy Ladurie (miembro de la dirección de Annales), un trabajo de investigación que relanza y pone de actualidad la antropología histórica en Francia, y que podemos considerar como un desarrollo de la historia de las mentalidades en su acepción más amplia. Incluso en España, ¿no se ha vendido cómo un best-seller la Historia de la vida privada?14, obra colectiva dirigida por Georges Duby y Philippe Ariès, cuya difusión pone en evidencia como el desfase de la historiografía española respecto del exterior en estos temas coincide últimamente con cierto desfase de la historiografía española respecto al publico culto en España15. Los historiadores interesados en hacer una historia que responda a las inquietudes socioculturales del hombre actual, ¿prestamos la atención debida a dicho décalage? Yo creo que algunos sí, precisamente el auge tardío de la historia de las mentalidades en España se produce en los mismos años, finales de los 80 y principios de los 90, en que progresa el gusto público por los libros de la nueva historia16.

La curiosidad del lector no especializado español por la antropología de una aldea medieval o la vida privada en la historia, ilustra esa presión social por una historia subjetiva y humana. Con todo, lo dicho no responde cabalmente a la pregunta de por qué en los medios científicos -dejando aparte el caso español- Annales se ha difundido más con la historia de las mentalidades que con la historia económico-social, dicho de otro modo: ¿por qué académicamente se han propagado más y mejor (incitando planteamientos más adaptados y maduros a la historiografía de cada país) los terceros Annales que los segundos Annales?

Para mí la causa está en que la historia de las mentalidades supone una innovación metodológica y temática más original y difícil de conseguir, por parte de una escuela historiográfica, que la historia económico-social. De hecho Annales avanza  considerablemente, en el sentido de dotar de un estatus erudito (de entrada avalado por la capacidad profesional de los historiadores de la escuela) a la investigación histórica de lo mental, allí donde otras escuelas historiográficas se han quedado atrás o simplemente han fracasado.


Son cualitativamente de un gran valor las tentativas desde el materialismo histórico de estudiar lo que ahora llamamos mentalidades colectivas. Es el caso de Georg Lukács, filósofo y crítico literario, que reivindica y analiza en Historia y conciencia de clase (1923) una conciencia colectiva que comprende, según su criterio, tanto pensamientos como sentimientos, asegurando que: "la actuación históricamente significativa de la clase está determinada en última instancia [aquí sería más exacto decir 'en primera instancia'] por esta consciencia"17, lo cual le valió una inmediata condena por parte de los marxistas leninistas y también de los marxistas socialdemócratas de la época18. Otro heterodoxo, Wilhelm Reich, discípulo de Freud, estudia en La psicología de masas del fascismo (1933) los factores psicológicos que influyen en el comportamiento político de las masas (indagando temas como la ideología19 como poder material, el simbolismo de la cruz o la ideología de la familia autoritaria). Desgraciadamente estos intentos de introducir en la investigación marxista, durante los años 20 y 30, el interés por la psicología en la acción colectiva no ha prosperado demasiado: ha seguido considerándose como propio del marxismo la historia económica, objetiva, estructural (casi con la única y llamativa excepción de Antonio Gramsci). De ahí que subrayemos lo logrado al respecto por los historiadores de Annales, yo diría que allí donde no llegó el marxismo (inclusive sus corrientes críticas), porque tal vez no podía llegar, arribó Annales, cuya laxa relación con el marxismo tenía y tiene como ventaja la resistencia a toda atadura teórica o ideológica, inclusive a las derivadas de su identidad como escuela.


Algo parecido podemos decir de la psicohistoria norteamericana: fracasó donde triunfó Annales. La rigidez determinista, la economía en el marxismo y el inconsciente en la historiografía freudiana, ha obstaculizado la consideración de la subjetividad mental en las investigaciones. Bien intencionada, la psicohistoria norteamericana tuvo -tiene todavía- el defecto de centrar casi exclusivamente su historia psicológica en el estudio del inconsciente (y de sus relaciones con la sexualidad), sirviéndose en exceso de la empatía para ubicar al psico-historiador, como si de un novelista se tratara, en el lugar del protagonista histórico. En fin, un general y voluntario desconocimiento de la investigación y de la metodología de los historiadores, ha acabado por dificultar la aceptación y recepción académica de la psicohistoria como disciplina. Hasta el día de hoy, la convergencia historia-psicología no se ha producido de un modo apreciable y provechoso en el mundo anglosajón por esta vía, y la oposición suscitada por la psicohistoria entre los historiadores -mayormente en los EE. UU.- ha perjudicado indirectamente la recepción de la historia francesa de las mentalidades al identificar bastantes historiadores una cosa con la otra. No descartamos que esta confusión haya pesado de alguna manera en la redefinición norteamericana de la historia de las mentalidades como historia sociocultural, replanteamiento que pretende evitar el alejamiento de la historia social y persigue una diferenciación más neta respecto de la psicohistoria. Pero todo tiene su lado malo, en el caso de la nueva historia cultural se trata de la superespecialización que conlleva (historia del libro, de la lectura y de la alfabetización) y un distanciamiento de los temas de la psicología colectiva de más fácil vinculación a la historia en general.

Con el nuevo -para la historia, no para la antropología y menos aún para la psicología- territorio colonizado por la historiografía francesa bajo la etiqueta de historia de las mentalidades, se logra pues que el estudio de lo mental merezca la misma atención por parte de los historiadores que la base material de la sociedad, se admite en consecuencia que ambas cosas forman parte de cada realidad concreta. Epistemológica y metodológicamente este paso al frente hacia una historia global era, decíamos, más difícil de implantar historiográficamente que la propia historia económico-social, promovida internacionalmente por unos primeros y segundos Annales que para dicha tarea estuvieron mucho menos sólos que los terceros Annales para la suya.

La historiografía marxista predicaba la historia económica varias décadas antes de que la escuela de Annales trabajase en esa dirección20, y han florecido además otras escuelas de historiadores economistas, y vosotros [Faculdad de Economía de la UNAM] lo sabéis mejor que yo, como la norteamericana New Economic History, etc. Es decir, que cuando Annales impone la historia económico-social frente a la historia tradicional, la innovación, siendo importante, no es tan singular como cuando indaga la base mental de la sociedad.

Cómo véis, ayer lo decía en relación con la etapa Braudel, y hoy soy yo quien corre el riesgo de sobreestimar la fase de Annales que me ha tocado desenvolver en este Coloquio sobre "Los Annales en perspectiva histórica". Si así fuese espero cuando menos prestar el servicio de equilibrar la polémica, hasta ahora inclinada en sentido contrario, por las críticas externas y por la propia dinámica del debate abierto por Annales.


Me pregunto por qué al historiador de oficio le cuesta en general tanto trabajo abordar seriamente la subjetividad mental, de no ser así la relevancia de lo alcanzado por los terceros Annales, y la polémica resultante, sería de menor entidad. Pienso que la dificuldad proviene de la influencia conjunta, en muchos otros aspectos benéfica, del positivismo -en busca sobre todo del dato objetivo y explícito- y del materialismo histórico -que subraya la determinación material-. Sin embargo, otras disciplinas cuya científicidad genera por lo regular menos vacilaciones que la historia, no tienen tantos problemas para reconocer el rol de la mentalidad en la vida individual y colectiva. Es el caso, en primer término, de la psicología, cuyo objeto de estudio, sobre todo en el último período, es la estructura mental, la psique, etc. O la antropología estructural que ha prestado siempre especial atención a las estructuras simbólicas. La propia sociología, en alianza con la psicología, ha generado una subdisciplina floreciente llamada psicología social. Estas ciencias sociales no han tenido al fin y a la postre mayores impedimentos para estudiar científicamente la subjetividad humana. ¿Por qué hemos tenido entonces que esperar los historiadores a los terceros Annales para estudiar una parte de la realidad global que es tan significativa desde el punto de vista de la investigación histórica como los precios y los salarios? Pueda que una razón esté en que los historiadores, a diferencia de antropólogos, sociólogos y psicólogos, no trabajamos con sujetos vivos, sino con los documentos y otras huellas materiales que aquéllos han dejado, de manera que la subjetividad humana resulta así menos directa y evidente, y más difícil de encontrar y de digerir.

                La mayor deficiencia que hemos hallado en la historia francesa de las mentalidades reside en que su progresión acaba por implicar la desconexión de la historia social y económica y la despreocupación sobre el carácter global de la investigación histórica, pero estas carencias quedan en mi opinión en un segundo plano si evaluamos justamente la aportación que ha supuesto para la historiografía mundial la historia de las mentalidades. Sobra decir que si se ha hecho historia subjetiva dejando en el olvido la historia objetiva, ello no nos obliga  a recaer hoy en el mismo error, es claro que hay que hacer una historia sea objetiva y subjetiva a la vez, o al menos intentarlo teniendo en consideración una dimensión cuando se estudia la otra: un sólo investigador no puede analizarlo todo. En cualquier caso, evitemos el error en este momento más común: practicar la historia económica y estructural como una historia sin sujeto.


En la década de los años 80, sobre todo en la primera mitad, constatamos la coincidencia de la máxima influencia de Annales con las críticas más feroces, desde diversos ángulos, particularmente desde el materialismo histórico o desde sus cercanías, a causa, precisamente de estos abandonos de la historia social y global, por parte de la historia de las mentalidades, en su última fase. En relación con ésto, insisto en lo que decía ayer en el debate, con independencia de los posibles aspectos negativos o de las actitudes políticas personales de Lucien Febvre, Fernand Braudel o Philippe Ariès, debemos justipreciar sus aportaciones como historiadores, lo contrario sería una adoptar una actitud además de intolerante, acientífica. Es más, ¿no somos nosotros, los no hemos renunciado al materialismo histórico, los más necesitados, si queremos hacer una historia total, en completar, articular, imbricar, la historia desde el objeto, desde la estructura, desde la economía, con la historia desde el sujeto, desde la acción humana, desde la mentalidad colectiva? Claro está, no todos los marxismos permiten tal amplitud de ideas, me estoy refiriendo al marxismo abierto de, por ejemplo -hagamos por lo tanto honor a México (y a España)-, la filosofía de la praxis de Adolfo Sánchez Vázquez, un marxismo ético donde el hombre ocupa el centro de la preocupación del historiador, del científico social, del ciudadano. La historiografía marxista para hacer una historia total, tiene por tanto que compartir protagonismo, seguir haciendo historia económico-social y aprender de Annales a hacer historia de las mentalidades, y lo mismo de otras corrientes intelectuales y científicas capaces de mejorar y ampliar nuestro conocimiento de la realidad social e histórica.


Antes de entrar en la génesis de la historia francesa de las mentalidades, al objeto de comprender mejor sus virtudes y sus defectos, conviene hacer un pequeño alto en el camino y decir ya que es lo que yo entiendo por historia de las mentalidades. Hay múltiples definiciones posibles; la más útil será aquélla que nos permita acercarnos con menos barreras intelectuales y más concretamente a nuestro objeto. Me es muy querida una definición basada en el título de un capítulo de La société féodale de Marc Bloch, donde se lee "formas de sentir y de pensar", que yo de entrada ampliaría de la forma siguiente: "formas de pensar y de sentir y de imaginar" la realidad. Tenemos ya tres mecanismos intelectuales de conexión con lo real objetivo, a saber, pensamiento racional, emociones e imaginario; a los cuales habría que añadir las maneras de actuar, tanto el comportamiento consciente como el inconsciente. De manera que al final, si incluimos el factor inconsciente, nos daría cinco componentes de la mentalidad -siempre global- que se superponen, comparten elementos comunes... Esta idea de los cinco componentes (pensamiento racional, emociones, imaginario, comportamiento e inconsciente) constituye, según mi propia experiencia, una guía provechosa para enfrentarse con la documentación e inferir una mentalidad subyacente. A la hora de estudiar las mentalidades complejas vamos a hallar, por descontado, combinaciones de estos componentes o de algunos de ellos, y vamos a necesitar una metodología específica, distinta de la usada por el historiador economista o político, y distinta asimismo de la empleada hoy en día por antropólogos, sociólogos y psicólogos, que tienen la fortuna de poder observar, interrogar y experimentar con individuos y colectivos vivientes, pero mayores dificultades que el historiador para evitar la interferencia del observador sobre los hombres y las mentalidades que investiga.

¿En que consiste en concreto la pequeña revolución de los Annales en este tema de las mentalidades? Yo no digo naturalmente que los terceros Annales hayan inventado las mentalidades: la innovación ha consistido en recoger toda una serie de conceptos, técnicas y enseñanzas de la antropología y la psicología, principalemente, y ser capaces de llevar a cabo con todo ello investigaciones empíricas, con resultados aceptables, de las sociedades históricas. Sabemos que las nociones y los métodos extraídos de una determinada ciencia social no se pueden importar alegremente a otra disciplina, sobre todo cuando en dicha ciencia se estudian realidades presentes y los importadores realidades pasadas. Pues bien, la habilidad de los terceros Annales estriba en saber utilizar dichos conceptos para obtener información de la documentación histórica acerca del pensamiento, las emociones, el imaginario, la praxis, el inconsciente...


La revolución intelectual annaliste reside en que anteriormente el historiador, en el mejor de los casos, estudiaba, de los mencionados cinco componentes de los sistemas mentales, el primero, esto es, la conciencia, el pensamiento claro, la ideología. Existe una excelente tradición marxista de investigar la conciencia social en general y la conciencia de clase en particular, así como toda una antigua tradición académica de historia cultural, en fin, las clásicas historias del pensamiento o de la filosofía. Qué añade en concreto la historia francesa de las mentalidades a la vieja historia de las ideas, pues el resto de lo que bulle en las cabezas de los hombres, y ese resto es a menudo lo fundamental de la subjetividad mental. Los actos humanos no se generan solamente en la consciencia, es más bien raro que el hombre se mueva simplemente por una idea previa, racionalizada, articulada intelectualmente, portando un sistema ideológico, sobre todo si nhablamos de mayorías sociales, si nos situamos más allá de la cultura de élite y de la historia acontecimental, si nos alejamos de los tiempos modernos hegemonizados por la cultura escrita21.

                ¿Cuántas veces para explicar la acción humana tiene más importancia que una ideología: una emoción, una realidad inventada, un factor inconsciente, un hábito social? De ahí la gran extensión del campo de investigación que entraña la historia de las mentalidades respecto a las tradicionales historias del pensamiento, de las ideas, de la filosofía. La historia de las mentalidades viene a ser la vieja historia cultural más lo que puede aportarle temáticamente (y metodológicamente) la antropología, la psicología..., o sea, todo lo relativo al sujeto humano.

¿Cómo se pasa en Francia de los segundos a los terceros Annales, de la historia económico-social a la historia de las mentalidades, de la historia de la base material de la sociedad a la historia de la base mental de la sociedad, de la historia objetiva a la historia subjetiva? 


En el marco del movimiento del 68 tiene lugar en el Collège de France una asamblea de investigadores de la École des Hautes Études en el transcurso de la cual se cuestiona el poder personal de Fernand Braudel al frente de la escuela, evidenciándose así que Annales era ya, en ese momento, algo más vasto que Braudel y quizás por ello la escuela admitía mal el corsé de una gestión personalizada y hasta es posible que descuidada. Según nos ha informado ayer en su charla Carlos Aguirre Rojas, desde 1966 Fernand Braudel se había desinteresado de la revista Annales. El personalismo de Braudel, más el Mayo francés y la juventud de los nuevos dirigentes annalistes (Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie...) da como resultado el inicio de una nueva etapa en la historia de la revista y de la escuela. En 1969 se produce un cambio en la dirección de la revista que pasa a tener un carácter más colegiado, composición vigente en la actualidad con algunos "pequeños" cambios por cooptación, verbigracia, la incorporación de Bernard Lepetit, penúltimo secretario de redacción, al colectivo de directores de Annales. En 1972 Jacques Le Goff es elegido presidente de la VIe Section de l'École Practique des Hautes Études, que se transforma tres años después, bajo su mandato, en la actual École des Hautes Études en Sciences Sociales.

El paso de la dirección personal de Braudel a una dirección colectiva conlleva un proceso de democratización que marca la maduración de la escuela y anuncia su irradiación posterior. Con el tiempo estas diferencias en la forma de entender la dirección de la corriente historiográfica, entre Braudel y sus sucesores, devienen, al incidir otros factores, en controversias historiográficas: historia económico-social versus historia de las mentalidades. Aunque hay enfoques que traspasan dichas diferencias temáticas y de método, por ejemplo, el concepto braudeliano de larga duración que impregna también la historia de las mentalidades, sobre todo al comienzo, y caracteriza por consiguiente tanto a los segundos como a los terceros Annales.

Paradójicamente, Fernand Braudel, aunque marginado de la dirección de la escuela, sigue siendo para muchos hasta su muerte en 1985, el historiador más importante de Annales22. Desde la Maison des Sciences de l'Homme, que dirige mientras vive, y con sus libros, continúa propagando la historia económico-social que había caracterizado a los segundos Annales. En 1977 y 1978 edita La Méditerranée. L'espace et l'histoire; entre 1977 y 1982, junto con Labrousse, los cuatro tomos de la Histoire économique et sociale de la France;  en 1979, los tres volúmenes de Civilisation matérielle, économie et capitalisme; en 1985, La dynamique du capitalisme... Paralelamente la renovada dirección de la revista y de la École des Hautes Études lanza un nuevo proyecto historiográfico cuyo mascarón de proa acabará siendo, después de algún tanteo, obviamente, la historia de las mentalidades.


En 1974 se publican los tres tomos de la obra Faire l'Histoire bajo los epígrafes: Nouveaux problèmes, Nouvelles approches, Nouveaux objets, siendo sin duda la propuesta de nuevos temas la parte de mayor impacto historiográfico, especialmente el artículo del co-director de la obra, Jacques Le Goff, Les mentalités: une histoire ambigüe, quien cuatro años después remarca el sentido permanentemente innovador de la escuela titulando significativamente una segunda publicación colectiva, capital para entender los terceros Annales: La nouvelle histoire; denominación que terminará por identificar en los años 80 a los terceros Annales23.

¿Qué novedad en líneas de investigación aportan los terceros Annales en estas publicaciones de 1974 y 1978? El desarrollo de una temática marginada en los años de Braudel, pero cuyos orígenes, según vimos, estaban en Bloch y Febvre. Basta leer Les rois thaumaturges de Marc Bloch (1924), una investigación de la creencia colectiva en el poder curativo de los monarcas, para darse cuenta de hasta que punto era algo distinto -e incluso anterior en el tiempo- a Les caractères originaux de l'histoire rurale française (1931). Bloch ha simultáneado más que Febvre la historia de las mentalidades y la historia económico-social, plasmándose la confluencia de ambos enfoques en La société féodale (1939-1940).

Bien, ¿qué relación puede existir entre el cambio de personas y de formas de dirigir la corriente historiográfica y los cambios en la orientación annaliste de la investigación? No es fácil la respuesta. En mi opinión, la democratización de la dirección de la revista, la progresión de la recién constituida École des Hautes Études y la expansión de la nueva historia en medios universitarios, medios de comunicación social e editoriales, hizo cada vez más permeable a Annales al entorno intelectual, social y mental. Aquí habría que recordar que la historia es hija de su tiempo, pero ¿qué tiempo es el que sigue al 68 francés?

                Después del 68 entramos en un período posestructuralista y posmarxista, debilitándose la creencia en que las contradicciones estructurales y económicas conducen a la superación del capitalismo. Un período pues de repliegue, y curiosamente en los períodos de repliegue, la intelectualidad ¿no realza a contracorriente lo que ya no se tiene?, esto es, un sujeto social antaño activo; en un sentido más general -y en contradicción con lo anterior pero animando también la vuelta del sujeto-, ¿no se refugia la gente en su propia individualidad al fracasar el proyecto colectivo de la revolución? La historia de las mentalidades responde, entre otras cosas, a una demanda social derivada de un repliegue de las ideas del 68 que va tomando forma lentamente, según avanza la década de los 70, y alcanza su clímax en los años 80.


                El retorno del sujeto, evidente hoy a principios de los 90  -no sólo en la historiografía, también en la historia inmediata como demuestran las revoluciones del Este europeo-, con sus dobles lecturas (individual y colectiva, mental y social, histórica y actual), tiene sus prolegómenos en Francia -el mundo intelectual francés siempre ha sido y es un barómetro excelente24- con una precoz y radical historia de las mentalidades que toma nota del agotamiento de las "modas" del 68. Se generaliza después en otros países, tomando pie en sus tradiciones historiográficas específicas y haciendo gala de una intención más integradora hacia la historia social, con el auge de la antropología histórica, la nueva historia cultural y la microhistoria,  manifestaciones en paralelo en distintos ambientes historiográficos de la emergencia de la subjetividad humana como tema de la investigación histórica. Y más recientemente, ¿qué viene a ser el retorno de la biografía, de la historia política y de la hhistoria narrativa, sino una reafirmación de una historia subjetiva esta vez desde posiciones de partida más tradicionales?


En los años 60, antes por tanto del Mayo francés y del giro crítico de los herederos de Braudel, dieron a la luz las aportaciones metodológicas y teóricas de Georges Duby, Robert Mandrou y Alphonse Dupront, sobre lo qué deberían ser la historia de las mentalidades, y asimismo valiosas investigaciones concretas de éstos y otros historiadores de la escuela. La Introduction à la France Moderne (1500-1640). Essai de Psychologie historique (1961) de Robert Madrou es un excelente paradigma de una historia de las mentalidades que no deja de ser historia social. Con gran habilidad estudia Mandrou, al mismo tiempo, la alimentación, la enfermedad, la fiesta y el juego; los sentidos, las emociones y los mundos imaginarios; los oficios, las clases y otras solidaridades sociales; las coyunturas económicas y mentales.... Y otro tanto habría que decir de La civilisation de l'Occident médiéval de Jacques Le Goff, libro publicado en 1965 (traducido al español en 1969), donde se sintetiza la evolución económica, política y mental de la Edad Media, o se analizan conjuntamente las innovaciones técnicas, la lucha de clases, el sentimiento de inseguridad o la mentalidad simbólica medievales. Estas dos obras maestras siguen el planteamiento de historia total inaugurado por Marc Bloch en La Société médiévale. Después del 68, conforme la historia de las mentalidades empieza a ocupar el centro del escenario historiográfico pierde poco a poco su ligazón con la historia social y económica: es el precio del éxito.


En el provocador artículo ya citado, Las mentalidades: una historia ambigua25, editado por Le Goff a los dos años de asumir la dirección de la École des Hautes Études, ¿se preconiza realmente esa separación de la historia de las mentalidades de la historia social y económica? Muy al contrario, en coherencia con su práctica historiográfica, advierte Le Goff que "sería craso error separarla de las estructuras y de la dinámica social"26, y dice también de la historia de las mentalidades que se quiere relanzar: "no tiene que ser ni el renacimiento de un espiritualismo superado ni el esfuerzo de supervivencia de un marxismo vulgar que buscaría en ella la definición barata de superestructuras nacidas mecánicamente de las infraestructuras socioeconómicas"27. La historia francesa de las mentalidades terminó cayendo, en efecto, en la trampa de obviar la temática social, pero sin llegar a ese determinismo idealista que muy justamente Le Goff condenaba con energía. Lo que pasó fue más bien que dejó de preocupar en términos generales la explicación de los hechos históricos; en los años 80 la historia de las mentalidades renunció en buena medida a la historia-problema al distanciarse de facto de la historia social. Por otro lado, ¿ha existido verdaderamente el tercer peligro mencionado por Le Goff?, a saber, una historia donde las mentalidades sean un reflejo condicionado del mundo material. La verdad es que una característica de todos los marxismos economicistas que en el mundo han sido es el desprecio olímpico del dominio de las mentalidades, del rol de lo subjetivo, como tema para la investigación. Los protagonistas de los intentos, en el pasado y en el presente, de hacer desde el marxismo una historia de las mentalidades, una historia desde el sujeto, han sido marxistas renovadores, según hemos visto ya. La historia de las mentalidades ha contribuido -y sigue contribuyendo- a la renovación de la historiografía marxista, favoreciendo la superación de una superespecialización en historia socio-económica (contra la cual Michel Vovelle, entre otros, se ha rebelado con pasión en su momento) y el encuentro con las realidades históricas hechas de hombres y mujeres de carne y hueso. Al menos en España, durante los años 70 y 80,  una de las manifestaciones más combativas del discurso historiográfico conservador, marxista y no marxista, ha sido precisamente la descalificación indiscriminada y apriorística de la historia francesa de las mentalidades. Las deficiencias teóricas y prácticas de una historia de las mentalidades que triunfa por lo visto de modo diferente a cómo pretendieron los cabezas de fila de los terceros Annales, ha legitimado resistencias y dudas, que al final tuvieron algo positivo: coadyuvar al replanteamiento presente de la historia de las mentalidades.

Le Goff acaba el artículo rompedor con un llamamiento profético, para bien y para mal: "Si se evita que sea un cajón de sastre, coartada de la pereza epistemológica, si se le dan sus utensilios y sus métodos, hoy tiene que desempeñar su papel de una historia distinta que, en su búsqueda de explicación, se aventura por el otro lado del espejo"28. Finalmente no se ha evitado el "cajón de sastre" y sólo a veces se ha buscado auxiliar desde la historia de las mentalidades para la explicación de hechos históricos concretos.


Un efecto positivo de la insistencia de Le Goff en la definición ambigua del concepto de mentalidad, con el justo objetivo de no cerrar puertas, es lograr que se reclame para la historia de las mentalidades prácticamente todo el campo de lo cultural, lo antropológico, lo psicológico. La definición vaga de la mentalidad como proposición teórica, obtiene un gran éxito a plazo corto y medio al hegemonizar la nueva historia lo que podemos llamar el mundo superestructural. La historia de las mentalidades inunda en Francia la historia de la literatura, del arte, de la religión, de las ideas..., y mantiene su vigencia en al menos una parte de la historia social. Ahora bien, la opción por una historia abierta de las mentalidades se transforma a largo plazo en un obstáculo: veinte años después del artículo de Le Goff tenemos que constatar cómo pese a sus advertencias el mascarón de proa de los terceros Annales llevó a la nave al nuevo continente pero desviándose manifiestamente de la trayectoria trazada. Ciertamente, a toro pasado es fácil hacer balance detectando insuficiencias y consecuencias imprevistas.  En suma, yo veo el problema desde dos puntos de vista complementarios: una definición imprecisa y desarticulada es algo malo porque supone una evidente debilidad teórica que conduce al "cajón de sastre", pero tiene de bueno que es una apuesta por un concepto abierto, imprescindible para la conquista de un continente tan ignoto como las mentalidades históricas, cuya delimitación y conocimiento más precisos requieren un gran número de monografías previas. Ejemplos contrarios los tenemos a montones: múltiples definiciones supertrabajadas y argumentadas teóricamente de un mismo tema que luchan entre sí, tropezando unas con otras, sin ser capaces de dar vida a una corriente tan prolija de investigaciones empíricas como en el caso que nos ocupa. La solución está naturalmente en el justo medio. 

La interdisciplinaridad que le es propia al historiador de las mentalidades le debaría llevar a aplicar el mismo criterio que cualquier otro historiador al definir un concepto o un tema que comparte con otra ciencia social; por ejemplo, el historiador económico cuando acude a la economía para definir el precio y el salario. En el caso de la historia de las mentalidades, habríamos de acudir a los psicólogos para definir conceptos relativos a lo mental. Siguiendo a la psicología podríamos ampliar todo lo que quisiéramos los cinco componentes más arriba considerados, y sus eventuales combinaciones, para disponer de elementos útiles (percepción, sentido, memoria, motivación, atención, actitud, voluntad, etc.) para la investigación histórica, sin más riesgo de pecar de imprecisos que cuando trabajamos desde la historia con una noción sacada de la geografía, la sociología, la economía o la política. La psique individual y colectiva, las estructuras o sistemas mentales, el mundo de lo mental en suma, está definido e investigado por la psicología de un modo monográfico, sobre todo a partir del cambio de paradigma de la psicología conductista a la psicología cognitiva en los años 70.


Cuando planteamos (enero de 1991) en el seminario parisino de Jacques Le Goff esta posibilidad de la colaboración con la psicología29, además de con la antropología (proceso de cooperación más avanzado y con una mayor tradición tanto entre los historiadores como entre los antropólogos), se dijo que historiadores y psicólogos no teníamos el mismo objeto, lo cual es una gran verdad si nos referimos a los psicólogos conductistas, orientados hacia la psicología experimental y la psicobiología, pero no lo es tanto (y tal vez nunca lo fue en el caso de la psicología social) si tomamos nota del antedicho cambio de paradigma. En los últimos diez o quince años, los psicólogos cognitivos han rehabilitado como temas de investigación todo lo referente a la mente humana. Sin duda ahora sería más viable aquello que propuso, y que no dió resultado en su momento, Alphonse Dupront a principios en 1961 en Annales (y el año anterior en el XI Congreso Internacional de Ciencias Históricas), esto es, "la constitución de una historia de la psicología colectiva, rigurosamente científica en la medida de sus posibilidades, y útil"30. La historia de los mentalidades de los años 90 deberá desarrollarse ante todo como una suerte de historia psicológica y social, si quiere delimitar su campo de actuación con pujantes disciplinas vecinas -antropología histórica y nueva historia cultural- y utilizar unas herramientas de trabajo mejor contrastadas.


En el libro colectivo publicado en 1978 por la escuela de Annales, La nouvelle histoire, Guy Bois31, preconiza en su aportación (Marxisme et histoire nouvelle32) cierto maridaje entre marxismo y Annales, que hoy -cuando todavía no ha terminado el siglo XX- algunos consideramos vigente y quizás más necesario que nunca, sobre todo para el marxismo: "Su confluencia todavía parcial, confusa y tumultuosa, será tal vez -asegura con entusiasmo Guy Bois- el gran acontecimiento historiográfico de este fin de siglo; y es ya un fenómeno fascinante..."33 En el reparto de papeles de Guy Bois corresponde al marxismo la teoría de la historia y a Annales la innovación metodológica, división del trabajo que da cuenta de una situación real a pesar de su parcialidad y rigidez34, derivada de una colaboración fructífera de tipo inclusivo, a lo largo de muchos años, entre ambos movimientos intelectuales. Lo más interesante de la historiografía marxista francesa ha contribuido pues con sus concepciones y sus investigaciones al desarrollo de la corriente historiográfica de Annales, de la cual han formado parte desde los primeros Annales, que a su vez les ha enseñado cómo hacer la historia de una manera más renovada, siendo la historia de las mentalidades el ejemplo más sobresaliente. Guy Bois titula, a finales de los 70, uno de los apartados del artículo que comentamos, a modo de profesión de fe: "Los historiadores marxistas no ignoran el papel de las mentalidades"35.

Ya en los años 80, y no solamente desde el marxismo, se empezó a criticar con fuerza el rumbo de los terceros Annales y el nuevo paradigma de la historia de las mentalidades, llegándose en algún caso hasta la descalificación global, es decir, obviando cualquier aspecto positivo. Impugnando correctamente que el crecimiento de la historia de las mentalidades se hiciese a expensas de la historia económico-social, pero sin asumir sus implicaciones innovadoras desde el punto de vista temático, metodológico, y si se quiere epistemológico.

Preconizamos una historia de las mentalidades que a la vez sea historia social -sin olvidar conflictos, revueltas y revoluciones como tantos otros-, y que no pierda el horizonte teórico y práctico de una historia total, recogiendo para ello las enseñanzas de la historia francesa de las mentalidades -y de la historia social y antropológica anglosajona- durante los primeros, los segundos y desde luego los terceros Annales. Estos últimos Annales, hicieron en los años 80, seguramente sin pretenderlo, de la historia de las mentalidades una disciplina autónoma, no en el sentido -porfío- de interpretar los hechos investigados desde una posición idealista, sino porque poco a poco se fue perfilando una historia de las mentalidades con temas, métodos y fuentes ajenos a la historia general de los hechos económicos, sociales y políticos.

Dicha "autonomización" tiene como todo su parte positiva, verbigracia, la utilización masiva por parte de los nuevos historiadores de las fuentes iconográficas y literarias, animando una nueva forma de hacer historia del arte y de la literatura, practicada por historiadores generales que iniciaron su andadura como historiadores sociales, y que rastrean la sociedad detrás de la cultura, la mentalidad detrás de la idea, la cultura popular detrás de la cultura de élite...


Es curioso pero cuando hablamos de interdisciplinaridad nos olvidamos con frecuencia de estas historias especializadas. La primera acción interdisciplinar a realizar es colaborar desde la historia a secas con la historia del derecho, del arte, de la literatura, antes incluso -mejor aún, al mismo tiempo- que con la antropología, la sociología, la psicología. Raramente ha sido así, con seguridad a causa de las diferencias de objeto -además de las sabidas murallas académicas y departamentales- en los tiempos en que la historia se dedicaba casi en exclusiva a indagar la política y la economía. Podemos y debemos subrayar en consecuencia la enorme contribución que hace la historia de las mentalidades promoviendo el intercambio científico entre historiadores generales e historiadores del arte, de la literatura, de la religión y del derecho. Todo ésto se infravalora cuando el prejuicio hacia la historia de las mentalidades sustituye al análisis concreto de sus resultados, aunque es posible que haya algo más: una arraigada tradición historiográfica que subvalora las fuentes artísticas y literarias frente a las fuentes de archivo, al no servir las primeras para obtener datos que hagan posible las prácticas históricas clásicas, sea historia narrativa, biográfica y política sea historia socioeconómica. Mucho me temo que, en este orden, la historia de las mentalidades haya heredado la connotación marginal que los historiadores tradicionales han atribuído a la cultura en todos sus aspectos, como se puede ver nítidamente en los manuales de historia al uso. Y en último término encontramos siempre la mentalidad del historiador corporativista, principal obstáculo para toda colaboración interdisciplinar, que negando consciente o inconscientemente valor científico, rigor, utilidad, a "otras" disciplinas o ciencias sociales que no sea la propia, es incapaz de valorar el interés de otros temas, otros fuentes, otros métodos y otros resultados para el área de conocimiento que cultiva. La imagen peyorativa del "otro" desconocido, sea arte y literatura sea antropología y psicología, ha sido hecha añicos por los historiadores de los terceros Annales, prosiguiendo y actualizando una labor comenzada por Bloch, Febvre y Braudel, generalizando consecuentemente a la superestructura de la sociedad la colaboración entre ciencias sociales que anteriormente se había dado, brillantemente, para investigar la infraestructura de la sociedad, entre la historia, la geografía y la economía.


Ahora bien, si sostenemos que los abandonos de la historia francesa de las mentalidades no nos impidan ver los avances, ¿quiere eso decir que debemos olvidarnos de ellos? En absoluto, pero debemos esforzanos por comprender. Tanto las reservas de los historiadores de la economía hacia la historia de las mentalidades, como las trabas en los terceros Annales más tardíos para hacer una historia verdaderamente social de las mentalidades, provienen en el fondo de un mismo problema: el cúmulo de dificultades para avanzar simultáneamente en dos direcciones formalmente tan alejadas entre sí como el estudio de la base material y de la infraestructura, y el estudio de la base mental y de la superestructura. El primer escollo a salvar es pues, con toda evidencia, dicha concepción bipartita (o tripartita: economía/sociedad, política/instituciones y cultura/mentalidades) que en efecto representa la realidad pero de una manera tan simple y mecánica que entorpece ver la íntima conexión entre lo objetivo y lo subjetivo en todos los niveles. Mientras no seamos capaces de pensar de modo más complejo sin renunciar al juego de las determinaciones, ¿para que está la crítica historiográfica sino para denunciar los movimientos pendulares de la base a la superestructura y de la superestructura a la base?

Los primeros en criticar, internamente, el nuevo rumbo de los terceros Annales fueron, lógicamente, Fernand Braudel y algunos de sus seguidores. Los claros indicios de la recuperación hoy en Francia de la historia económico-social, que estará incompleta sin la recuperación de Fernand Braudel y su obra, conducen a un reequilibrio, que resume la historia de la escuela de Annales, el cual de llevarse hasta el final dará visos de verosílitud a eso cuartos Annales en los años 90 habrán de renovar su apuesta por la historia global.

A las recomposiciones en curso de Annales y de la historiografía francesa, han cooperado se quiera o no las críticas exteriores. Ambas cosas, críticas y recomposiciones, son la expresión de que algo está cambiando entre los historiadores de Francia desde finales de los 80. Renunciamos por el momento a analizar en detalle la relación -indirecta pero indudable- de esos cambios historiográficos -que contextualizan el "tournant critique"- con los cambios políticos, sociales y mentales, que desde finales de los 80 preparan al parecer la derrota electoral del socialismo en Francia36, y más allá de Francia con las consecuencias previsibles de las revoluciones europeas de 1989-1991.


Desde comienzos de la pasada década convergen contra los terceros Annales críticas externas de origen contradictorio, de las cuales interesa comentar precisamente las dos más rotundas y mejor documentadas.

Coutau-Bégarie cuestiona en Le phénomène Nouvelle Histoire. Grandeur et décadence de l'École des Annales (editado en 1983 pero redactado en 1980) a la tercera generación annaliste desde posiciones explícitamente tradicionales, echando en 1989 las campanas al vuelo: "Las tesis renovadoras marcadas por el espíritu de Annales han devenido más raras. El gusto del público se dirige hacia los géneros tradicionales, historia de Francia y biografías, que son sorprendentemente rehabilitados"37. Cierta confusión entre el veredicto del público lector y el veredicto de la comunidad científica (más matizado y mucho menos favorable a los "retornos"), no resta veracidad al balance que hace el autor, llevando el agua para su molino, a finales de la década. Tenemos la prueba en la dedicación última de Braudel (Identité de la France, 1986), de Duby y Le Roy Ladurie (Histoire de France-Hachette, 1987), de Burguière y Revel (Histoire de la France-Le Seuil, 1990ss) o de Le Goff en trance terminal de una gran biografía del Saint Louis, rey de Francia.


De lo que no habla Coutau-Begarie38 es de la renovación que supone para dichos géneros tradicionales la parte mayor de dichas obras annalistes. Yo buscaría el sentido innovador o tradicional no tanto en los temas a estudio (acontecimiento, individuo, institución) o en la forma de exposición (narratividad) como en los enfoques metodológicos y teóricos aplicados, sin por ello echar en saco roto el efecto de los objetos y los medios sobre el contenido y los resultados de la investigación. La conferencia general que está previsto dicte Jacques Le Goff en el Congreso Internacional "La Historia a Debate" que estamos organizando en Santiago de Compostela para el mes de julio de 1993, Les retours entre le passé et l'avenir dans l'historiographie, habrá de clarificar la posición de estos últimos terceros Annales hacia el auge reciente de los géneros de una "historia historizante", contra la cual nació Annales como movimiento historiográfico. Un anticipo del sentido que para Le Goff tiene la recuperación para la nueva historia de los géneros tradicionales, y que habla además de la coherencia de los Annales 1969-1989, es su clarividente artículo proponiendo una nueva historia política que solo hoy, veinte años después, se puede decir que responde en rigor a la actualidad historiográfica39. En 1971, Le Goff sospechaba que su planteamiento no iba a tener mucho éxito, y se lamentaba de ello: "La verdad es que la nueva historia política que he tratado de esbozar sigue siendo un sueño antes que una realidad"40; y continúa por consiguiente la búsqueda de unas señas de identidad para los nuevos Annales.

Si en Mayo del 68 se decía "la imaginación al poder" y el poder político resultó inalcanzable para estudiantes, obreros e intelectuales, de qué extrañarnos si inmediatamente después Le Goff dice que es "un sueño" la nueva historia política que nos propone, centrada naturalmente en el estudio del poder y sus relaciones con lo social y lo simbólico. Tardarán años los intelectuales franceses en interesarse de nuevo (principios de los años 80) por la política y el poder, en cambio se mostraron más dispuestos a investigar L'imagination  y L'imaginaire (títulos de dos viejos libros, editados en 1936 y 1940, de Jean-Paul Sartre), cuestiones que el teórico del 68 Cornelius Castoriadis puso al día en L'institution imaginaire de la société (1974). Cuando Le Goff vuelve a la carga, en 1974, con su nueva propuesta de una historia de las mentalidades, el terreno estaba abonado. Pero sigamos con las críticas en los 80 de Coutau-Begarie y Dosse, ambos coinciden en acusar a la tercera generación de Annales de haber abandonado la historia política...


François Dosse desde unas posiciones en aquel momento cercanas al marxismo, cuestiona globalmente a los terceros Annales en L'histoire en miettes. Des Annales à la nouvelle histoire41. No voy a pararme demasiado en este polémico pero necesario libro, primero porque vosotros habéis tenido ya la oportunidad de enteraros no hace mucho de qué va por boca del propio Dosse, y segundo porque ya he desarrollado extensamente en otro lugar mi crítica a la crítica de Dosse42. Hay que separar el grano de la paja, las muchas verdades que escribe Dosse, y que son o deben ser asumidas, y una más que evidente infravaloración de los logros de los terceros Annales en beneficio de los primeros y aún de los segundos. Si bien en el caso de François Dosse, digamos en su favor que no vale sostener que menosprecie lo cultural en favor de lo económico-social: su última obra en dos volúmenes, Histoire du structuralisme (1991), todavía sin traducir al castellano, lo confirma indudablemente como un cualificado investigador de la historia intelectual de la Francia contemporánea, y sorprendentemente su visión de esta nueva historia intelectual es deudora....de los terceros Annales, de las investigaciones de Roger Chartier43 y de otras posiciones historiográficas próximas a la escuela que él crucifica como El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg, puesto de ejemplo de una "historia de las ideas en su contexto material, socio-cultural"44. Estas fallas y contradiciones en la argumentación son habituales45, revelan algo evidente en casi todas las polémicas: no todas las razones (ideológicas, personales; conscientes, inconscientes) de la estrategia crítica de cada uno (por favor, incluidme también a mí) salen a la luz.

La verdad es que este tipo de críticas frontales (Coutau-Begarie, Dosse) pertenecen al pasado, tanto en la forma como en la fondo, la decisión de la dirección de Annales de abrir un debate sobre la orientación de la escuela a finales de 1989 y el nuevo transfondo nacional e internacional, ideológico y mental, inducido sobre todo por los acontecimientos 1989-1991 en el Este europeo, varian netamente los datos del problema. Ahora estamos en mejores condiciones para valorar con más justicia y unanimidad la historia francesa de las mentalidades, empezando por su versión más marxista.


Los historiadores marxistas franceses han practicado, y como veremos siguen practicando, una rica historia de la subjetividad mental que integra dos líneas de investigación, la historia social y la historia de las mentalidades, y no me estoy refiriendo solamente a Michel Vovelle, por lo demás uno de los propagadores franceses de la historia de las mentalidades más conocido y mejor valorado, incluso por parte de Fontana, quien en su último libro tal vez haya iniciado ya su particular "tournant critique".

Hagamos pues un paréntesis para comentar que, siendo un acervo crítico a la vieja usanza de Annales y de la historia de las mentalidades, Josep Fontana saluda en La historia después del fin de la historia (1992), la seriedad y solidez de la investigación social de las mentalidades que practica Vovelle (valoración favorable que hace extensiva a otros como Aaron Gurevich y Roger Chartier), en un capítulo46 donde se matizan positivamente antiguas descalificaciones47 condicionadas por un legítimo temor a que la historia de las mentalidades abriese la puerta a derrotadas concepciones tradicionales (idealistas) de la historia que hoy en efecto retornan pero desde luego no de la mano de Annales. La experiencia ha demostrado que los peligros contra la historia como disciplina científica, y como vía para cuestionar el presente y pensar un futuro distinto, no vienen ni de la historia de las mentalidades ni de la nueva historia cultural ni de la antropología histórica ni de la microhistoria ni de la sociología histórica48, vienen de los vientos conservadores que soplan desde hace unos años en el mundo y que predican el fin de la historia como proyecto social y que demandan la vuelta a una historia trivial de batallas, reyes y grandes gestas, con harta frecuencia al servicio de una acientífica recreación nacionalista de la historia. Justamente contra el retorno de tan viejas concepciones de la historia, intenta Fontana dirigir la argumentación de su libro -empezando por el mismo título- con un éxito desigual. Por ejemplo, no vemos en qué puede ayudar a los historiadores de hoy tratar la interdisciplinaridad como un obstáculo temible -"cientifista"- para la continuidad y la rearme de la historia, cuando es todo lo contrario: aislada de las ciencias sociales la historia no podrá desarrollarse, es decir estar al día metodológica y teóricamente, como disciplina científica, ni aspirar a que sean tenidas en cuenta sus investigaciones y su contribución crítica a los problemas de hoy.


No negamos el peligro de la dilución de la historia en otras disciplinas más potentes, científica y socialmente, en un momento y/o un país dados, pero luchamos contra él en el campo de batalla de la colaboración interdisciplinar, no en el bunker de la defensa de una historia virginal, que conduce rápidamente a la esterilidad, la inutilidad y la extinción de nuestra disciplina. Por otro lado, ¿no tendría que ser la interdisciplinaridad mejor apreciada por todos los que apreciamos la metodología interdisciplinar innata en el pensamiento y el quehacer intelectual de Marx? El hecho de que existan historiadores marxistas, sociólogos marxistas, antropólogos marxistas, psicólogos marxistas, ¿no debería beneficiar la cooperación y la compresión mutua entre practicantes de diversas ciencias sociales que tienen una base teórica en común? En fin, cerremos aquí el paréntesis y volvamos al modelo francés de una potente historia social de las mentalidades influída por el marxismo.

La tradición francesa de la historia social de las mentalidades nace de la renovación de la historiografía de la Revolución de 1789, que se inicia con La gran peur de 1789 (1932; traducción española, 1986) de Georges Lefebvre, una de las obras fundadoras de los primeros Annales.  El Gran Pánico es el estudio de un miedo colectivo en el verano de 1789 que actúa como precipitante de la insurrección en el campo: enfoque perfecto como síntesis precoz y brillante de historia social y de historia de las mentalidades. Habría que mencionar a continuación investigaciones de Albert Soboul como Les sans-culottes parisiens de l'An II. Mouvement populaire et gouvernement révolutionnaire (1793-1794) (1964; traducción española, 1987), que en el primer capítulo analiza la "mentalidad y composición social" de los sans-culottes, hasta llegar a la gran síntesis de Michel Vovelle: Mentalité révolutionnaire. Société et mentalités sous la révolution française (1985; traducción española, 1990). 

La reciente renovación de la historia política en Francia a partir de la historia social y de la historia de las mentalidades está dando asimismo resultados a tener en muy cuenta para la historia de las mentalidades de los 90. Algunos ejemplos: Révolte et société, actas del IV Colloquio de Histoire au Present, publicadas en dos tomos en 1989; Mentalités et représentations politiques. Aspectes de la recherche (1989), libro fruto de la colaboración de historiadores, psicólogos, sociólogos, politicólogos y sindicalistas.


Conocidos historiadores franceses marxistas, para nada sospechosos de "hacer de las representaciones mentales el motor fundamental de la historia" están últimamente (las obras que vamos a citar están todavía inéditas) preocupados por introducir la mentalidad en la explicación de los fenómenos históricos, con lo que se demuestra otra vez la irreversibilidad de las conquistas de los terceros Annales y hasta que punto sería erróneo considerar agotada la veta de la historia de las mentalidades en la misma Francia. Me refiero al medievalista Alain Guerreau (que conoceréis por la traducción española -1984- de Le féodalisme, un horizon théorique, París, 1980) y al modernista Pierre Vilar. El primero tiene una gran obra de investigación sin publicar, sometida ya a varias revisiones, sobre las representaciones mentales en el feudalismo, cuya edición seguramente ayudaría a esa nueva historia de las mentalidades más vinculada a lo social y a la historia global que reinvidicamos muchos. Y otro tanto habría que decir de la esperada aportación de Pierre Vilar -según suele contar, su "último" e inacabado libro, por cuestiones de salud- para la Historia de Europa que dirige Jacques Le Goff, y en la que colabora también Josep Fontana, que se va a editar simúltaneamente en varios idiomas. Se trata de un análisis histórico de los nacionalismos en tres partes (según él mismo me explicó en una entrevista personal) una parte histórica, una parte sociológica y una parte psicológica. Esta pequeña historia global de los nacionalismos europeos pretende pues conjuntar varias vías para su explicación histórica. ¿Sabéis qué componente, de los cinco a los que me he referido al definir la mentalidad, subraya Pierre Vilar para explicar el nacionalismo como fenómeno mental? El inconsciente colectivo: los complejos nacionales de inferioridad y superioridad no conscientes. Si hay un componente de la mentalidad alejado de la base material de la sociedad, es ese descubrimiento paradigmático de Freud que es el inconsciente, que el marxista Pierre Vilar quiere aplicar a un sujeto colectivo, tomando por tanto audazmente postura en un asunto tan polémico como es la existencia o no de inconscientes colectivos. El freudmarxismo de Vilar entroca obviamente con una vieja tradición que tiene en Wilhelm Reich, de quien ya hemos hablado, su representante más cualificado.


Visto todo ésto me pregunto, exagerando el argumento, si no serán al final historiadores marxistas quienes van a hacer en Francia -y no digamos en otros países- la historia renovada e integrada de las mentalidades que exigen esos hipotéticos -y siempre deseables- cuartos Annales que reivindica Carlos Aguirre Rojas y de los cuales nos va a hablar ya Bernard Lepetit, para lo cual veré de acabar de una vez mi intervención...

Bien, puede que no se reconozca explícitamente pero las críticas, en la década de los 80, al rumbo de los terceros Annales, han tenido bastante que ver con el mentado editorial proponiendo un cambio de rumbo, conocido como el "tournant critique", publicado en noviembre-diciembre en el nº 6 de 1989 de la revista Annales. Pienso que abriendo así el debate, Annales ha hecho honor a su historia. Y no es nada fácil para una escuela historiográfica, instalada como escuela dominante, ponerse a sí misma en discusión, seguir con la renovación, prestar oídos a las críticas49. La historia enseña que las corrientes intelectuales una vez instaladas en el poder no hay quien las apee; no hay quien mantenga abierto el sistema conceptual que sirvió para tomar el poder. El caso en el que todos estamos pensado, el marxismo en el Este europeo -"marxismo catequístico", denuncia Fontana-, es paradigmático. Y el poder académico puede llegar a ser intelectualmente tan o más conservador y cerrado que el poder político si se ve amenazado por la crítica y la renovación, vostros lo sabéis, yo lo sé, ¿o no?


Es en consecuencia algo muy a celebrar, cualquiera que sea su conclusión, el debate abierto por la escuela50 de Annales, que está dando ya sus frutos. Annales vuelve a estar desde el punto de vista internacional, en el centro del escenario historiográfico, sobre todo en aquellos países que tienen pendiente alguna renovación historiográfica. Tal vez el mayor problema sigue estando, paradójicamente, en cómo plantear y relanzar la discusión en la propia École des Hautes Études y en general entre los historiadores franceses: los efectos del "tournant critique" se están sintiendo mucho menos dentro que fuera Francia. Me refiero en concreto a Rusia51, México (este coloquio mismo lo evidencia) y España52. 

Resumo y termino mi exposición. Cualesquiera que hayan sido los defectos de historia de las mentalidades que se ha hecho en los años 80 en Francia, su validez científica está garantizada por la profesionalidad de los historiadores de Annales. Ayer defendía aquí el criterio de que hay contribuciones al conocimiento histórico válidas -en un sentido particular que hay que determinar en cada caso- vengan de donde vengan; si ésto no fuese así, ¿existiría la historia como disciplina unificada, y no digamos como ciencia social? Incluso de aquellos temas e investigaciones de la historia de las mentalidades que menos eligiríamos los historiadores sociales como objeto de investigación, podemos obtener algo positivo. Me gusta poner de ejemplo la historia del beso, en apariencia un excelso paradigma de investigación inútil y anecdótica que sigue la moda juvenil. ¿Qué se puede aprender de la historia del beso?, ¿cuál sería su valor añadido al conocimiento histórico? No estoy pensando en áreas del conocimiento histórico como la literatura y el arte, donde al estar indagando obras de ficción se amplía enormemente el campo de trabajo, sino en una historia social o una historia político-institucional, que se sirviese por ejemplo de la antropología simbólica para investigar el beso como ritual de vasallaje; sin olvidar lo principal, lo que esa hipotética historia del beso puede proporcionar a la historia de la sexualidad.


En un libro reciente, de gran interés, entre otras cosas por el conocimiento que nos brinda de la historiografía marxista inglesa más reciente, el autor se suma a los que propugnan como vía de renovación de la historia social la conjunción interdisciplinar entre historia y sociología53, pero muestra las limitaciones de su opción renovadora cuando pone como ejemplo de moda intelectual que no habría que seguir...la historia del sexo54. Probablemente esta preferencia por el sexo para tomarse a broma los nuevos historiadores tiene una significación oculta, lo que sí es seguro es que refleja la ligereza -por supuesto, inconsciente- con que el historiador alude en ocasiones a objetos de investigación ajenos a su concretísima especialización pero de vital importacia para otros historiadores, para otras áreas de conocimiento o para otras ciencias sociales. ¿Cómo después de Freud un científico social puede ignorar el rol de la sexualidad en el comportamiento humano, o pasar por alto investigaciones y teorizacines concretas de la trascendencia de la Historia de la sexualidad de Michel Foucault? El que exista una horrenda historia de la sexualidad destinada a la vulgarización histórica, ¿nos obliga a descalificar también a Foucault y a una reciente y valiosa historiografía sobre la familia, el género, los modelos sociales y los comportamientos sexuales? Esperemos que el historiador futuro no eche por la borda, yo qué sé, las finanzas como tema de investigación de historia económica y social porque alguien haya escrito un exitoso libro sobre los banqueros y la jet-set; o la Cámara de los Lores del Reino Unido como tema de historia institucional porque alguien haya divulgado los secretos de alcoba de sus miembros. En todo caso, el historiador futuro, si es serio, ha de considerar la influencia de la vida privada, y de los códigos morales sobre el sexo, en la historia reciente de la clases dirigentes occidentales, particularmente en los países anglosajones.

Apliquemos el mismo critero a todas las líneas de investigación. Insistimos: no son tanto los objetos de la indagación los que condicionan la utilidad científica de un estudio, como el propio investigador con sus conocimientos, métodos aplicados y resultados obtenidos. Los temas de investigación no son ni de "izquierdas" ni de "derechas", el historiador sí, lo que pasa es que no siempre lo dice, tal vez porque pretende que su trabajo se juzgue por sí mismo y no por las ideas políticas del autor.

¿Qué futuro auguramos a la historia de las mentalidades? Decir de entrada que la situación varía según cada situación historiográfica nacional. Unos países han ido asimilado a su modo la historia francesa de las mentalidades (Italia, Estados Unidos, Inglaterra), entroncándola y criticándola en función de tradiciones intelectuales e historiográficas pre-existentes (marxismo gramsciano, historia cultural, antropología social), que han servido para el desarrollo de vías más o menos paralelas, y siempre enriquecedoras, para el estudio histórico-social de la subjetividad humana. En cambio, en otros países ha habido, por las razones que sean, un retraso evidente en la recepción de los terceros Annales, como resulta evidente en el caso de España55.

En cualquier caso, existe un denominador común tocante a la viabilidad y utilidad presente y futura de la historia de las mentalidades: la necesaria fusión con los viejos modos de hacer la historia coadyuvando a su renovación. Nos referimos en primer término a la historia social, asunto del que hemos hablado hoy largo y tendido, pero también a la historia política56, biográfica o narrativa. Disponemos de ejemplos de conjunción de la historia de las mentalidades con la historia narrativa, acontecimental y biográfica en dos obras de Georges Duby: Le dimanche de Bouvines- 27 juillet 1214, París, 1973 (traducción española, Madrid, 1988) y  Guillaume le Maréchal ou le meilleur chevalier du monde, París, 1984 (traducción española. Madrid, 1986).

La tendencia aconsejable de la historiografía hacia un referente global que permita superar la fragmentación actual de los objetos y de los métodos, podrá favorecer esta integración que estamos planteando de la historia de las mentalidades en la historia a secas. De forma que "perdiendo" su autonomía -que ya ha permitido su desarrollo como disciplina- la historia de las mentalidades contribuirá en mejores condiciones con sus conceptos y técnicas, preguntas y respuestas, descripciones y explicaciones, a renovar otros géneros historiográficos al tiempo que se renueva a sí misma.

                Se trata pues de re-visitar la historia, esta vez desde el sujeto, pero sin abandonar el punto de vista objetivo, lo cual nos lleva de nuevo a la historia total, piedra de toque sin lugar a dudas de toda renovación historiográfica en el umbral del nuevo milinio, tanto para unificar objetividad/subjetividad o distintos enfoques metodológicos y temáticos, como para intensificar la interdisciplinaridad de la historia con las restantes ciencias sociales y humanas o aprovechar al máximo las posibilidades investigadoras de la comparación y el cambio de escala (microhistoria/macrohistoria).


Se trata de enriquecer e incluso desmentir, según los casos, la determinación económica en última instancia estudiando la determinacion mental en primera instancia, punto de vista bastante inédito que, sobre todo en el tiempo corto de las coyunturas, explica muchas veces más los hechos que la causalidad material, cuya eficacia histórica por lo demás no tiene duda, sobre todo en los tiempos medios y largos de las estructuras. Estamos hablando, claro está, de la mentalidad como cooperante de la acción humana y como factor de cambio; la pertinencia de la mentalidad como factor de resistencia cultural corresponde más bien como sabemos a la larga duración.

En total, ¿cómo mélanger la historia subjetiva con la historia objetiva?, pues llevando a cabo una análisis concreto de la situación concreta (como dijo un famoso filósofo ruso de principios de siglo). El buen oficio del historiador es la regla principal si se quieren averiguar las interrelaciones que aseguran la investigación global de un hecho histórico. El conocimiento histórico acumulado, las grandes regularidades verificadas, la mejor historia teórica o metodología aplicada, no pueden sustituir el rol del historiador individual -o mejor aún, colectivo; la superespecialización actual compele a la coordinación y la síntesis- a la hora de calibrar la relación compleja entre mentalidad/política/sociedad/economía en la historia.

Nada más, muchas gracias por vuestra atención.

 



 * Transcripción, revisada y ampliada con inclusión de notas por el autor, de la conferencia pronunciada el 2 de octubre de 1992 en el Coloquio Internacional "Los Annales en perspectiva histórica", organizado por la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 1 Miembro hoy del comité de dirección de la revista Annales, y hasta hace muy poco su secretario de redacción.

 2 En 1975 se funda la École des Hautes Études en Sciences Sociales a partir de la VIe Section de l'École Pratique des Hautes Études.

 3 Tras las huellas del materialismo histórico, Madrid, 1986, págs. 30-33; véase también Carlos AGUIRRE ROJAS, "De Annales, marxismo y otras historias. Una perspectiva comparativa desde la larga duración", Secuencia, nº 19, México, ene.-abril 1991.

 4 Javier Gil Pujol ha estudiado este tema en Recepción de la escuela de Annales en la historia social anglosajona, Madrid, Fundación Juan March, 1983, págs. 26-32.

 5 En la traducción española, en 1981, de El queso y los gusanos es presentado Ginzburg por la editorial Muchnik como un joven investigador ligado "a las tendencias de la revista Annales y del seminario parisino de Le Goff".

 6 "La mentalidad: una historia ambigua", pág. 85 de la versión española.

 7 El queso y los gusanos. El cosmos, según un molinero del siglo XVI, Barcelona, 1982, págs. 25-26.

 8 Indagini su Piero. Il Battesimo, il ciclo di Arezzo, la Flagellazione di Urbino, 1981.

 9 En la última obra colectiva de los terceros Annales, dirigida por André Burguière, el Dictionnaire des Sciences Historiques, editado en 1986, no consta la voz "michohistoria.

 10 "La microhistoire. Une vue de l'extérieur", Problèmes et objets de la recherche en sciencies sociales, París, EHESS, 1988.

 11 La traducción española, publicada por la editorial Nerea en 1990, respeta el título original italiano.

 12 Los redactores del editorial sobre el "tournant critique" no lo sabían, pero nosotros ahora sí, el viraje intelectual que propugnan para Annales coincide con un viraje intelectual y político en el mundo de grandes proporciones, que a su vez condiciona le desenlace final del debate francés y nos obliga a todos a revisar y poner al día nuestras concepciones sea historiográficas, sea filosóficas, sea políticas.

 13 Un análisis de los viajes de estudio de los investigadores de la École des Hautes Études al extrajero y de la lista de los directeurs d'études associés de otros países invitados por aquélla, fundamentarían sin duda esta afirmación.

 14 París, 1985; Madrid, 1988.

 15 El fenómeno se volvió a repetir con la biografía del Conde Duque de Olivares de John Elliot.

 16 Que en nuestro caso se solapa con el renovado interés por el retorno de las viejas historias, véanse sino las nuevas biografías de Azaña y Lerroux publicadas en 1990 por Santos Julia y José Alvarez Junco, respectivamente (reseñadas por Manuel Tuñón de Lara y Demetrio Castro en Revista Contemporánea, Bilbao, nº 5, 1991).

 17 Historia y conciencia de clase, Barcelona, 1975, pág. 55.

 18 Tom BOTTOMORE, dir., Diccionario del pensamiento marxista, Madrid, 1984, p. 156.

 19 Vistos los componentes mentales y de psicología profunda que introduce Reich en el término "ideología" sería más riguroso sustituirlo por el concepto de mentalidad, mucho más amplio; Althusser comete el mismo error conceptual cuando escribe sobre los aparatos ideológicos del Estado; esta imprecisión clásica en el marxismo que tiene su origen en una tradición infravaloradora de los factores no ideológicos (racionales y conscientes) está tan arraigada que afecta incluso a aquellos marxistas críticos que amplían creadoramente su campo de interés a todo lo psicológico pero siguen utilizando definiciones restringidas como conciencia e ideología.

 20 Por ejemplo, Engels se quejaba, en 1894, del "desdén imperdonable que se advierte en la literatura [en Alemania] hacia la historia económica", Obras escogidas, II, Madrid, 1975, pág. 540.

 21 Los medios audiovisuales e informáticos de comunicación social han venido a reforzar a fines del siglo XX los mecanismos intelectuales basados en la cultura oral y las imágenes.

 22 El mismo Jacques Le Goff escribe, en 1971, lo siguiente de La Méditerranée et le monde méditerranéen à l'époque de Philippe II (1949) de Braudel: "es el libro más grande producido por la escuela de los Annales", Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona, 1985, pág. 147.

 23 François Dosse subtitula en 1987 un libro del que más adelante hablaremos, L'histoire en miettes, así: Des "Annales" à la "nouvelle histoire".

 24 Ver si no lo que decimos en la nota 12.

 25 Hacer la historia, volumen III, Barcelona, 1980, págs. 81-98.

 26 loc. cit., pág. 96.

 27 loc. cit., pág. 95.

 28 loc. cit., pág. 96.

 29 En función de la experiencia obtenida al elaborar nuestra tesis doctoral, Mentalidad y revuelta en la Galicia irmandiña: favorables y contrarios, Universidad de Santiago de Compostela, Tesis doctoral en microficha nº 46, 1989.

 30 Annales, nº 16, pág. 10.

 31 Quien entonces defendía una posición que bien podemos denominar marxiste-annaliste, cuyos representantes franceses más destacados eran y son, Pierre Vilar y Michel Vovelle, co-autores asimismo de dicha obra dirigida por Jacques Le Goff, Roger Chartier y Jacques Revel.

 32 Artículo que en el año 1988 fue de nuevo seleccionado por Le Goff para una reedición parcial de la obra en francés; ese mismo año el libro completo fue traducido al español, La nueva historia, Bilbao, Ediciones Mensajero, 1988.

 33 La nueva historia, pág. 432.

 34 Véanse si no las aportaciones de Bloch, Frebvre y Braudel a la concepción de la historia, y las enseñanzas del materialismo histórico y de los historiadores marxistas en el terreno de los problemas, los enfoques y los temas.

 35 loc. cit., pág. 446.

 36 Apuntar solamente un dato precedente aunque referente a otros países: durante los gobiernos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan en Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente, tuvo lugar por reacción en la historiografía, y en el mundo académico en general, una notoria recuperación de la incidencia del materialismo histórico, un giro a la "izquierda" en los valores que más influyen en la coyuntura intelectual.

 37 Prólogo a la segunda edición de Le phénomène Nouvelle Histoire, París, 1989, pág. VII.

 38 Ni tampoco François Dosse en sus últimos trabajos: "L'écoles historiques", L'histoire en France, París, 1990, págs. 22-28; "La historia contemporánea en Francia", Historia Contemporánea, nº 7, Bilbao, 1992, págs. 17-30.

 39 "Is Politics still the backbone of History?, Daedalus, verano de 1971, págs. 1-19; tradución francesa, "L'histoire politique est-elle toujours l'épine dorsale de l'histoire?", L'imaginaire médiéval, París, 1985; tradución española,"¿Es la política todavía el esqueleto de la historia?", Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona, 1985.

 40 Véase la pág. 177 de la versión española.

 41 París, 1987; publicado en español al año siguiente por Editicions Alfons el Magnànim, Valencia.

 42 "La Nouvelle Histoire y sus críticos", Manuscrits. Revista d'Història Moderna, Barcelona, nº 9, 1991.

 43 "La historia contemporánea en Francia", pág. 27.

 44 L'histoire en France, pág. 27.

 45 ¿No cae Josep Fontana cae en la misma contradicción cuando aplaude el materialismo cultural de E. P. Thompson y su renovador "interés por los mecanismos de formación de una conciencia colectiva", y envía al infierno -en bloque y sin pasar por el purgatorio- a la historia francesa de las mentalidades?, Historia. Análisis del pasado y proyecto social, Barcelona, 1982, págs. 243; Manuscrits, nº 2, 1985, págs. 32-36.

 46 loc. cit., págs. 101-112.

 47 Comparémoslo si no con la intervención de Fontana en la mesa redonda que organizó la revista Manuscrits en su segundo número, basada en una truculenta identificación de la historia francesa de las mentalidades no con Duby, Le Goff, Mandrou, Dupront, Agulhon o Vovelle (que considera marginal), sino con Philippe Ariès a quien ataca sobre todo por sus posiciones políticas y por no ser historiador de oficio: "home d'extrema dreta, historiador 'dominguero'..."; Manuscrits, nº 2, 1985, pág. 32.

 48 Las críticas destructivas confunden lamentablemente innovación con moda al juzgar estas subdisciplinas y desvalorizan lo primero en nombre de lo segundo, olvidando que también el marxismo fue una moda intelectual en los 60 y buena parte de los 70, y ello no impidió su impronta renovadora en las ciencias sociales.

 49 Y defenderse de ellas, puesto que como suele suceder las críticas son con frecuencia excesivas, a causa de los intereses en juego; concretamente, los historiadores de la escuela se han quejado, con toda la razón del mundo, que los hipercríticos no leen la revista desde hace varios años.

 50 El "tournant critique" si algo prueba es que la dirección de Annales, o un parte de la dirección de Annales, diga lo que diga, quiere continuar de algún modo funcionando como escuela de historiadores: democrática y abierta, sin jerarquías asfixiantes ni libros sagrados ni culto a la personalidad, proyectada internacionalmente e interconectada con otras corrientes historiográficas e intelectuales, pero escuela al fin y al cabo.

 51 Celebración en Moscú del Coloquio Internacional sobre Annales con motivo del 60 aniversario de la revista en 1989.

 52 La mesa redonda sobre el "tournant critique" de Annales es la más solicitada por los ponentes que van a participar en Santiago de Compostela en el Congreso Internacional "La Historia a Debate", para cuya organización contamos con la colaboración académica de la École des Hautes Études.

 53 Perspectiva que Fernand Braudel, entre otros, había ya planteado en "Histoire et sociologie" en 1955 (Historia y ciencias sociales, Madrid, 1980, págs. 107-129).

 54 Julián CASANOVA, La historia social y los historiadores, Barcelona, 1991, pág. 166; también Fontana para intentar ridiculizar el Montaillou, village occitan de Le Roy Ladurie escribe: "un libro picante y vacío, donde todo se reduce a sexo y religión...", Historia. Análisis del pasado y proyecto social, págs. 209-210.

 55 Hemos argumentado ya sobre ello en Carlos BARROS, "Historia de las mentalidades: posibilidades actuales", Problemas de la historia, hoy, Salamanca, III Jornadas de Estudios Históricos, 1991.

 56 "¿Es la política todavía el esqueleto de la historia?", Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, págs. 172, 176.